jueves, 8 de junio de 2017

Últimas luces

                                       a Luis Llorente

Donde la luna me derrote
bajaré al fondo del silencio,
vencido pulso de un espacio
desdibujado contra el rostro
de la pasión más libre. Tanto,
que sostenerla dentro quiebre
la paz del mármol de las fuentes
y la emoción del labio jadeante
y triste. Es la ciudad un copo
de vilanos que vuelan y se 
pierden. En donde se persiguen
el eco presentido, el golpe
y la belleza de lo ausente
que en lo fugaz lo eterno funde. 
El corazón vencido sabe
que dio cobijo a un sol que huye.
Y en donde calla el aire, rompe.



* (Recuerdo a Luis Arroyo en sus clases de bachillerato hablarnos de la originalidad del eneasílabo y de cómo en nuestro siglo veinte José Hierro era uno de sus escasos y fieles cultivadores. El otro día, en una conversación con mi entrañable amigo segoviano Luis Llorente -amigo a su vez que fue de Luis Javier Moreno, grande entre los grandes-, y lector insaciable, de los pocos que vuelve regularmente a nuestros clásicos, hablamos precisamente de este metro. Con lo que, a continuación, me puse, sin querer, a intentarlo. Costaba, teniendo hecho el oído al endecasílabo y al resto de sus combinaciones de cuatro, cinco, siete con que se articula libremente. Luego, el sentir puso su parte. Se escribe -cuando se escribe bien- desde la intuición, y la belleza al vivir en ocasiones es tan intensa que duele. Porque aspiramos como humildes dioses a vencer la muerte. Habrá que no olvidar el eneasílabo. Todo, lo literario y lo vital, mientras haya alguien dispuesto a estar ahí y recogerlo, es sencillo y posible. Porque sentido siempre tiene. Al menos, hemos venido a superar ciertos retos y límites.)
  

sábado, 3 de junio de 2017

Selva

Tú sabes hablar lenguas que yo no.
Sabes amar, huir y ser sincera.
Porque te escondes no, porque cobijas
una fogata con tu risa y forma
y la perseverancia de los días de lluvia
cuando resbala por tu cuerpo a tierra.
Ante tus pies coloco piedras lisas
que sé que son monedas y señales que escuchas
para contar leyendas y el origen del día.
Si a tu mano se acerca lo que tocas,
una canción de ausencia se convierte
en suave primavera y voz de niña,
mientras cierro los ojos y en el sueño
una mujer dormida me despeina.





* (Cuando llegué a Mallorca en septiembre de 1992 entré por Selva, uno de los lugares más singulares de esta isla, donde viví quince días en el Carrer de la Llum, número 1, en casa de una antigua y exquisita amiga de los años de estudio en la carrera hasta que encontré en Artá la mía, y aquel fue el mejor modo de llegar a esta tierra. A Selva vuelvo con alguna frecuencia, en el camino de subida a Lluc, al pie, por Inca, de la Tramuntana. Este poema es un recuerdo y homenaje. Todo encuentro en la vida es un reencuentro, pues todo es movimiento y confluencia, o todo lo que se aleja un día vuelve y, como ya he contado, hay órbitas que a cada aproximación se reconocen y transforman. Para cualquier otro paseo, a la noche, entre las buganvillas -tan mencionadas en sus poemas por Castelo-, limoneros, jazmines, casas de piedra en calles que se giran mientras bajan y suben y abrazan miradores, en donde a veces adquieren forma humana las estrellas, quede este canto recuperado de un cuaderno y presente en mis ojos que bendicen lo libre.)
    

sábado, 20 de mayo de 2017

Hégira

Plaza abierta, intimidad, llanura.

Tan pocas realidades verdaderas:

Elige una palabra.

                                   El alma en ellas.
   

martes, 16 de mayo de 2017

Seda

Sobre la flor ajada
la mariposa blanca
no marchita

el corazón del agua
quieta.

La flor no sigue a la razón que vuela
la dimensión que el aire no pregunta.

(poder mirarte como a un sabio pozo, 
poder entrar en ti como a un espejo)

domingo, 30 de abril de 2017

Un reflejo

Besarte, como a un templo.
Entrar en ti, descalzo.
Sentir sin sed el rastro
del ave que desciende,
el aire en el abismo,
el alma al deslizarse.
El cuerpo como un fruto
bajo la luz despierto.
El tacto cae a un río.
El día es su corriente.
    

martes, 25 de abril de 2017

El anhelo del alma

De una esquina secreta
puede brotar callada
lo que eclipsa a la luna.
La rosa que sostienes
ha bebido en tu orilla.
Cada noche despliega
la sed de las miradas,
el aroma que late
al vaivén de figuras.
No se sabe si, al verla,
una gota de savia
comete la nostalgia 
de querer ser tan tibia
como una joven pálida,
pues su anhelo de alma
rebosa en las espinas.
Del licor derramado
de ese tallo que truncas
como un llanto de viola
o un cristal que gritara,
el sueño de Venecia
viene a ahogarse a tu casa,
agita las cortinas,
se ha inclinado en la hiedra.
    

miércoles, 19 de abril de 2017

Tras la noche

La ceniza del aire,
si llega al mar,
lo agita.

Su daño hondo,
sin paz,
de nuevo
ahora
espuma rota,
azul, serena
y verde.

Así tiembla
en la piel
el día blanco,
limpio,
extenso,
hacia lo abierto,
en lo real,
en lo difícil.

Ese jirón que eres,
espejo y filo frágil
de amor libre.

Miro el sol
en las manos.
Nada urge.