martes, 13 de septiembre de 2022

La partida

Nunca se deja 
de atisbar otra orilla,
de ser sin pausa. 

Tras cada límite,
la noche que declina
un alba advierte. 

Habrá en los ojos
el brillo de unas luces 
aún no visibles. 

Quizás la muerte
no es más que una cortina
que mueve el aire. 

El sueño acude
al lento parpadeo
del día y la noche.
 

jueves, 18 de agosto de 2022

Gratitud

               Tuya es mi casa.
               Tu casa es mía.
               Todo me llena
               y me vacía.
                         Pablo Guerrero

Algunos hombres
vinieron del origen
de las estrellas.

Sentí tras verte
el paso de unas aves
en vuelo lento.

Tu voz pausada
bajaba hasta el silencio
de cada nombre.

Ni una palabra
volvía de la queja
o la tristeza.

El mundo queda
después de lo vivido
disuelto en aire.

Salvo el aroma
nacido de unas manos
llenas de lluvia.

Velan tus ojos
la memoria despierta
de algo invisible.

Vendrá la noche
y el sueño se ilumina
antes del alba.

Tan fuerte y frágil
tu corazón sostiene
limpia la tarde.


* (Hay veces que la vida nos sorprende y demuestra que merece la pena estar aquí y vivirla con más intensidad gracias a la manera de ser de algunas personas capaces de transformar lo que tocan incluso cuando sueñan. Pues de esa admirable región de lo ideal nace la intensidad de lo que crean y nos legan. 

Nunca hubiera conocido a Pablo Guerrero de no haber mediado la preparación del homenaje a Ángel Campos Pámpano Recobrada memoria en la que pude ponerme en contacto con él. Y de esas conversaciones, mensajes y cartas se deslizó el regalo de su aprecio y la invitación a visitarlo si venía por Madrid. Al reiterármelo, generó el compromiso de cumplirlo en la primera ocasión posible, que fue un día incandescente de este agosto. 

Allí me esperaba en la terraza de su bar "Los poetas", donde comimos algo árabe para luego pasar la tarde en el salón de su casa a las horas de más calor y en alguna terraza próxima cuando el asfalto no era flama.

De nuestro encuentro volví reconfortado. En el fondo quedé con alguien que me había acompañado muchas veces en mi temprana juventud con sus primeros discos y contribuido con sus canciones a formar mi sensibilidad poética -y afectiva- con la grata complicidad del paisanaje. Tuve la suerte siendo joven de asistir a aquel movimiento de los cantautores que iba más allá de fronteras y lenguas y al que cuando retorno sigue siendo el espacio de una casa familiar no cerrada. 

Suelo olvidar cada vez más los pequeños detalles, pero quedan grabadas las buenas sensaciones. No fue un encuentro diferente al de cualquier otro de dos personas que comparten unas horas de diálogo y compañía. Fue hermoso escuchar ese disco de Madelaine Peiroux a quien no conocía, beber frío ese licor de hidromiel traído de un viaje a Portugal reciente, o quedarme con esa sensación intraducible de los silencios asentados sobre la paz de lo que se remansa y permanece.

Vuelvo a la cita de Aníbal que tanto gustó a Ángel: Una dulce palabra para el mal de palabra. Tras esa voz profunda nublada de tabaco, ni una sola palabra que escuché esa tarde escondía un dolor o generaba una sombra. Más bien, brillaban de inquietud ante la posibilidad de algo bello acostumbradas a la vibración elemental de lo hermoso. Me fijé en las manos, de las que nacen todas las creaciones del mundo, y las vi como eran, abiertas a aferrar las buenas sensaciones y compartir lo que palpita, como haría cualquier gigante vulnerable en lo que nombra y cuida.

Al volver hacia casa noté la sensación de haber recibido un regalo difícilmente explicable semejante al legado que pueden dejar unos seres a otros cuando en su interior ya no queda más que la limpia admiración o les nace una lámpara con la que ven el mundo de otra forma. Te oí decir "qué buena tarde hemos pasado". Y la tarde fue buena así nombrada. Y también al nombrarla.)
  

lunes, 25 de julio de 2022

Tras el humo

Te envío una postal
de un viaje entre islas.
No es su imagen lo que importa que tengas
al recibir esta tarjeta.
Es el recuerdo, en la añoranza
de que no estés aquí
mirando levantarse el día
en la humedad de un litoral todavía dormido
y puedas asistir a su desvelamiento.
O yo sentir en tu respiración
el recorrido de tus ojos
y en él el gesto pensativo de la edad
desde la admiración al desencanto
al percibir un día nuevo
en la fragilidad que al cabo somos,
en la fugacidad y en el precario
consuelo indefinido
ante lo imprevisible e inesperado
cuando es poco propicio su futuro.
Porque caer es algo inevitable y lúcido
y, pese a la constancia en lo que hacemos, 
un azar destructivo amplía lo inseguro
y el cielo acoge en su color el miedo,
muestra indicios quemados sin retorno,
trasluce el duelo y la necesidad de olvido
que aúlla en la inquietud
agazapada de lo adverso,
impregnada en nosotros
como la sacudida
reseca de unas zarzas
sobre cuyo zarpazo proseguimos.
Y al escribir, en días asolados,
al menos franqueamos estar solos.


