sábado, 21 de marzo de 2026

Fado del devenir

                                         lembrança de Ángel Campos Pámpano

Mecido por la luz de la memoria
reposo en el vergel de las palabras.

Regresan de la ausencia como eran
los gestos pensativos, la otra forma

sencilla, habitual y confiada
de respirar y contemplar las cosas.

El mar añora y late en la dehesa,
Monfragüe imita el resplandor de Sintra.

Me basta y acompaña una presencia
indefinible, corporal, segura.

Parece que tú estás y tu voz sigue.
Los días se suceden sin distancias.

El mundo se refugia en dos idiomas,
dos lenguas que en tu boca me pronuncian.

Amor es libertad, la primavera
presagia en nuestras manos su semilla.
 
 
Ángel Campos Pámpano leyendo en el Aula de poesía Enrique Díez-Canedo de Badajoz 
el 26 de mayo de 2005
 

viernes, 13 de marzo de 2026

De un poeta que un día durmió en un cuadro de Magritte

Una de las noticias cordialmente felices de estas semanas a caballo entre días de primavera anticipada y coletazos del invierno ha sido la aparición, coincidiendo con su cumpleaños, de la antología Para menos morir (2008-2021) del poeta cacereño Mario Lourtau en la muy apreciada colección de poesía de la Editora Regional de Extremadura. Por más que la poesía sea un género que goza de prestigio y numerosos cultivadores -quién no ha sentido la atracción de esbozar alguna tentativa en este género personal, posiblemente por la disposición del mismo hacia la interiorización y la belleza, tan necesariamente universales- la mayoría de quienes la escriben ya han advertido (y esa es una lección de humildad) que los libros de poesía suelen ser pocos meses después de su aparición, salvo para un círculo de lectores y amigos, un material poco importante y no visible, y unos años después casi inencontrable, sin que eso dependa de la importancia de la voz. Por eso, coincido con que casi cualquier buen autor es un cultivador casi secreto de un lenguaje a la búsqueda de algo con otra intensidad y perspectiva, y a la vez una isla de agradable descubrimiento para cualquier lector sea cual sea el momento que elegimos para leer o en el que la obra llega a nuestras manos. No hay lectura que no requiera esperar al momento de complicidad y finura en el que el libro más nos cale y lo disfrutemos -descifremos- en sus más sutiles resonancias. 

No es esto una reseña sino un impulso de manifestar un festejo en un alto de lectura de las primeras páginas de esta antología. Conocí la poesía de Mario Lourtau por unos pocos poemas sueltos que bastaron para sentirme a gusto en su decir y percibir algunas de las cualidades de la escritura de este autor. Su fluidez creativa y ritmo, su capacidad de imaginación y de recrear entornos acogedores vivos, la satisfacción ante una expresión capaz de generar en el lector lo mismo que dio origen a su momento de escritura en una comunicación de dimensión claramente humana. Quiero decir que esa sintonía y sensaciones estaban propiciadas por algo natural en ese tono y uso personal de la palabra poética.

Traté luego a Mario más a fondo a raíz de su colaboración en Recobrada memoria, el homenaje a Ángel Campos Pámpano que en 2022 coordiné. Por un error de interpretación, el dístico que solicité a cada uno de los colaboradores de aquel proyecto, Mario lo entendió como un díptico original, laborioso, de deslumbrante frescura y con la libertad imaginativa de lo espacial y distinto. En nuestro diálogo, me devolvió a cambio un buen puñado de dísticos. El que entre ambos elegimos tenía una de sus señas poéticas, una sutil emotividad unida a su manera de dibujar en unas coordenadas de lugar y tiempo un momento vivido y de este modo convertido en un espacio rescatado y lírico.

Siento por tanto la alegría de conocer de modo más extenso gracias a esta antología una manera de escribir en la que me siento reconfortado al percibir la espontánea naturalidad de los que atraviesan la vida revelando su relación con ella e impresiones sin disfraces ni engaños. Y con el brillo a veces de un toque inesperado. El decir de Mario Lourtau sabe hacer de lo que rescata un reflejo o relato en una recreación a salvo en la que predomina el deseo de “celebración de lo nombrado” por encima de cualquier “sombra del error” o el “vacío de días desapacibles”.

