domingo, 25 de julio de 2021

Hoces

Talan un bosque.
La semilla que planto
es como un pájaro.

En sus raíces
ya no sé lo que muere
ni lo que late.

Grúas y cemento
tapian el cielo abierto,
ciegan la tierra.

Su intensa fronda
ni siquiera este verso
me la devuelve.
  
 
* (Cerca de casa tenía la zona verde más importante -y casi única- de Artá. Un pueblo rodeado de un parque natural protegido no es que necesite de parques y jardines interiores, pero estos nunca están excluidos del sentido humano de un lugar habitado. Era un extenso terreno de esos patios de algunas casas señoriales capaces de ocupar la extensión de una manzana, cuidadosamente plantado de numerosos, altos y escogidos árboles, más algún solar continuo donde habían crecido pinos y acebuches junto a cipreses, mandarinos y zarzas, que constituían un regalo para los ojos desde la calle y una isla para los pájaros anidados en él y que oía cantar durante el día, e incluso algunas noches. Deshabitado el lugar hace muchos años, es comprensible que las propiedades se vendan y pasen a urbanizarse de otro modo y a ser pieza rentable destinadas al alcance de ciertos compradores de sobrada solvencia y residencia ocasional. Pero estos elementos urbanos que sobrevivían como huertos, grata vegetación silvestre o ciertas casas ajardinadas o de un estilo hoy no repetible, y que eran un patrimonio de la belleza de nuestros pueblos, al desaparecer se llevan una parte del encanto tradicional de estos lugares a cambio de una arquitectura utilitaria y clónica que hoy no diferencia ningún sitio. Ver cortar ciertos árboles de altura y grosor considerable y contemplar el suelo despojado y abierto, o el desconcierto de las aves al buscar su refugio por la tarde me supuso una inevitable tristeza ante lo que era un impagable regalo de la naturaleza destruido para siempre. Frente a la inevitable insensibilidad del progreso, me repito que humano viene de humus, aunque se olvide.
   

viernes, 9 de julio de 2021

Velo


                                 Leyendo a Matsuo Basho

Buscas un templo
y la hierba mojada
lo es al pisarla.

Tu pie descalzo
en medio de sus hojas
también es templo.

Nada separa
a tu piel y a la tierra
cuando se encuentran.

Mientras caminas
sucede la conciencia
de cada brizna.

 

sábado, 1 de mayo de 2021

Como el que cuida un ramo

                                 Prou sé que he de dir-vos adéu
                                                         (Marià Manent)
 
Bien sé que un día he de deciros adiós,
serenas sensaciones de estos días templados.
Pero vibraré en todo lo que sois y seremos
tal como os conocí, otra vez nuevamente,
arroyo, valle, bosque y cielo,
y también tú, perfil y voz cambiada con el tiempo
y, sin embargo, testigo firme y limpio 
a quien sólo ya con mirar siento y dialogo.
Un leve paso
en el que no me sentiré lejano ni impedido de veros,
sin ausencia de luz que afile los contornos
por los que obtuve y sorprendí los confines del mundo,
lenguaje para siempre de un pulso conmovido,
nacido tan adentro, sin división ni peso,
en la raíz del sentido que sostiene en lo íntimo
esa continuidad innumerable
que va de cada signo a su elemento
y halla en el universo un recorrido.
Será como la flor abierta del crepúsculo
en la mano dormida aún yacente
que sostuvo
memoria y travesía, tez y aliento,
y ocupa el corazón saciado a veces.
Porque un día veré nevar,
rodar el aire en el calor del verano,
abrirse la estación del deshielo y el canto,
crujir el largo adagio de las hojas
y nada oscilará que sienta lejos,
más bien mi corazón marchito y puro,
vencejos, aliagas, briznas, ojos,
querrá seguir desnudo al lado de vosotros,
por puro renacer, por estremecimiento.
  

