viernes, 15 de junio de 2018

Desnudez

Tras unos días de lluvia,
en la cuneta, al sol,
al girar una curva,
dos garzas blancas
vuelan
asustadas al verme.
Apenas he podido acceder a su danza
elíptica e impalpable,
deslumbrante y elástica,
y un invisible muro
me impide entrar
gentilmente en su espejo
y vaciarme por ser
sin mí ante lo frágil.
Una extrañeza actúa
como cristal que frena,
y el encuentro no puede
ser más
que este níveo deseo
e imagen que diverge.
No es posible tocarnos
ni alcanzar el olvido de sentirme
casi ellas un instante.
Queda la curva atrás,
y al arrancar su vuelo
sentí el choque
de dos mundos
temerosos de frente,
separados por dos velocidades.
Yo venía del lugar
que desconoce el centro,
que nos vacía y deja insatisfechos.
Y era ajeno al ritmo de las nubes,
al vibrar de la hierba
que no busca la causa ni razones
y sin quererlo crece.
Esperaré otra vez,
de improviso
y sin nombre,
a una garza en mi pecho,
al umbral del origen.

lunes, 4 de junio de 2018

Contemplación

Este era el sitio
que me esperaba
para vivir
el resto de mi vida.
Este árbol al pie
de esta ladera
a donde subo tantas veces
y escribo,
o veo el paisaje
o cierro
los ojos
para escuchar la noche
o la corteza
en que apoyo mi espalda
a la vez que me encuentro
y paladeo lo simple:
el aire, el rumor vegetal,
cada silencio
con el que deletreo
lo que soy y lo que alcanzo
antes de irme,
la sucesión 
de cada uno de mis rostros
que ya dejé de ser
y permanecen
junto al color de cada cielo
diferente,
anclados a este sitio
en que el alba se abre,
cae la tarde, me cobija
la noche,
y algún día,
en la intemperie 
del desgaste del tiempo,
la memoria invisible
de este tronco 
aún sostendrá 
la misma 
serenidad
del horizonte
por la que sí me llegue,
en mi ausencia 
de aquí,
el sueño
dibujado
en sus raíces.
        

jueves, 24 de mayo de 2018

Imago mundi

                                       a Toni Gost


Primera luz,
el cielo por delante.
Vivir, atravesarlo.
Aspiración
a que no pese el cuerpo
desde el cuerpo.
Un destello nos basta
sin pagar alto precio.
Ver que brota en nosotros
el ejercicio simple
de recorrer el mundo y recrearlo,
de avanzar y sentirlo,
de recibir su sucesivo gesto
vegetal y frondoso,
la sensación abierta
de tocar y atraer
la forma con que el sol es cada fruto.
Y con sólo pensarlo,
e incluso sin palabras,
verlo es casi contar,
pues pareciera escrito
en la luz de su espacio,
en la presencia libre
que recojo.
Una mirada, un pulso,
un transeúnte
en medio del camino
dijo esto.



* (Hace unos días, en una guardia de biblioteca de mi instituto, inesperadamente asistí a la visita a un grupo de alumnos de bachillerato de Antoni Gost, poeta mallorquín residente en Sa Pobla, al que no conocía personal ni literariamente. Y ahí empezó el regalo. Tras este hombre pequeño, de voz tomada, discretamente amable, con el sentido del peso y valor de las palabras que ofrecía sonriente como una señal capaz de una realidad superior compartida e intacta, su relato creaba el espacio esencial de la poesía mucho antes de entrar en el ejemplo de sus textos manuscritos, hermanados artesanal y libremente con la imagen y las texturas de pintores amigos y materiales diversos: papel, madera, manchas, metales, arena, telas viejas... Por su esencialidad, llegué a sentir que la decantación del haiku suponía un exceso al lado de algunas expresiones más despojadas, conmocionantes y breves suyas. Y que algunas personas como él mismo son capaces de hacer aflorar lo poético en una conversación tan poco habitual como espontánea. Desde ella, era posible luego acceder a este estado donde el lenguaje adquiere el destello de convertir al lector o el oyente en un ser tocado por el don del sonido y el silencio hacia otro y alto propósito y sentido, y acercarlo a una sensibilidad más a salvo a diario. Estaba yo en esos días anotando este poema. Gusté de introducir en él algún detalle que me sugirió escucharlo y se lo debo. Como también la gratitud y el asombro hacia lo cordial y sencillo. Ahí seguimos, nel mezzo del cammin, nada lejos. Algún día nos veremos.)



