lunes, 27 de febrero de 2012

Preludio

Si ves mimosas,
se despide el invierno
con su belleza.
   
De los días helados
sólo el almendro
perdura blanco y rosa.
   
Y ante ti surca,
ligero en su bullicio,
el primer vuelo.
   
Deja que caiga
el aroma entrevisto
y su nostalgia.
   

domingo, 19 de febrero de 2012

Interiores

                         a Víctor Botas, in memoriam

Esa mano
del fondo de la noche.
Sensación de que estás.
Al fin y al cabo
convida tu memoria
a lo que tengo:
un poco de entusiasmo,
sólo eso.
También, algunas veces,
percibo que tú estás
y que esa mano
me cuida, me conoce, me comprende.
Termino de leer
y cierro un libro
que de pronto
-páginas como tardes-
me sucede.
  
  
* (Quien haya tratado desde antiguo a José Luis García Martín sabe que en su contacto epistolar siempre había un generoso envío de cuadernos, separatas y otras publicaciones suyas y de amigos. Supe de su revista Jugar con Fuego por las reseñas de Poesía Hispánica que solían incluir algunos versos de los números que citaba y el interés de esos fragmentos me hizo enviarle algún poema mío por si lo publicaba. A vuelta de correo recibí el tercer número de Jugar con Fuego y empecé a saber más de él y de esa revista donde comenzó el germen de su inquieta escritura, bajo un juego de nombres procedente de una incesante creación y lectura que así cobraban vida. Por García Martín -y alguna vez por el propio autor- me fueron llegando también los libros de Víctor Botas desde Las cosas que me acechan, a Prosopon o Historia Antigua. También otros, o el relato divertido, entrañable de cómo Víctor y su poesía llegaron por su mujer hasta García Martín contado por este último en una recreación con tanto humor como afecto, con la disputa -no sé si real o fingida- sobre la entidad verdadera o de mero heterónimo de Víctor Botas. Alguna anécdota que de él me compartieron sus amigos de tertulia, o las que de él mismo sabía, aún las recuerdo con el sabor penetrante de lo que aunque pase el tiempo no se olvida. Hoy mismo, al rastrearlo en Google, me ha ocurrido su última broma y el buscador me ha lanzado bajo su nombre la página de Victoria's Secret. No está mal, así ha sido. Tal vez para asociarlo en un poema. Algo especial debía tener ese aparente tono conversacional suyo para sabernos a categoría, además de contener toda su vocación clásica y lectora. Lo vi la última vez en julio del 91 en un viaje rápido a Asturias -como a García Martín-, y pocos años después me llegó la noticia de su fallecimiento. Escribo esto y revivo su falta. Este poema que rescato fue escrito en el 95 a partir de un borrador de un poema amoroso desechado del 87. Cuando lo pienso, me gusta la procedencia de este origen y collage para homenajear a un escritor que sentí, por su palabra, amigo, y que reconozco que me acompañó su lectura para que muchas tardes fueran más reales y cálidas por encima de ese momento donde al cerrarse el día todo queda un momento inexplicablemente más quieto.)
  

lunes, 13 de febrero de 2012

Artà, la nieve

Sobre la destrucción
la nieve
su mano blanca deja.

Vemos pureza
en donde el mar sostiene
el valor de una lágrima.

Si se disuelve,
entrega el agua
su memoria a la tierra.

En el frío que conduce
hacia sí
a la semilla.
 
 

* (Ayer nevó dos veces sobre Artà, a la mañana y a la noche. En ambos momentos salí a dar un paseo, más personal el último. Estas son notas recogidas en ese recorrido gracias a ese silencio y las impresiones de la naturaleza. Al levantarse el día las sierras de alrededor estaban blancas. Luis Arroyo me pidió que no abandonase el blog. Cualquier paseo permite unos apuntes, un borrador. Enseño estos. Tomo notas de lo que me alimenta y rodea. Pero el silencio no es vacío, también son los estados necesarios para poder decir algo sin la repetición del oficio.)
      

martes, 7 de febrero de 2012

Contraluz

                                                           a Álvaro Valverde


Cualquier lugar conduce al universo,
resuena en uno mismo, acerca lo minúsculo,
deja todo al alcance,
mas sólo la mirada consciente
o el amoroso tacto de alguien sobre el mundo
permite descubrirlo,
deja un rastro de signos
a otros seres que intenten la armonía de unos pasos.
El roble que plantamos,
el molino de agua,
la sábana tendida tras la lluvia,
entonces, son una identidad
en donde vernos,
o un pozo, o un secreto, o un desconsuelo,
o todo junto porque todo está pasando.
  
  
* (En septiembre de 2010, cuando inicié la aventura de este blog, leí en Las razones del aviador con evidente gusto tres poemas de Álvaro Valverde que me condujeron a escribir este Contraluz que es un diálogo con ellos, lo cual no deja de hacer la literatura muchas veces. Pese a mi satisfacción, el poema quedó a la espera de una ocasión propicia para publicarse. Tal vez esta. En tan corto espacio de tiempo -año y medio- de escritura continua, al volver a él sentí las diferencias de dicción y de ritmo con los poemas últimos. La resonancia del espacio cercano a Plasencia -donde viví y en las palabras de Álvaro- me procuró esta visión de lo sabido sin nostalgia, pues el destino y el tiempo en su deslizamiento y horizonte nos responden que ese pasado son puentes que no existen salvo en la voluntad de mencionarlos. Y sin embargo, ciertos.)