lunes, 28 de diciembre de 2015

Palomas

Recorro de la piel la extensión de tu espalda,
una vasija que respira;
en mis yemas llega a crecer
el aleteo de la mañana,
y descubro en silencio
un lienzo en que zurea
el cristal indefenso
tumbado sobre el aura
que despide la boca.
Palpita somnolienta la armonía
de un cuerpo
en su aérea certeza
pulsada como un arpa
que disuelve en el aire
su silueta sonora,
el vuelo desprendido de una nota.

  
* (En la escritura, hay poemas que dirigimos más y otros que más bien nos visitan y en ese caso intentamos que salgan fielmente, si acaso con más tacto. Nacen de una mínima resonancia exterior, de una señal captada tras la que estaban, pero ante ellos ponemos la escucha de un silencio mayor, para que nada se pierda, interviniendo apenas, salvo en el cuidado artesanal para que este hilo se logre. Al final, su mensaje es del todo nuestro y lleva el sello de nuestra sensibilidad o ideales. Esto, en su factura final es algo inadvertido, pero son textos que, desde un lugar interior, al poeta le dicen algo, le recuerdan. Así han surgido los dos que he compartido este mes de diciembre. Valga este destello de belleza para despedir y agradecer este largo y difícil año, con todos los mejores deseos, intactos, hacia adelante.)
  

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Claridad

Un ser nuevo,
-como todo lo bello-
o con los ojos limpios,
igual que tú o nosotros,
escribe al conocerse.
Mira los cielos,
atiende las señales.
Nada es en vano.
Oye.
Sin darse cuenta sabe.
Dentro del aire entiende
el lugar del origen.
Y aguarda esa palabra
donde todo sucede.
En el momento justo
de estar y de sentir
en que se llega,
aún antes de los nombres,
a lo concreto
es cuando cualquier signo
abre la realidad
y evoca lo creado.
Sucede lo indecible:
lo sencillo era hondo.
El día recorre con la luz
el iris de las voces del mundo,
sus rostros semejantes y distintos.
Así, en lo temporal,
sin carencia ni pérdida,
todo lo contemplado
estaba dentro,
era parte de sí,
un silencio o murmullo,
casi al lado, esperando, 
simultáneo.
El instante
en que al mirar, quien habla,
su idioma se hace otro
y al decir ha cambiado
sin retorno.



