jueves, 25 de noviembre de 2010

Invitación al alba

                          a Ángel Campos Pámpano


Sobresalta tu ausencia.
A veces las palabras
rescatan la memoria,
señalan una búsqueda,
una tensión; descifran
la huella que nombraba
la nebulosa forma de la vida.
En mi espalda una herida
me ajena, tu carencia
que desvela la mía,
una espada que corta,
un sueño que golpea.
Lo que nadie esperaba
-la vida de otro modo-
fue un sereno adentrarte
donde el aire no habita.
Otra vez no te vayas
y envuélvete en la luz de nuestros días.
  
    
* (Hoy, 25 de noviembre, es el segundo aniversario del fallecimiento de  Ángel Campos. Este poema escrito en los primeros días de diciembre de aquel 2008 conjuraba ese impacto. Sigo pensando lo que hace un año dije en un blog amigo, Pura Tura: "La ausencia se resiste al olvido o la nada. Lo que fue adquiere esa clara entidad ajena a la erosión de la ignorancia." En este mismo blog, Miguel Ángel Lama tuvo a bien acogerme un escrito que ahora rescato. Otros muchos describieron en esos días desapacibles la destemplanza de su falta. Tuvimos la convicción de que supo hacer sencillo lo que apreciamos como grande. Y que era enorme lo que con él literaria y humanamente despedimos. Recuerdo la necrológica para Abc de Álvaro Valverde, o los poemas de Jorge Riechmann y de Basilio Sánchez recogidos en su blog. Fueron llegando luego otros, recopilados junto a semblanzas y análisis en algunas revistas y separatas de homenaje. Es verdad que su inesperada muerte no dejó a nadie que le trató (el poeta y traductor, el editor, el profesor, el amigo) indiferente. Hace dos días recibí un último e insospechado escalofrío. Pedí un favor a alguien que me había dejado aquí un comentario, Mamen Alegre, y en su contestación leo: "A Ángel Campos lo conocí en primera persona a través de las pruebas que necesitó en mi lugar de trabajo. Él murió antes de que yo lo leyera. Soy enfermera del servicio de Radiodiagnóstico del HIC de Badajoz." Me quedé sobrecogido y agradezco de corazón estas palabras de alguien capaz de estar ahí en ese momento decisivo con todo el tacto y elegancia que nos consuela al revivirlo.)
  

viernes, 19 de noviembre de 2010

La luz, la sombra

El dolor es la señal más decisiva de cada persona porque ahí donde cada uno no es, es el lugar donde más se realiza, lo que culminaría su luz, donde fluiría su existencia, y al no darse, la herida habla de la necesidad de entender esa carencia, de ser posible lo que aspiras.
 

viernes, 12 de noviembre de 2010

Dolor

Dolor,
luciérnaga apagada
que enraízas
más que la soledad
o lo que aterra,
por qué, si nunca cesas,
un helecho de paz
ni ya me otorgas;
tu boca sucia en mí,
losa tan ínfima.
  
   
* (En el momento en que escribí este poema me propuse explorar el territorio de la no realización y del sufrimiento tan constante en el paso de nuestra existencia. Hube de dejarlo pronto porque su escritura -para nada retórica- reavivaba en mí entonces unas raíces demasiado fuertes o heridas no resueltas. Acudí a la lectura del libro Dolor de Vladimir Holan, de quien había oído hablar fervorosamente en una lectura de su obra en Valladolid a su traductora Clara Janés. Sin el libro a mano, dejo una cita suya tal como la guardé y cuya sabiduría me ha acompañado cuando he tenido que atravesar periodos en los que presidía este estado: "El dolor (...) es siempre mayor que el hombre, y sin embargo tiene que caberle en el corazón." Son palabras que seguramente acompañarán a otros que quieran comprender la travesía de estos inevitables momentos.)
 

jueves, 4 de noviembre de 2010

Poética (de los días felices)

                          I
 
Ser
Silencio
Siempre

 
y un día
el ave se levanta de su centro.

 
                         II

 
Como un niño en su asombro

 
el mundo en la mirada

 
para tu sed que sacia,
sabiduría que siente.