miércoles, 21 de septiembre de 2016

Imagen

Rechazamos el límite
y de él viene la forma.
El mundo es un contorno
de belleza tangible,
un rumoroso impulso
o un ávido cobijo.
El entorno inmediato
es medida creciente
de todo lo alcanzable.
Cabe en él suficiente
remanso y su materia
aguarda ser espejo,
proyecto, o el espacio
donde cada elemento
nace también escrito.
Son un humilde alarde
los sucesos diarios.
Nada queda tan lejos.
Lo fugaz, lo concluso
son también el trazado
del relieve del mundo.
Con forma de nostalgia
perfilan nuestros ojos,
suavizan el deseo.
El sueño abre otras puertas
que preludian lo nuevo.
Bajo el sol lo radiante
dibuja los colores,
nos conduce a seguirlo.


* (Estaba en el blog de notas del penúltimo móvil, que le ha dado por resucitar. Suelo escribir bastantes poemas tecleando en ellos. Total, siempre llevamos estos teléfonos con nosotros, en un bolsillo. Un poema fechado, no concluido y con buen aspecto, entre otros apuntes sin interés. Por suerte, la lectura me llevó a retomarlo y esto es lo que he terminado de componer ayer mismo. Coincidiendo con esta favorable noticia de José Luis Bernal, que me ha alegrado y al que le brindo este poema para celebrarlo.)

jueves, 1 de septiembre de 2016

Frescor

Más allá de la espera
mi voluntad comienza.

Ninguna duda
de que es necesidad
captar la brisa.

Tan pocas cosas
nos van a conducir
en tardes claras.

Una llamada
-del interior o tuya-
dará a las horas

esa concavidad
donde la luz avanza.

Jardín para la boca que recuerda,
imagen del sentir que inicia.

La vocación de vida
otorga y nombra

tan ligera certeza,
fragilidad en suma.



* (Hoy 1 de septiembre el blog cumple años. En marzo por primera vez tuvo un parón de meses en los cuales no he mostrado poema alguno ni anterior ni reciente. Una pausa obligada. Del mismo modo que alegra que reaparezca la escritura y esta hable sin esperarlo como un reflejo fiel de lo vivido y desde la visión esencial que al cabo importa. Citémonos en adelante en el vaivén de lo imprevisto.)
  

jueves, 31 de marzo de 2016

Demora

A veces el decir cuesta o no importa.
Es el silencio la señal
de que es mejor la espera,
que la palabra ya brotará
de lo que ahora
aún se prepara
o es vagamente una canción indefinida.
Decir es la figura y certidumbre
que sólo expresará quien llegue a ella
y la conciba sin esfuerzo
como se llega a la intuición o se entra al sueño.
Callar por tanto es respetar
que se diluya cierta sima o frontera
de lo que queda atrás o más bien no inaugura,
que no conduce en este instante a nada
que sea verdad o tentativa 
diferente y nueva.
Más bien la ingravidez ha de quedar
en el sabor y la memoria.
La palabra no urge a que se diga
y como el agua fluye sola. Está ahí.
Sabe aguardar a quien un día
la toca y hace suya
y entonces siente esa realidad
que se desliza y nombra
con la facilidad de las horas templadas,
las mismas que estos días asoman
y pueblan de color trinos y brasas
las tardes que hacia abril se desperezan.
Callar también es dar
y es la nostalgia
de la conciencia que al mirar de sí se olvida. 



* (Más de un amigo de este blog me ha incitado a escribir, sin que ello yo lo sintiera como una urgencia o prioridad, ni tampoco, por ese aparente silencio, una pérdida. Cada cosa a su tiempo pues cada impulso encuentra su momento. No sé si este poema responde de algún modo a esa invitación, o si tampoco hace falta referirse y justificar ritmos, ocasiones y prioridades de la vida, ni previsibles ni seguras. Vivir es un azar y mucho mejor hacerlo libre. Lo volátil de todo encierra una lección lúdica. Mientras tanto, nos bastaría, en los momentos más duros, con que la ligereza se sostuviera más allá del deseo y la sonoridad de esta grata palabra.) 
  