domingo, 8 de abril de 2018

La mirada y Marina

Mi viaje a Sevilla.
Revisando las fotos
te juro que mis ojos
recorrieron mirándote
también esta ciudad.
Todo cayó en tus manos,
el azahar de sus calles
en abril, por ejemplo,
o la lluvia de luz.
Y el deseo de volver 
al perfil de esta orilla
donde suele la dicha
olvidar la escasez.
Yo diría que a la noche
se convierte en caballo
la piedra de estas torres 
junto a un río de cal.






sábado, 31 de marzo de 2018

Revelación

¿Cuánto dura un haiku?
El tiempo acude
al pozo de los nombres.

Trazo el dibujo
de claridad
del día que se abre.

Una red invisible
roza y no rompe
el mundo que te traigo.

Al leerlo consiente
sentir que eres
el lugar del origen.



* (Hay quienes dicen que el haiku es territorio de vagos y pieza fácil. Menos mal que no amplían en su admonición el diagnóstico a vagos y maleantes. La edad y los despistes pueden hacer el resto. No somos nadie. A raíz de la pregunta del primer verso, fui apuntando esa respuesta encadenada en cuatro tiempos, como gusto, a la vez que trajinaba en tareas de cocina. No sé si fue por esto, y eso que quise respetar la justeza métrica, que la invertí entre verduras, vapores y cazuelas. Las 17 sílabas del haiku (el mundo cabe en diecisiete sílabas, de don Octavio) se transformaron en alguna más: 7.5.7 en lugar de las canónicas 5-7-5. Hay síntomas que anticipan la jubilación escolar que ya llama a las puertas, aunque aún quede maestría y coña. Cualquier día confundiré una sesión de evaluación con las rebajas en Zara, y el bar del instituto y su café con merienda al sol de la mañana -el bar de todos mis anteriores institutos- ocupará el lugar mi nostalgia cinematográfica. No lo olviden, la felicidad es paralela a un paseo en bicicleta con amnesia. Y sanísima.)


                        fotografía de María Hoyos, Trento, 2012

martes, 27 de marzo de 2018

Jardín con mirador sobre Mallorca

Un colgante jardín, sin nadie, 
abandonado, a dónde da. 
A donde el tiempo flota 
gentil y reclinado en el silencio. 
Un rostro lo contempla tras la lluvia. 
Las hojas en su danza casi tiemblan 
y el óxido se aferra a cada grieta. 
El sol acude como el día primero 
y el aire lo protege en su reflejo.
Al pie de la cancela en que tu paso
revive en las señales imprecisas.




lunes, 26 de febrero de 2018

Seguridad

Acepta ser amada por un hombre
que dibuja en tu imagen su palabra primera.

Acepta que eres fuente de ti misma
y el día se ordena porque tú despiertas.

Acepta la verdad: nada comienza
-ni tú, ni el simple germen de una hoja-
que vaya a declinar en mi memoria.

Cuando caiga la tarde, en las hogueras,
la noche emergerá por ser tú misma.



* (Hace unos años alguien me pidió que escribiera un poema sobre ese territorio -¿ideal, accesible?- del alma gemela. En el fondo, de la relación amorosa. Ante un encargo o reto, la respuesta nunca puede partir de nada. Ha de haber un rescoldo desde donde poder hablar en sintonía o resonancia. El poema quedó, como otros muchos, guardado, a la espera de que su factura y su bagaje de verdad o de niebla lo decantara el tiempo. Ahora que los últimos fríos del invierno se alternan con los primeros soles de la primavera puede ser el momento de dejarlo volar y compartirlo.)