martes, 14 de junio de 2011

El origen

Si quiero decir Dios
y recuerdo su nombre,
lo pronuncio mujer,
yo, hombre nacido de una madre,
varón que en la mujer
se reconoce,
hijo, amante, marido,
padre, hermano
de mujer, y confidente.
¡Cuánto respeto
por mi claro origen
hermoso y necesario,
indesmayable y tierno!
Y así el espacio, el orbe,
el mar, un nido,
una colina, el viento
es vientre que me recibe,
tierra y cosmos,
nutritiva región
de aliento y carne.
Dios quiso ser mujer
tan suave instante
que pensó al hombre
al admirar su génesis
y al ofrecerle intacto el universo.
  

2 comentarios:

Narci dijo...

Preciosos versos. Ojalá hubiera más hombres que pensasen igual, sin embargo, abundan los que se quedarían sólo con esta parte "Dios pensó al hombre y le ofreció intacto el universo, y con él a la mujer para que hiciese con todo ello su voluntad"

Besos

Carlos Medrano dijo...

Hoy mismo recordaba los poemas de mi amigo Antonio María Flórez donde él añoraba el Paraíso y tengo aún reciente su carta donde me menciona la experiencia brutal del viaje al mismo, con su riesgo y renuncia y colección de horrores no reparables. Es decir, Colombia. Y por qué no, la experiencia de cada uno, donde la aspiración a lo hermoso puede ser un catálogo -sumando el de todos-, de las vejaciones sucesivas del mundo, de las que prefiero no mencionar aquí sus nombres pero pienso en ellas, incluso en las que cobardemente no se miran, con esa desgracia de desconsideración y consentido olvido que acumulan.

Creo que la memoria celular de cada uno es depositaria de todas las heridas y errores que nos alejan de lo mejor de nosotros, pero a la vez dentro de ella también radica la esencia a salvo de lo mejor de nosotros y de la vida. El camino es el de persistir en escucharla hasta que aflore. Sin hacer nada más, sin mencionar siquiera lo contrario, ya lo digo, permitiendo que aflore nuestra esencia, la cualidad intacta que nos salva, hasta que nuestra voluntad se identifique del todo con lo que está en la base de nuestra sabiduría con la espontaneidad natural que no necesita de fingidos ni herméticos estudios. ¿Cuáles? ¿Y para qué han servido? Tan parciales como las ideologías y el ejercicio brutal de la política, es decir, del abuso que tú misma mencionas.