miércoles, 17 de enero de 2018

Retrato de interior

                                           Aire por aire

Es el lienzo.
Incide en él la luz
atravesando
el vibrar en lo bello.
Del miedo, su temblor;
del trasluz, lo irisado.
De cerca,
en el aliento,
la certeza del aire,
el balbuceo.
El velo libre, el vuelo
reposado
del centro del jardín
en el regazo.
La huella de la tarde.
El trazo del pintor
mientras concibe
la mano como un fruto en el espejo,
el rapto de unos ojos singulares
antes de que los cubra
de golpe la penumbra
y salvarlos del tiempo.
Estás ahí y aquí. Por eso hablamos.
La tarde hacia el verano
suave corre. Te envuelve
en su rumor y la conoces.


* (Reordenando y revisando las notas que se acumulan en mi móvil, donde no pocas veces escribo, apareció este texto no fechado de 2017, posiblemente anterior al verano, y que me sorprendió por su factura, a falta de unos fáciles retoques. Con el asombro de lo por completo olvidado, pues ni de su escritura ni de las circunstancias que lo motivaron conservo algún recuerdo ni lo recobro tras leerlo. Por tanto, otro poema más de los escritos el año pasado, un año para nada desdeñable sin haberlo esperado. El poema, cuando aparece, y más si se consigue, es el mayor regalo de la escritura. Qué importa, entre poema y poema, el tiempo de silencio que transcurra. El silencio es siempre noble. El logro del poema ha de serlo.)
  

lunes, 1 de enero de 2018

Resurgir

Pureza del reposo,
el alma anhela irse.

Al descender el sueño,
ahonda a su regazo.

Batalla de la fiebre,
trinchera de la carne,

el cuerpo abierto duele.
Quisieras aliviarlo.

La luz del día tiembla
ante el claror del aire.

Deseas, como un pájaro,
sentir el tacto leve.

El mínimo momento
del brinco hacia las nubes.

El sol cruza dorando
las semillas que duermen.

Su llama se recoge
en el cuenco del iris.

Renacer es el signo
de morir a diario.

Incluso tras la niebla,
el mar, sin verse, late.

Una mano en su forma
temporal me contiene.

Escribe cada noche
el comienzo de un nombre.
   

martes, 26 de diciembre de 2017

Fidelidad

¡Qué ha quedado del aire!
La memoria de voces,
la tarde sin un átomo al caerse,
el frío que se agita en los cristales,
un rincón resistente
de una vieja costumbre
cuyas brasas persisten.
Si repaso los nombres,
continúan conmigo
sus gestos y sus luces.
Ahora acuden
con otra piel más sabia
cuando cuidan el mundo.
¿Son manos ya mayores?
Yo también. 
Como el tacto de un padre 
o la corteza de un bosque.
Sólo quien se ha ido antes
nos devuelve su rostro
desde el álbum de fotos
donde el tiempo era amplio
y el juego entonces libre.
Voy a dormir. Silencio
en la alcoba y el pulso.
Hay señales que a oscuras me conocen
cuando giro en la noche
el cuerpo que se entrega
en el pozo del sueño.
Mi corazón no pesa,
podrá irse,
pero se siente, sin decirlo,
atento al cuidadoso
desvelo, con vosotros,
de salvar lo indefenso 
y el origen.
   

domingo, 17 de diciembre de 2017

Cementerio en el aire

                                             a Luis Arroyo Masa

Al pie de la muralla,
al final de la cuesta
empinada y granítica,
como a vista de halcón
que abarca una llanura inagotable,
se ha elegido el descanso
para quienes moraron
las elevadas calles de Montánchez.
Así que, bajo tierra,
es el aire colgado de un balcón sostenido
la materia en que yace
el pulso de la gente de este pueblo.
Deja que un día la nieve
reúna por la noche, en una sola imagen
caída de las nubes
como cal a estas rocas y paredes,
el alma sucesiva de quienes habitaron
y que rodea esta cumbre,
para que en ella haya,
junto a las piedras milenarias
que señalan la llegada a este enclave,
razón para el perdón a tanta guerra,
sentido al abandono y al olvido,
reposo a aquellas horas de labranza
que aún reflejan los olivos, el musgo,
la vid y los helechos,
clemencia a la fatiga de guardar estos lares.
El sonido del agua cuando llueve en las sendas,
el rezo de la tarde cayendo en los fogones,
el canto de los niños persiguiendo a unos pájaros,
la voz de las mujeres en torno a las labores
familiares, el vaho de las bestias,
la lentitud del bosque donde oír y perderse...
Miro el blancor que cubre estas casas que ascienden
hasta el pie del castillo y su fiel camposanto,
cuya verja conduce a otras calles inmóviles
con otra resistencia:
¿hay belleza en lo inerte frente al cielo cambiante?,
¿hay otra realidad o una clave profunda
más allá de la muerte?, dime por qué volver
adonde, a pesar de que hay flores,
estas están cortadas sobre vasos exánimes.
Es tan cuidado el sitio que sólo el viento daña
las aristas y el liquen de las cruces.
Nada me da la mano, 
más bien, me confirma su tránsito,
su relevo o derrota.
Y el respeto a mis pasos.
¿Cómo daros diálogo, fidelidad, aliento?
Apenas que retorno de los muros que honran
este recodo venerado,
su advertencia de tiempo limitado e injusto,
todo lo que cayó me devuelve a un vacío
que prefiero que llenen otras voces.
Donde suenen las fuentes,
mejor sentir el ruido y el relieve despierto
del día inesperado.
¿Quién viene a recoger de las higueras
como siempre se hizo?
Lo que nace en la tierra celebra su belleza.
Alcanzo con la mano su frutal certidumbre
con la emoción de verla y seguir siendo.