* (El lunes 14 se presentó en Madrid, en la sede del Instituto Cervantes, el libro de Santiago Castelo La sentencia. Quienes sintieron el deber de asistir eran sin duda amigos, de una y otra índole, desde lo profesional a lo más íntimo. Sé que pidieron intervenir por gratitud varios de los participantes, y a fe que reflejaron la deuda y alta atención en vida suya recibida. Era lo habitual, sentirse en su trato valorado, con el regalo de su tacto, su saber y su tiempo. Un hombre espléndido -"es así como sé escribir, de esta manera, no lo sé hacer mejor, os guste luego o no, pero ante todo reconozco la valía de los que saben hacer una obra magnífica y así lo he expresado cuando a mí algo me gusta"... o "cómo me alegro de lo que hacen los jóvenes" -dejó también constancia de la desafección y la maledicencia, aludida por cierto de pasada en unos versos de este libro. Tras su muerte, el sentimiento y dolor se dieron de un modo amplio al lado de algún pobre y cobarde caso que apartamos. Los humanos, lo son para aprender a poder serlo. El propio Abc, al que sirvió con fidelidad y apasionada entrega más de cuarenta años, como si ya considerara suficientemente enfriado su cuerpo, ayer mismo no estuvo representado por ningún algo cargo ni dio foto o noticia del homenaje en el papel del día siguiente. Solía Santiago decir que a la muerte de un poeta muchas veces el olvido de su obra comienza. A los que ayer desde la periferia nos acercamos a Madrid y nos reunió acompañarle en este último jalón de su escritura poética, nos recorría el frío de su falta. Su vozarrón, su risa satisfecha, su mirada feliz y dirigida a los ojos, su cadencia vibrante y con emoción en su lectura, su amplio poder de convocatoria fuera allá donde fuera eran ahora meras ascuas en quienes lo recordaban en un escenario sin él, presidido por una gran fotografía del joven periodista varias décadas atrás, en sus comienzos. Nadie podía llenar el lugar ni sustituirlo. Como recordó Víctor G. de la Concha, el acto lo convocaron "sus amigos" y entonces él quiso sumarse a ese conjuro del vacío, en honor de lo mucho admirado y recibido. "Pero el cadáver, ¡ay!, siguió muriendo". Juan Ricardo Montaña, Pilar Molinos, Carmen Fernández-Daza, Paloma Morcillo, María R. Lairado, Juan Manuel Cardoso venidos desde Extremadura, o Carlos García Mera, Juan Manuel de Prada, Antonio Garrigues Walker, Carmen Posadas, Urbano, Teodoro y muchos otros que sin conocer no los puedo nombrar quisieron estar del modo más sentido al lado del amigo que sí que vivirá mientras vivamos, mucho más que por la orfandad atronadora de su enorme pasión y corpulencia. Fuimos algunos a cenar a uno de sus rincones preferidos conscientes de que ahora nos toca mantener en nosotros lo mejor de sus cualidades. Las personas se van, mas nunca sus valores, sobre todo en quienes con tan grata atención los recogimos. Y es que el mejor regalo que nos hiciste es ser mejores. Nos falta tanto su corpachón donde refugiarnos que una ciudad como Madrid desde su muerte es una extensa construcción desolada y entran ganas de huir de lo que antes era una cálida geografía poblada por sus conversaciones y placeres de mesa. Este poema fue escrito en la mañana de ese lunes 14 de diciembre, festividad de San Juan de la Cruz, durante el viaje de ida emprendido para ser nuestro último modo de arroparlo. Aquí os lo dejo. Él los sigue leyendo y sé, que si cierro los ojos, Castelillo -como Lucía Mera lo llamaba, ausente por un viaje a la India, que si no...- estaría ordenándolos para que un día formen libro. Ya llegará, mi niño. Lo que importa es que no nos eches de menos. Eso, ya nos pasa a nosotros.)
  

domingo, 29 de noviembre de 2015

Otros cielos

Bajo la lluvia
extiende el musgo
su tibieza indefensa.

Cae de las nubes
una clara neblina
de verduras y copas.

La brisa ondea
la ladera poblada
de árboles a la fuga.

La rama seca
de una higuera con liquen
sin más es sabia.

Cada árbol quisiera
camino del invierno
dibujar otra historia.

La geometría
de sus ramas desnudas
el mundo limpian.

Una zarza, una mata
retienen en la tierra
el calor, el cobijo.

Casi invisibles,
les basta el aire
a las aves que pasan.

Nadie profana
esta tarde la hiedra
sobre las rocas.

Sencilla calma
de un noviembre descalzo
que nos empuja.


* (Este poema comenzó a escribirse el pasado 2 de noviembre en uno de los paseos que frecuento por los alrededores de mi casa. El cambio de estación se leía en la llegada a esos cielos del frío, al comienzo de un mes cada vez más poblado de nombres esenciales ausentes, y no por ello lejanos ni menos importantes.)
         

sábado, 21 de noviembre de 2015

Temblor, II

II

Si todo lo que vemos no estuviera tan lejos, no hablaría el deseo de seguir contemplándolo. Para entrar hacia adentro, ¿hay un don o una fecha sin rumor y sin rostro? Tras tanta soledad después de siglos, esperamos lo intacto. Era la división el dolor, la frontera y el trazo confundido. La tinta pesa tras su mancha opaca a pesar del sentido y su propósito. Mas conviene comenzar desde cero. Aceptar el olvido de los signos, deshojarlos hasta el hueco que no es desposesión, sino el primer vacío, el seno o cavidad del origen de nuevo de todo lo que importe en lo vivido.
  