La antología -que abarca seis títulos publicados, y un anticipo de poemas inéditos- se abre desde el libro inicial y de naturaleza amorosa Donde gravita el hombre, título para mí capaz de englobar su poesía fechada hasta ahora y posiblemente la que sea escrita en un futuro. Los libros iniciales suelen ser vistos con el tiempo con una cierta condescendencia crítica por el propio creador. Pueden tener una impericia o ingenuidad de lo todavía primerizo. Pero en ocasiones, también está sin velos técnicos la potencialidad posterior o el tono reconocible de una voz ya presente. Desde estos poemas acertadamente rescatados, Lourtau ya nos deja muy claras desde el principio sus coordenadas preferentes: la memoria y la palabra, y una modalidad de expresión capaz de recoger de otro modo lo vivido a través de lo que llama “las sílabas del tiempo”, es decir, un mensaje o confidencia verdadera y a la altura humana de la sensibilidad del lector, como es la suya. La dignidad a la que él nombra. 

Uno agradece leer esta manera de expresar en palabras una confesionalidad abierta y compartida que recorre lo vulnerable de la vida con signos que van de la tristeza a la magia diaria, presente gracias a la manera de mirar y decir limpia de este autor y a su voluntad afirmativa de la existencia. A una pureza creativa. Este libro es un regalo que nos hace mejores hablándonos y haciéndonos reconocer una desnudez imperfecta y fugitiva que es común a todos, sin que esa realidad nos deje más expuestos, más bien nos resalta el sentirnos más semejantes entre todos. Poesía contra la destrucción y a favor de la felicidad perecedera. Donde cabe el hechizo de una asombrada mirada. Por eso la elección del título, Para menos morir, que es un verso poderoso y sencillo de otro gran poeta por muchos tan querido, Tomás Sánchez Santiago. Y a la vez una declaración de lo que alienta a esta escritura.

Para mejor morir (Poesía, 2008-2021), Mario Lourtau
Editora Regional de Extremadura
Mérida, febrero de 2026





martes, 10 de marzo de 2026

Trasluz celeste

                  a Gaspar Caballero Femenias

A ras del agua
el vuelo se refleja
y se desdobla.

Azul el lago
y azul el cielo y hasta
azul las alas.

Sólo el sosiego
traspasa y reconoce
la luz del día.

Así se eleva
en un color que es todos
la sed callada.

La transparencia
comienza con la altura
que nos impulsa.

Adquiere forma
de fuente que se escucha
afuera y dentro.

El aleteo
que emerge de la vida
va en nuestros ojos.

Presencia clara:
serena se desliza
sin fin la tarde.

En lo que fulge,
cruzan aves un aire
de lapislázuli.


* (Esta imagen tomada de una nueva 'perla' -La gran muntanya, de su cuaderno audiovisual El so del silenci de Gaspar Caballero Femenias- referida a una reflexión del maestro zen Taisen Deshimaru tuvo el suficiente impacto para impulsarme el inicio de un haiku, tras una larga temporada de haber abandonado su cultivo. Y un haiku enlazado tras otro me devuelve a la costumbre de habilitar de ese modo un espacio fractal de reflexión más amplio. 
Nada más espontáneo que ser y expresarnos desde nosotros mismos. Desatendí su cultivo bien por temer el riesgo de reiterar su escritura o influido por la opinión de algunos de nuestros relativos amigos sobre lo "improductivo" de dedicarse a esta modalidad "menor", como si para la alta reflexión pudieran desdeñarse las vocales.
La escritura del haiku parte de una atención a detalles de nuestra realidad natural más cercana. Y esa actitud de sorprendida vigilancia es un umbral creativo suficientemente valioso para el acecho del haiku como de otras muchas posibilidades de escritura que sustentan su profundidad sobre el certero cuidado de lo mínimo. Por lo tanto, la atención creativa del haiku es digna incluso por su riqueza puramente vital. Porque su génesis es una conexión interior con muchas sensaciones de la vida atendidas desde la captación meditativa de esta breve modalidad japonesa. Y su práctica es una apertura a la comunicación alentadora de la vida en su presencia y realidades inmediatas. Bienvenido sea el silencio para aprender a profundizar o saber retirarse, y bienvenida la creatividad adquirida al ritmo de las estaciones y de la coloración cíclica y variable de la naturaleza.)