sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo que no me darías

En ti vi.
Sin embargo
de nuevo
estaba sola.

Vislumbré
la derrota
para huir
de mí misma.

Mi carencia,
la sed;
un esplendor,
la nada.

Ya no soy.
Cuanto escribas
tendrá siempre
del aire
la belleza.


* (Supongo que el regalo más especial del narrador es llegar a sentir, al desvelársele sobre el papel, el interior de los personajes de su historia. Al revisar a mediados de septiembre una serie de poemas de los últimos años, al llegar a No lo leas ahora volvió a impactarme la figura e historia de la joven pintora y escultora Marga Gil Roësset, amiga de Juan Ramón y Zenobia. Guardaba una copia del poema con una serie de palabras marcadas en cursiva que leídas independientemente permitían otra voz más delgada en paralelo, por debajo. Al juntarlas, las dejo así -escribir es un juego- para honrar lo que todavía apela a la emoción y nos incita al entendimento y la escucha.)
  

sábado, 8 de octubre de 2016

Portal

El pozo que sosiega.
Tú estás: conocimiento,
y lo helado florece
olvido íntimo.


Fruto verde a la tarde.
Temor -gélida noche-
todavía a lo breve,
a lo impreciso.



* (Por invitación de Ángel Campos reuní para un número de La Centena una serie de poemas breves -y por tanto esenciales- de aquel momento, emparentados con el conocimiento del haiku aunque sin querer verme ceñido al escribirlos a su estricto canon métrico. En aquella edición en octava, tamaño también pequeño, las más de las veces los fui ordenando de dos en dos por página en un contraste o suma que quería potenciar la expresión de unos textos ya de por sí más dados al destello que a la pincelada de trazo ligero. No había mostrado en este blog ninguno todavía, más bien aquellos que, como expliqué, quedaron indebidamente fuera. Lo cual demuestra que este cuadernillo cualquier día podría ser ampliado y retomado, a pesar de los años transcurridos, con la intención de aquel espíritu; o al menos intentarlo.)
     

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Imagen

Rechazamos el límite
y de él viene la forma.
El mundo es un contorno
de belleza tangible,
un rumoroso impulso
o un ávido cobijo.
El entorno inmediato
es medida creciente
de todo lo alcanzable.
Cabe en él suficiente
remanso y su materia
aguarda ser espejo,
proyecto, o el espacio
donde cada elemento
nace también escrito.
Son un humilde alarde
los sucesos diarios.
Nada queda tan lejos.
Lo fugaz, lo concluso
son también el trazado
del relieve del mundo.
Con forma de nostalgia
perfilan nuestros ojos,
suavizan el deseo.
El sueño abre otras puertas
que preludian lo nuevo.
Bajo el sol lo radiante
dibuja los colores,
nos conduce a seguirlo.


* (Estaba en el blog de notas del penúltimo móvil, que le ha dado por resucitar. Suelo escribir bastantes poemas tecleando en ellos. Total, siempre llevamos estos teléfonos con nosotros, en un bolsillo. Un poema fechado, no concluido y con buen aspecto, entre otros apuntes sin interés. Por suerte, la lectura me llevó a retomarlo y esto es lo que he terminado de componer ayer mismo. Coincidiendo con esta favorable noticia de José Luis Bernal, que me ha alegrado y al que le brindo este poema para celebrarlo.)

jueves, 1 de septiembre de 2016

Frescor

Más allá de la espera
mi voluntad comienza.

Ninguna duda
de que es necesidad
captar la brisa.

Tan pocas cosas
nos van a conducir
en tardes claras.

Una llamada
-del interior o tuya-
dará a las horas

esa concavidad
donde la luz avanza.

Jardín para la boca que recuerda,
imagen del sentir que inicia.

La vocación de vida
otorga y nombra

tan ligera certeza,
fragilidad en suma.



