viernes, 11 de septiembre de 2026

Elevación

Fue maravilla
el vuelo de esa alondra
en lontananza.

Del aire quiso
cruzar su inmensidad
en transparencia.

Grabó en la brisa
la misma sensación
que en la mirada.

El agua pudo
copiar su claridad
sin ser distancia.

Nos deja dentro
la aspiración a ser
silencio y vida.

Hermosa fuga
en donde lo elevado
al cielo toca. 

Tan honda huella,
tan leve y tan real,
tan decisiva.


fotografía de Tony Stamp
fotografía de Dimitris Vetsikas
 
 
* (En la tradición literaria occidental, la alondra simboliza por su vuelo vertical y su canto al amanecer valores como el despertar de la mañana y de la naturaleza, la alegría, la inocencia, el deseo de libertad, la esperanza tras la adversidad, la elevación espiritual y de la conciencia, la transcendencia, la llegada de la luz, como también un sentido existencial de lo efímero ante la inmensidad del tiempo y de lo eterno.
Hoy 11 de septiembre era el día en que nuestro querido amigo José Miguel Santiago Castelo cumplía años. Desde hace 11, en cambio, es un día para su recuerdo. Sirva este poema para nunca estar lejos.)

sábado, 18 de julio de 2026

Un brote

Sueña una flor. Que crezca
en su oscilar flotante
en sus colores.
O si no,
un curso umbrío 
y lento de agua
en su hondo reflejo,
o un plumaje
al cielo iridiscente.
Estás dentro de él
y nada más existe
exterior ni vacío,
sino su misma cualidad, 
su serena presencia.
No hay límites. Permites,
eres, sientes,
eso sí, te diluyes
y nada impide el tú.
Respiras como el aire
que hace oscilar la tarde
y es la tarde lo único que existe.
Respiras y eres aire
y a donde llega el aire
tú concibes 
algo que es conmoción
y sin cesar en ti también sucede
igual que dentro y fuera
laten y son unidos día y noche.
En tu interior,
esa mano que mueves,
el pétalo que se abre,
cualquier oscilación
del mundo o tuya
resuena como un cuenco
cuyo temblor penetra
y como arena nos deshace
y basta un mero instante
para sin dimensión, sin tiempo,
abrir lo inmensurable,
y desde ahí luego saber
volver desde ese umbral
imperceptible
de lo real tan diferente
sin diferencia de nosotros,
sin que el aroma y el color,
lo etéreo y lo compacto,
o el destello recóndito
de cada pulsación del universo
nos pesen, nos extrañen,
nos esquiven,
al ser parte también
tangible y esencial,
impensada y tan libre,
de nuestro propio cuerpo
cuando se asoma
a un monte, a una llanura,
a un abismo, a un lago
y llega a descubrir tantas señales
rendido ante esa imagen. 


fotografía de Juan Carlos Viñals
  

martes, 19 de mayo de 2026

Del color de los días

Un ángel es de barro 
y sin caer no vuela
y sin dañar no ama.
Un ángel se desploma
y tirita de frío,
no sabe y se equivoca,
tropieza sus palabras,
tiembla, padece y calla
lo que más necesita,
teme herir y es herido
y nadie se da cuenta
de su íntima grandeza.
Un ángel pasa al lado
y nada nos agita,
más puede derrumbarse 
ante nuestra indolencia.
Un ángel también siente
la sed, el frío, el miedo,
la soledad más honda
y la desesperanza.
Un ángel vuelve a alzarse
muchas veces a solas,
pasea bajo la lluvia,
mira crecer la hierba
y en esa paz reposa.
Un ángel como un niño,
un viejo, una amiga,
un animal perdido,
un ave solitaria,
un reflejo entre sombras,
una pared aún firme,
una gota de agua,
un instante de aliento...
sucede como el tiempo
delante de nosotros.
Está ahí y ya se ha ido
y tiene nuestra forma.
A cada instante muestra
lo que apenas decimos,
lo que a solas nos falta,
la ausencia que arrastramos,
la comprensión herida,
la mano que aparezca
sin exigirnos nada.
Un ángel se parece
bastante a la intemperie,
a unos ojos cansados,
a un siglo de fatiga.
Está a la espera siempre
de que lo recibamos.
Se nos parece tanto
que quiere recordarnos
tanto olvido en nosotros,
tanta pérdida ingrata.
Sus manos son tan huérfanas
que en ellas cabe el mundo.
Y casi nunca vemos
el ángel en nosotros.

 
Marc Chagall, El violinista celeste, 1934

Vuelo sobre el caballo de ébano, 1948

domingo, 10 de mayo de 2026

Tres homenajes a Á.C.P.

Álvaro Valverde


        Estuario

El Tajo que en Lisboa se hace mar
sigue siendo ese río que te lleva.


        Lisboa

Observo la ciudad desde lo alto
para saber quién soy y lo que he sido.


        La Codosera
 
                            Sin la menor piedad llega la muerte
 
Siquiera este refugio para cuando
mi vida sea materia del olvido.


        La ciudad blanca

Es imposible recorrer Lisboa
sin que salgan tus versos a mi paso.