martes, 9 de febrero de 2016

De vuelta

Al trasluz de una tarde luminosa
bajo un sol impecable
la flor rosada y blanca del almendro
mece sobre los surcos
el pulso del relieve que circunda:
roca, corteza, lagartija, grieta,
niña que corre o mujer que sueña
con una tarde al sol
que el pintor y ella misma
contemplan a distancia, sin tocarse, sin verse,
y a la vez les sucede
que los envuelve
un ave, una brisa y una fuente
junto a un monte, un camino y una choza.
Luego, la inmensidad del mar
y estas palabras
donde no importa que se ponga el día
si el fuego permanece.

  

* (Por más que el gusto de escribir no es fácil sin el ocio o la disposición propicia, hay borradores que se rebelan contra ese silencio. Tener la paciencia de guardarlos hasta el día en que perfilados cobran vida propia nos devuelve el aliento. La creatividad era eso: centramiento, pureza.) 
   
  

lunes, 18 de enero de 2016

Mientras llueve

                              Me basta así
                              Ángel González


El caso es aceptar
lo que somos, el límite,
el cielo abierto bajo el cual estamos,
el sol, las estaciones,
la propia imagen, lo perdido
que nunca va a pasar
y que es memoria
y fuerza.
La brisa suave,
el rostro inesperado,
la paz, el bienestar
también acuden.
Pero, de paso,
igual que cada día reconozco,
me despido
-pues todo fluye mientras lo cuidamos-
del ser que justifica aquí mis días
cuyo nombre de amor
se llama hijo, hija,
y aventa mi promesa
porque ante todo es libre y, sí, me asombra.
Pero no sólo.
Tú que me lees, y con quien hablo,
que a veces nos cruzamos,
eres parte también de mi lección
y referencia,
razón por la que el mundo no está solo
y su rumor es una lengua necesaria.
Así a veces
la contemplo y no estoy,
soy parte suya.
Cierra este libro, como yo mis ojos,
y ante tu ventanal sabré qué miras.
   

viernes, 1 de enero de 2016

Minucia inagotable

Abres los ojos y la vida es bella
pues la muerte, seducida, se duerme.
Puede doler no haber llegado antes.
El tiempo pasa. No sentir es fracaso
cuando en cada color residen sensaciones.
Sabes del espejismo y del errar de los dioses.
Como también del ritmo y de la confianza.
Puedes alzar la imagen del recuento
y la veta que al buen tacto retiene.
El día nace
con su suerte de hallazgos y luces temporales.
Disuelves la demora. Cuidas la paz del sueño.
Mas la fuente que sacia
no siempre mana aunque el rumor se oye. 

lunes, 28 de diciembre de 2015

Palomas

Recorro de la piel la extensión de tu espalda,
una vasija que respira;
en mis yemas llega a crecer
el aleteo de la mañana,
y descubro en silencio
un lienzo en que zurea
el cristal indefenso
tumbado sobre el aura
que despide la boca.
Palpita somnolienta la armonía
de un cuerpo
en su aérea certeza
pulsada como un arpa
que disuelve en el aire
su silueta sonora,
el vuelo desprendido de una nota.

  
* (En la escritura, hay poemas que dirigimos más y otros que más bien nos visitan y en ese caso intentamos que salgan fielmente, si acaso con más tacto. Nacen de una mínima resonancia exterior, de una señal captada tras la que estaban, pero ante ellos ponemos la escucha de un silencio mayor, para que nada se pierda, interviniendo apenas, salvo en el cuidado artesanal para que este hilo se logre. Al final, su mensaje es del todo nuestro y lleva el sello de nuestra sensibilidad o ideales. Esto, en su factura final es algo inadvertido, pero son textos que, desde un lugar interior, al poeta le dicen algo, le recuerdan. Así han surgido los dos que he compartido este mes de diciembre. Valga este destello de belleza para despedir y agradecer este largo y difícil año, con todos los mejores deseos, intactos, hacia adelante.)