jueves, 12 de noviembre de 2015

Temblor

I

Hay un poema que después de escribir ya no se escribe. O desde el que se darían de otro modo los siguientes poemas. Cuya entidad invisible refugiada en las manos las recubre. Sin sonidos ni imágenes, desde la aspiración a que todo contiene, y anticipa y procura, lo que vemos. Un poema que entiende de un modo cotidiano lo que ocurre. Y al describirlo habla también desde su fondo. O mejor dicho, pronuncia lo que somos, somos en cuanto dice. Nombrar es existir. Por eso no es igual los nombres que se eligen o la realidad que ellos abren. Acierta el aire cuando requiere de la luz para trazar los perfiles del mundo, de cada laberinto imperceptible o inmensurable. Y en cualquier horizonte se hace claro e intenso percibir lo inmediato. No hay inquietud delante, ni en el cielo, ni en la roca o el ave. Es nuestro el desconcierto. Y el saber persistir. ¿Quién de afuera responde a mi temblor si mi conciencia, pues comete ese riesgo de preguntar y siente, es breve y sometida a lo frágil? Y a la vez, cómo escribir ese instante en que todo se ofrece sin sensación de límite.
    

jueves, 8 de octubre de 2015

Octubre

Ligera lluvia.
Entra con pies descalzos
tibio el otoño.


* * * * *


Nubes azules,
profundidad del aire.
Y al verla, de mi mente,
alada, clara, sin asirse,
al comienzo del día
-al menos por un día-
leve, ágil.
  
 
* (Septiembre trajo el cambio de estación y de ritmos. No siempre vienen con el tiempo y ocio suficiente para la escritura cuya inspiración no es otra cosa que armonía y centramiento, pero un apunte puede surgir en cualquier instante, en especial, cuando la naturaleza asalta haciendo todo fácil: esa imagen y vivencia ideal de lo mejor de la vida y de nosotros. De momento, el blog se toma un cierto descanso.)
  

martes, 22 de septiembre de 2015

Jardí dels Alemanys (Gerona, casco antiguo)

La mirada recibe
la quietud en el alma
si pasa el viento.

Bajo la lluvia
revela el arcoíris
que es luz la piedra.

Jardín cerrado.
Tras la almena el aroma
de rendir, de rendirse.

Ante lo frágil,
el hierro de la historia
donde hubo un estanque.
     

domingo, 13 de septiembre de 2015

Fragua

Se pone el día
sobre la isla.

El poder de la noche
une su orilla a tierra.

Al pie de algunas olas
el silencio descansa.

Un jardín de agua clara
descubre lo que tiembla.

Quien se desvela inicia
la luz interrumpida.

Desde unos ojos
y un reflejo distinto.

  
* (En la escritura de un poema hay versos cuya expresión es intocable salvo a riesgo de perder su atracción o su magia. Lo inefable del arte conduce al logro de una fórmula única. Pero no pocas veces se nos plantea la duda de optar entre una, dos o más soluciones posiblemente válidas y elegimos -aún a riesgo de pérdida- la que alude a una preferencia personal, reflexiva o estética más cercana al que escribe. Digamos que este ha sido el caso si bien no diré dónde. Es el primer 11 de septiembre que no he podido felicitar en su cumpleaños a Santiago Castelo. Por su final, este poema me lleva a recordar aquellos Cuatro emblemas que dirigí a él, Ángel Campos, Álvaro Valverde y -como dije- quise estar con vosotros. Ahí seguimos estando.)
  

viernes, 4 de septiembre de 2015

de Contra toda razón, III

Mis labios frente a niebla
y luce qué:
lo amado,
el ser,
el aire -¡oh voces!-
paloma que me nace
de
lo extinto.





Y que no hay que morir
para huir del dolor.
Doy fe de ti:
espacio         (duda)
existe;
tu pupila, afluencia;
el don de viva carne
conmovido.