Basilio Sánchez


        La semilla en la nieve

Para un árbol la nieve es otra forma,
quizás la más hermosa de estar solo.

                    ***

Un ruido de semillas en la convalecencia de la nieve,
un arranque invisible de las cosas que regresan al sol.

                    ***

Elijo mis semillas para mi invernadero,
las palabras que pueden, por sí solas, germinar en la nieve.

                    ***

El poema es un árbol
que brota, solitario, de la nieve de Dios.


Mario Lourtau



Díptico



con espuma

con luz

con nubes

con silencio

con nieve

con salitre

con escarcha

con niebla

con estrellas

con cal

con ceguera

con sílex

con huesos

con marfil

con espinas

con seda

con cráneos

con sudarios

con espectros

con miedo

con humo

con glaciares

con tristeza

con cisnes

con ubres

con palomas

con gaviotas

con conchas

con lunas

con erizos

con lechuzas

con cuarzo

con sílice

con hebras

con susurros

con perlas

con pétalos

con sal

con astros

con almendros

con tacto

con azahar

con luz

con mansedumbre

con agua

con murmullos

con claridad

con sueños





                                                                Di que tú amas

                                                                la tibia arquitectura

                                                                de estas calles.



                                                                             de La ciudad blanca

                                                                             Ángel Campos Pámpano



en Alcobaça, 1986


* (Cuando hace cuatro años coordiné el libro homenaje Recobrada memoria, que vio la luz en esta fecha del 10 de mayo en la que nació en 1957 en San Vicente de Alcántara Ángel Campos Pámpano, al pedir las colaboraciones a los amigos y escritores que participaron, algunos de ellos me enviaron un trabajo más amplio, pues estuvieron elaborando varios textos en torno a sus recuerdos del mundo personal y literario de Ángel. Es el caso de las tres muestras que en esta entrada he reunido, de una alta calidad igual al interés que sus autores pusieron en el empeño. Tanto Álvaro Valverde como Basilio Sánchez me enviaron cuatro dísticos para que eligiera uno de ellos. Así lo hicimos de mutuo acuerdo. Y Mario Lourtau, por ese parecido entre dístico y díptico, entendió lo segundo y se dispuso a idear una invención espacial para que ocupara dos hojas. En la primera iría esa lista de nombres que pincelan una libre imagen creacionista lisboeta y en la segunda esos versos extraídos de La ciudad blanca que leídos así forman un haiku. Y de este modo seguimos recordando a Ángel.)
 

sábado, 18 de abril de 2026

Tankas para ir a escuela

Como hormiguitas
sin edad y ya en fila
van a la escuela.
Aprenderán muy pronto
que la vida se esfuma.

Sabrán canciones
y cuentos de colores
para que jueguen.
En sus ojos y labios
aún reina la belleza.

Niño, despierta
o no despiertes nunca
y corre y goza.
Has de llegar muy lejos
con lápices de estrellas.


* (Esta nueva fotografía de Hilario Barrero de la vida callejera de Brooklyn subida a su perfil de Instagram y el comentario que Susana Benet dejó al pie de ella, cinco esenciales sílabas, dieron pie a que me arriesgara a recrear unas todavía nebulosas impresiones en el molde de un haiku. Y como no sé escribir uno solo sin que otros acudan y suceda como en un cuarzo tallado al girar sus facetas, el lance derivó en estos tankas a la inocencia de la vida donde también resuenan esos deseos hondamente sentidos de las nanas de la cebolla. En los ojos de un niño cuando apenas comienza a caminar a la vez que pronuncia sus primeras palabras está aún la fe del mundo que al mirarnos contagia. Larga vida a lo que tan reciente despunta junto a la primavera de ese árbol florido en esta esquina cuya blancura nos restalla.)
 
  
fotografía de Hilario Barrero
  

sábado, 4 de abril de 2026

Vergel

Para tus ojos
del suelo hice un jardín
donde el sol nace.

En él la luz
por verte se hizo aroma
y piel que siente.

Oí tu voz
temblar al perseguir
lo que resurge.

El aire fue
materia inaprensible
al perseguirte.

Imagen libre
del día en su belleza
sucediéndose.

En cada nombre
evoco lo más leve
al recogerse.

Sin que decline,
la flor de la penumbra
hacia ti late.


dibujos de Juan Ricardo Montaña de la serie
El bosque encantado
 

sábado, 21 de marzo de 2026

Fado del devenir

                                         lembrança de Ángel Campos Pámpano

Mecido por la luz de la memoria
reposo en el vergel de las palabras.

Regresan de la ausencia como eran
los gestos pensativos, la otra forma

sencilla, habitual y confiada
de respirar y contemplar las cosas.

El mar añora y late en la dehesa,
Monfragüe imita el resplandor de Sintra.

Me basta y acompaña una presencia
indefinible, corporal, segura.

Parece que tú estás y tu voz sigue.
Los días se suceden sin distancias.

El mundo se refugia en dos idiomas,
dos lenguas que en tu boca me pronuncian.

Amor es libertad, la primavera
presagia en nuestras manos su semilla.
 
 
Ángel Campos Pámpano leyendo en el Aula de poesía Enrique Díez-Canedo de Badajoz 
el 26 de mayo de 2005