* (La lectura conduce numerosas veces a la propia escritura. Basta la resonancia de un párrafo sin dudarlo certero para abrir en nosotros ese cauce por el que toma cuerpo una reflexión o un poema inesperado. Alguna vez puede ser que de un modo nebuloso ya estuviera latente pero al primero que se le revela es al autor mismo, que ha sabido escucharlo y ha empleado luego, con paciencia y oído, el tiempo necesario en afinar y acercarse a su sentido y su música. Pues la verdadera escritura es un acto de respeto y no un juego. Hay una confluencia entre la confianza que Marià Manent muestra en la vida, como en este poema que volví a leer de este modo, y la manera de concebirla y creer, que me llega de ella al contemplar y hacer mía su naturaleza.)  
   


jueves, 15 de abril de 2021

Expolio

Sólo la soledad y la luz son verdad y consuelan. Por eso espera la llegada del día quien únicamente no traiciona y responde sin fingir ni esquivez a lo que ha rozado al vivir, o como carga o entrega recibe y siente encima: nuestro cuerpo, que es parte de la tierra, cuya naturaleza al crecer nos hablaría con el lenguaje y sentido que hace tanto nos obligaron a olvidar. La soberbia hizo el resto. Así y todo, con sobria solidez nos aguarda a la muerte. Y entonces, el cuerpo que nos sobra y sin cubrir ya molesta, normalmente, con temblor y sosiego, en su oquedad sabe acoger y vela. Aunque en no pocas ocasiones, al cubrirnos, si por azar o extravío fuera tan sólo humana, avergonzada olvidaría. Pues el error también encierra una lección en el ocultamiento y reposo con el que la tiniebla se torne claridad. Porque el alma, depositada sin forma por la respiración en la saliva, hubo un día que al hombre le sobraba en la boca, y escupió de sí mismo antes de andar.
  

sábado, 10 de abril de 2021

Litoral

Sin más trofeos que la luz
la habitación respira con la música
de una canción por clara compañía.
Y el blanco día tiembla en lo que vuela
y en la ventana el aire sabe al mar
que hasta tu casa da por voluntad de serlo
y estar de ti más cerca.
Sientes al respirar salitre y olas.
La voz de lo que en tierra brota
crece con fuerza y suavidad
-corteza, surco templado y blando 
similar a ladera, raíz, pistilo y pluma-
con la hondura cercana a lo que brilla.
No preguntas por nada. De sobra te rodea
lo que llega hasta ti y a descubrir te invita
el bienestar de cada cosa, esté escondida o no,
y al recibirlo tome forma
de ensenada o de cumbre.
Como si el tacto fuera un abierto oleaje,
un limpio sucederse al comienzo de todo,
ajeno a declinar, más bien remanso,
material sueño, asombro y recorrido, 
aliento necesario ante un rostro tan nuevo
como el mundo en los ojos que valen su reflejo,
y los ojos del mundo
-pues nos miran los árboles y en esa luz crecemos-
protegen nuestro paso inclinado a su hallazgo.
 



domingo, 21 de marzo de 2021

Lentitud

¡Qué daga extraña
divisar tan al fondo
irse la tarde!

Deja en los ojos
un licor la tristeza
lejano y amplio.

Sin sol parece
bajo el cielo cubierto
la luz ausencia.

La lluvia empapa
el mar que no se mueve
ni toca el aire.


* (Así estaban los cielos el pasado viernes camino de Santanyí, a la altura de S'Horta, donde Paco de Lucía adquirió una casa de campo para vivir retiradamente. Qué pena no haber podido parar el coche para acompañar este texto con la imagen de la densidad de las nubes, la inmovilidad profunda de la tarde y, al lado, el reposo del mar, todo marcado por una espesa luz azul intensa, anterior a la lluvia y el viento que llegó más tarde.)
 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Cadozo

                             a Álvaro Valverde

En el estanque
encontró su reflejo 
el propio Basho.

Agua que corre:
los días y las noches
son como peces.

El cielo cabe
en el orbe imprevisto
de una burbuja.

Dentro del agua
el rumor y el silencio
de lo visible.


* (Pese a que me había propuesto no volver a escribir poemas en haikus enlazados después de culminar el verano pasado la composición de Entorno claro, que en unos meses aparecerá dando cuenta de mi convivencia con ellos a lo largo de una década, la lectura de una reseña elogiosa de Á.V. sobre el libro en haikus A póla branca del gallego Xavier Seoane dio pie a escribir este otro que, contagiado de lo que guarda frescura, quiso brotar con ella en las palabras. Y puesto que la cercanía y el reflejo del curso del agua en algunos poemas de Álvaro Valverde aparece con la atracción y hondura -o "metáfora y verdad"- del paso de la vida y como una poética, qué mejor que brindárselo con la claridad de los cielos que la mañana de aquel viernes ondeaba y a cuya luz esperamos acoger más certezas. El título es una complicidad con los poemas de Francisco Pino asomados al cauce de sus ríos castellanos.)