domingo, 8 de abril de 2018

La mirada y Marina

Mi viaje a Sevilla.
Revisando las fotos
te juro que mis ojos
recorrieron mirándote
también esta ciudad.
Todo cayó en tus manos,
el azahar de sus calles
en abril, por ejemplo,
o la lluvia de luz.
Y el deseo de volver 
al perfil de esta orilla
donde suele la dicha
olvidar la escasez.
Yo diría que a la noche
se convierte en caballo
la piedra de estas torres 
junto a un río de cal.






sábado, 31 de marzo de 2018

Revelación

¿Cuánto dura un haiku?
El tiempo acude
al pozo de los nombres.

Trazo el dibujo
de claridad
del día que se abre.

Una red invisible
roza y no rompe
el mundo que te traigo.

Al leerlo consiente
sentir que eres
el lugar del origen.



* (Hay quienes dicen que el haiku es territorio de vagos y pieza fácil. Menos mal que no amplían en su admonición el diagnóstico a vagos y maleantes. La edad y los despistes pueden hacer el resto. No somos nadie. A raíz de la pregunta del primer verso, fui apuntando esa respuesta encadenada en cuatro tiempos, como gusto, a la vez que trajinaba en tareas de cocina. No sé si fue por esto, y eso que quise respetar la justeza métrica, que la invertí entre verduras, vapores y cazuelas. Las 17 sílabas del haiku (el mundo cabe en diecisiete sílabas, de don Octavio) se transformaron en alguna más: 7.5.7 en lugar de las canónicas 5-7-5. Hay síntomas que anticipan la jubilación escolar que ya llama a las puertas, aunque aún quede maestría y coña. Cualquier día confundiré una sesión de evaluación con las rebajas en Zara, y el bar del instituto y su café con merienda al sol de la mañana -el bar de todos mis anteriores institutos- ocupará el lugar mi nostalgia cinematográfica. No lo olviden, la felicidad es paralela a un paseo en bicicleta con amnesia. Y sanísima.)


                        fotografía de María Hoyos, Trento, 2012

martes, 27 de marzo de 2018

Jardín con mirador sobre Mallorca

Un colgante jardín, sin nadie, 
abandonado, a dónde da. 
A donde el tiempo flota 
gentil y reclinado en el silencio. 
Un rostro lo contempla tras la lluvia. 
Las hojas en su danza casi tiemblan 
y el óxido se aferra a cada grieta. 
El sol acude como el día primero 
y el aire lo protege en su reflejo.
Al pie de la cancela en que tu paso
revive en las señales imprecisas.




lunes, 26 de febrero de 2018

Seguridad

Acepta ser amada por un hombre
que dibuja en tu imagen su palabra primera.

Acepta que eres fuente de ti misma
y el día se ordena porque tú despiertas.

Acepta la verdad: nada comienza
-ni tú, ni el simple germen de una hoja-
que vaya a declinar en mi memoria.

Cuando caiga la tarde, en las hogueras,
la noche emergerá por ser tú misma.



* (Hace unos años alguien me pidió que escribiera un poema sobre ese territorio -¿ideal, accesible?- del alma gemela. En el fondo, de la relación amorosa. Ante un encargo o reto, la respuesta nunca puede partir de nada. Ha de haber un rescoldo desde donde poder hablar en sintonía o resonancia. El poema quedó, como otros muchos, guardado, a la espera de que su factura y su bagaje de verdad o de niebla lo decantara el tiempo. Ahora que los últimos fríos del invierno se alternan con los primeros soles de la primavera puede ser el momento de dejarlo volar y compartirlo.)




viernes, 16 de febrero de 2018

Cercanía del alba

Antes de que se vaya
la última nevada
que aún brilla en estas cumbres,
la noche que nos hiela
no vence al corazón
que duerme a oscuras.
A quien guarda las horas
o callado confía,
el mismo inmenso cielo
negado por las nubes
será capaz de abrir
la templanza del suelo,
la luz que al cuerpo entibia;
y el brote de la flor,
como el pulso que torna,
desprenderán la soga
de la misma penumbra
que al horizonte ciega.
La noche nada impide.
No es su reino la sombra,
ni la sombra soporta
mucho tiempo la vida.
La oscuridad persiste
lo mismo que los límites
vencidos por la fuerza
de vivir sin fatiga.
       






miércoles, 17 de enero de 2018

Retrato de interior

                                           Aire por aire

Es el lienzo.
Incide en él la luz
atravesando
el vibrar en lo bello.
Del miedo, su temblor;
del trasluz, lo irisado.
De cerca,
en el aliento,
la certeza del aire,
el balbuceo.
El velo libre, el vuelo
reposado
del centro del jardín
en el regazo.
La huella de la tarde.
El trazo del pintor
mientras concibe
la mano como un fruto en el espejo,
el rapto de unos ojos singulares
antes de que los cubra
de golpe la penumbra
y salvarlos del tiempo.
Estás ahí y aquí. Por eso hablamos.
La tarde hacia el verano
suave corre. Te envuelve
en su rumor y la conoces.


* (Reordenando y revisando las notas que se acumulan en mi móvil, donde no pocas veces escribo, apareció este texto no fechado de 2017, posiblemente anterior al verano, y que me sorprendió por su factura, a falta de unos fáciles retoques. Con el asombro de lo por completo olvidado, pues ni de su escritura ni de las circunstancias que lo motivaron conservo algún recuerdo ni lo recobro tras leerlo. Por tanto, otro poema más de los escritos el año pasado, un año para nada desdeñable sin haberlo esperado. El poema, cuando aparece, y más si se consigue, es el mayor regalo de la escritura. Qué importa, entre poema y poema, el tiempo de silencio que transcurra. El silencio es siempre noble. El logro del poema ha de serlo.)
  

lunes, 1 de enero de 2018

Resurgir

Pureza del reposo,
el alma anhela irse.

Al descender el sueño,
ahonda a su regazo.

Batalla de la fiebre,
trinchera de la carne,

el cuerpo abierto duele.
Quisieras aliviarlo.

La luz del día tiembla
ante el claror del aire.

Deseas, como un pájaro,
sentir el tacto leve.

El mínimo momento
del brinco hacia las nubes.

El sol cruza dorando
las semillas que duermen.

Su llama se recoge
en el cuenco del iris.

Renacer es el signo
de morir a diario.

Incluso tras la niebla,
el mar, sin verse, late.

Una mano en su forma
temporal me contiene.

Escribe cada noche
el comienzo de un nombre.