* (Hoy 1 de septiembre el blog cumple años. En marzo por primera vez tuvo un parón de meses en los cuales no he mostrado poema alguno ni anterior ni reciente. Una pausa obligada. Del mismo modo que alegra que reaparezca la escritura y esta hable sin esperarlo como un reflejo fiel de lo vivido y desde la visión esencial que al cabo importa. Citémonos en adelante en el vaivén de lo imprevisto.)
  

jueves, 31 de marzo de 2016

Demora

A veces el decir cuesta o no importa.
Es el silencio la señal
de que es mejor la espera,
que la palabra ya brotará
de lo que ahora
aún se prepara
o es vagamente una canción indefinida.
Decir es la figura y certidumbre
que sólo expresará quien llegue a ella
y la conciba sin esfuerzo
como se llega a la intuición o se entra al sueño.
Callar por tanto es respetar
que se diluya cierta sima o frontera
de lo que queda atrás o más bien no inaugura,
que no conduce en este instante a nada
que sea verdad o tentativa 
diferente y nueva.
Más bien la ingravidez ha de quedar
en el sabor y la memoria.
La palabra no urge a que se diga
y como el agua fluye sola. Está ahí.
Sabe aguardar a quien un día
la toca y hace suya
y entonces siente esa realidad
que se desliza y nombra
con la facilidad de las horas templadas,
las mismas que estos días asoman
y pueblan de color trinos y brasas
las tardes que hacia abril se desperezan.
Callar también es dar
y es la nostalgia
de la conciencia que al mirar de sí se olvida. 



* (Más de un amigo de este blog me ha incitado a escribir, sin que ello yo lo sintiera como una urgencia o prioridad, ni tampoco, por ese aparente silencio, una pérdida. Cada cosa a su tiempo pues cada impulso encuentra su momento. No sé si este poema responde de algún modo a esa invitación, o si tampoco hace falta referirse y justificar ritmos, ocasiones y prioridades de la vida, ni previsibles ni seguras. Vivir es un azar y mucho mejor hacerlo libre. Lo volátil de todo encierra una lección lúdica. Mientras tanto, nos bastaría, en los momentos más duros, con que la ligereza se sostuviera más allá del deseo y la sonoridad de esta grata palabra.) 
  

martes, 9 de febrero de 2016

Confluencia

Al trasluz de una tarde luminosa
bajo un sol impecable
la flor rosada y blanca del almendro
mece sobre los surcos
el pulso del relieve que circunda:
roca, corteza, lagartija, grieta,
niña que corre o mujer que sueña
con una tarde al sol
que el pintor y ella misma
contemplan a distancia, sin tocarse, sin verse,
y a la vez les sucede
que los envuelve
un ave, una brisa y una fuente
junto a un monte, un camino y una choza.
Luego, la inmensidad del mar
y estas palabras
donde no importa que se ponga el día
si el fuego permanece.

  

* (Por más que el gusto de escribir no es fácil sin el ocio o la disposición propicia, hay borradores que se rebelan contra ese silencio. Tener la paciencia de guardarlos hasta el día en que perfilados cobran vida propia nos devuelve el aliento. La creatividad era eso: centramiento, pureza.) 
   
  

lunes, 18 de enero de 2016

Mientras llueve

                              Me basta así
                              Ángel González


El caso es aceptar
lo que somos, el límite,
el cielo abierto bajo el cual estamos,
el sol, las estaciones,
la propia imagen, lo perdido
que nunca va a pasar
y que es memoria
y fuerza.
La brisa suave,
el rostro inesperado,
la paz, el bienestar
también acuden.
Pero, de paso,
igual que cada día reconozco,
me despido
-pues todo fluye mientras lo cuidamos-
del ser que justifica aquí mis días
cuyo nombre de amor
se llama hijo, hija,
y aventa mi promesa
porque ante todo es libre y, sí, me asombra.
Pero no sólo.
Tú que me lees, y con quien hablo,
que a veces nos cruzamos,
eres parte también de mi lección
y referencia,
razón por la que el mundo no está solo
y su rumor es una lengua necesaria.
Así a veces
la contemplo y no estoy,
soy parte suya.
Cierra este libro, como yo mis ojos,
y ante tu ventanal sabré qué miras.