* (Pocos daños hay más irreparables, y sumamente dolorosos para quienes amen o al menos sean atentos a la naturaleza como el de los incendios, desmesurados en este verano de altas temperaturas. Aunque se den todos los veranos desde décadas. Porque es muy difícil volver a ver crecer estos bosques, cada vez más esenciales, a cuya umbría bulle esa vida constante bajo su suavidad vegetal o la cíclica llegada de la lluvia. No produce sino una grave orfandad el salvaje atentado de esta lacra padecida en cualquier lado del planeta. La reciente pérdida de algunos de estos parajes, sus ecosistemas y el espacio de la vida rural secular establecida hasta ahora a su vera me dejó embargado en una capital desesperanza, desde la que este poema fue escrito, con la dificultad de creer y confiar en lo que venga. Como si viviéramos una orgía de destrucción y brutalidad contra todo vestigio de humanismo: el de la sencillez de las personas más humildes, o el de nuestro patrimonio universal más selecto.)



    Paisaje mallorquín con naranjo, Joaquim Mir (1900-01)


    Reflejos, Mallorca, Joaquim Mir (1901)

martes, 5 de julio de 2022

Calma

Tonos azules
mientras en la bahía
cae la tarde.

El mar y el cielo
confluyen en colores
de quietud tenue.

Desde la orilla
un velero entre juncos
deja atrás nubes.

También los montes
como manchas profundas
hoy son celestes.

Sin sol las horas
devuelven sostenida
una luz malva.
   



viernes, 1 de julio de 2022

Los ojos del Guadiana

Dentro de mí,
en vuelo,
un alcotán herido
por la luz deseada
desciende al pozo oculto
de las fuentes
y recoge una espiga
que expande
en su planeo
un largo atardecer
sin caída posible.
Cuando llegue la noche
a beber de mis labios
presentirá
la luz de la mañana
aún no nacida,
el rocío del olvido,
el temblor
de unas manos 
transparente,
el soplo
a ras de suelo
de este aire
a cuyo tacto
que me acoge acudo.
Así la vida desvanece el ruido,
así la sed saciada ante el viaje
aborda el horizonte.





viernes, 17 de junio de 2022

Remanso y despedida

Amapola, ababol,
y por el aire
se hace jardín un nombre,
llama de agua,
iris al respirar
que late,
al ver
su inerme consistencia,
el puro tacto, el fulgor
de los pétalos
aislado o salpicando
esa dorada inmensidad
en donde el rojo
aliento de la flor
delgadísimo existe
como un ala
de sangre o corazón
asomada al trigal
al borde del verano,
y a la vez devolviéndonos
del fondo de su cauce
su hechizo en nuestra infancia,
imantada de cerca
al explorar su fuego blando
similar a una seda
disuelta entre los dedos
o al desprender el ojo negro de su sol
del verde aún palpitante
de su cuerpo
por descubrir su fondo,
y ahora 
de nuevo aquí delante
al paso de los años
a la vez nos avisa,
al borde del calor y de lo pleno,
que ahí seguirá naciendo
vegetal mariposa,
suave tallo de luz,
latido interno
de paz
seguro, amplio
que oír
antes de irnos,
como cada señal
amada de esta tierra.


     fotografía de Aida Albéndiz Hoyos
    

martes, 10 de mayo de 2022

La vida de otro modo

Lectura de los días, respirar la escritura.
Las palabras asumen la forma variable
del color y la música. Adquieren al hablarnos
el rumor que sostiene para siempre la forma
sin esfuerzo elevada, sin nada que decaiga.
Y sin ser más que nombres que buscan a las cosas
las dibujan de cerca, se adentran en su espacio
descubriendo al mirarlas su pequeño secreto:
que estaban esperándonos, que ya nos conocían;
su frágil recorrido era al fin nuestra casa,
albergaban la llama habitable y serena
con la que el tiempo nunca nos derribe en su fuga.


* (Hoy, 10 de mayo, Ángel Campos Pámpano habría cumplido 65 años. Su poesía, tan importante como lo fue él, sigue estando en nosotros con gratitud y afecto. Como esa imagen suya en la que, al admirar lo que contempla, el poema acaba fundiéndose con la naturaleza en sus elementos más claros como si fuera un signo más antes de disolverse, de desaparecer incluso en su lenguaje. Y de este modo, acaso perdurar vibrando en la materia. Buscó desde el principio la belleza de ver con las palabras. Al hacerlo, nos enseñó a mirar con las más limpias.)

Sobre el cuerpo del río,
el texto del poema
no es más que un círculo
abierto,
              ya ilegible. 

Á.C.P.
 
  

Con Aníbal Núñez, en la librería Cervantes de Salamanca. Foto extraída de un suplemento cultural de El Norte de Castilla en homenaje al poeta salmantino.