lunes, 11 de diciembre de 2017

Bajo la oscuridad. Cortometraje

Hay relaciones amorosas que tienen la condición y tacto de una conversación cinematográfica, con el reflejo y sonido de un real escenario recreado en palabras. Y puesto que así suceden, y descubren esa latitud escondida y paralela de lo que no se daba, no sería posible entender ya ninguna otra historia sin esa proyección de los sentidos en cuya memoria sonora, y necesaria nostalgia, consiste su refugio y territorio, cierto, voraz y desvelado, y donde, sin miedo a lo que dure, todo pasa.

martes, 5 de diciembre de 2017

Trece lunas

I. Contradanza

Busca seguridad el frío.
Bajo él todo transcurre
hacia ninguna parte.
El vértigo es ajeno a las alondras.
El alma es manantial
o es insurgente.
¿Puedes parar el sol con un latido?
¿Puedes cerrar la noche sin herirte?


II. Cigarras

"Siempre he huido de los hombres que me han tratado bien. Al final me he quedado con los que en un momento dado te hacen daño y has de salir corriendo".

Soy del planeta Ausencia.
Todavía el reflejo 
de la luna en el agua
no mueve ni una onda:
ni hacia mí ni a la calma
extensa de esta noche desvelada y concreta.


III. Tres axiomas

Contémplate en lo amado que se aleja.
Su aroma llora una patria distinta.

***

Un día de doce horas.
Para que no descienda el sueño ni la noche.

***

La mañana descalza
no entiende tus preguntas:
nace limpia.


*(Recientemente aparecido en el número cero de la colección de publicaciones ensambladas La vida desatenta, de la caja revista Bajo Presión, Jaén, 2017.)


martes, 7 de noviembre de 2017

Sin olvido ni ausencia

A veces, la presencia del amigo que falta es tan grande que parece advertirnos de que algo no presente, mas con la misma fuerza, quisiera ser pese a no darse ya entre él y nosotros la cercanía de antes; y entonces sucede como un golpe: una conversación, un gesto, un impulso tan real en su ausencia que podría repetirse; y, sobre todo, el apoyo de querer estar cerca asistiendo sin pausa para hacer que logremos lo arriesgado o difícil que nunca abandonamos. Es su modo de rozarnos sin cuerpo y estar de nuevo en tierra. No se han ido, ni está roto lo que nunca en el fondo se separa porque nunca fue otro. Es su emoción lo que hay en los ojos: la calle abierta, el cielo que se mueve, el blanco y sus reflejos oscilantes que dan su luz al día. Nada duele. Accedes hasta ellos: a su vivir distinto. ¿Quién sabe si es posible ser igual de este lado? Lo concibes.
  
  
*(Días antes del uno de noviembre, paseando, anoté esta reflexión y vivencia que ahora saco desde el recuerdo frecuente y afectivo. Digamos que soy parte del sentir aprendido al lado de ellos. Me refiero a algunos nombres queridos de esta página: Juan Manuel Rozas, Ángel Campos Pámpano, Santiago Castelo... ¿Geografía extremeña? No sólo, pero no somos tanto de otro sitio. Lo que nos une a los lugares, sobre todo al de aquellas coordenadas en especial entrañables, y más allá del territorio y relieve de su espacio, suelen ser las personas con quienes convivimos y nos recuerdan. Mientras vivan o sigan ahí está el puente y es posible el retorno que a cada vuelta nos cobija. Pero cuando no están, solemos recordarlos junto al hueco y hoguera de los días que se acortan, como ahora. Vivir es compartir y una experiencia de diálogo. A distancia, no pocas veces se está cerca. Cualquier lugar también nos lleva a cualquier sitio y es parte de nosotros. Hay señales de que todo nos roza y espera en su momento. Podemos escucharlas. Mientras tengan sentido, nos conforman.)