* (De este modo, he traído aquí los cuatro fragmentos de aquel comienzo de Las horas próximas, en estos días en que el blog cumple cinco años. Recuerdo lo que aquella primera entrada decía: "Las palabras pueden cambiar el mundo." Ahí seguimos. Con la convicción de que el mundo puede ser diferente desde algunas palabras.)
   

viernes, 28 de agosto de 2015

de Contra toda razón, II

No hay ebriedad,
ni rapto,
ni la vida es incendio...
Honda sacralidad,
el tacto más inédito,
unísono, olíamos
a incienso,
no has tardado,
y estás aquí, latido,
signo allego,
lo indecible absoluto,
sino el hallazgo puro,
el gozo que reencuentro,
el cómplice sentido:
e invádeme de pronto
tu figura.
    

domingo, 23 de agosto de 2015

de Contra toda razón, I

     
                - en el silbo del aire inaprensible y quieto -

Tácito amor, secreto

como el beso,
penumbra secular,
altar y asombro,
alta profanación
para un eterno asalto:
fulgor que crece en ti
y acoge íntegro.
La vida es
sin error. Cesa
un momento
el daño. Remanso
sin olvido.



* (Después de un año, vuelvo a rescatar un poema de Las horas próximas. Este que, tras tres poemas breves que enmarcaban y anticipaban el libro, iniciaba la primera parte, titulada así, Contra toda razón, porque aquel hechizo invernal se abrió, en palabras que guardo, "contra toda razón", es decir, inesperadamente, del mismo modo que, pese a su alto gozo, luego quiso cerrarse, atravesado por su alfa y omega casi desde el principio. He vuelto de Valladolid hace un mes donde he recordado el momento de aquella escritura surgida entre mis 24 y 25 años, poco antes de mi conocimiento personal de Francisco Pino, sin cuya deslumbrante lección tanto este libro como mi escritura posterior no hubiera adquirido del todo su intensidad y depuración deseadas. Sigo creyendo que aquel libro, escrito hace más de un cuarto de siglo, contiene un  homenaje  delicado y sentido a esta ciudad castellana a la que tanto debo. Aunque sin las señales externas que hiciera palpar más su itinerario de enclaves y calles. Tras este fragmento, iban tres más que iré mostrando en los próximos días. Expresaban, y expresan, el momento de la conmoción y lo puro. Aprovecho ahora para corregir un descuido -mío- visto después de editado el libro.)
  

miércoles, 12 de agosto de 2015

Reverso

Hay una parte del viaje en la que se coincide.
Y órbitas que se borran. Y espacios que se mueven.
Todo encierra su ayer desde el origen.
Y la noche que calma
otro día es ausente.
No te asombres ni asustes.
Deja que te comparta lo que no se diluye
y al ulular evoque
sin forma, como el agua,
lo que nunca fue daño, ni fatiga, ni límite.
   

lunes, 3 de agosto de 2015

Un cisne

El despertar tiene forma de muerte, pero es el desprendimiento de una capa de muerte que ha cumplido sus límites. En la metamorfosis es la oruga la que se ahonda y sucumbe. Quien traspasa esa nueva placenta donde ni el aire importa accederá al abismo cuyo espacio se amplia fácilmente ante las alas que lo crucen.
  

viernes, 31 de julio de 2015

Relámpago

Basta un segundo
a la totalidad
de un gesto.

Fresco,
en un guiño,
se agita lo absoluto.

Fulge en los ojos
un arcoíris líquido.

Así en tus labios 
sea el cántico del mundo.
       

domingo, 26 de julio de 2015

Saudade

Cuando uno ama no envejece. Aunque se puede amar lo que no existe o amar lo que está lejos, muy distante. Y esa certeza duele porque sabes que no hay ningún lugar ni te conoces. Hasta que un día la memoria de arena se desprende. Y no valen sus sombras: eres libre, eras libre. La mano abierta antes, es nube, tacto, nieve, un brote.
  
  
* (Este año, la costumbre interrumpida de visitar Portugal y estar de nuevo a orillas del Atlántico no impide la conexión con lo que si se conoce -y aún antes- se hace vivo al momento, se esté donde se esté. Así somos. Hay lugares -y también formas de vivir, sosegadas, amables, especiales pese a la aparente ausencia de relevantes señales salvo las percibidas desde dentro-, con el don de ese encuentro y recuerdo, con esa resonancia que, como decía Antonio Machado de los campos de Soria, "me habéis llegado al alma, o acaso estabais en el fondo de ella". ¿Y quién descubre a quien, qué es lo exterior y lo interno, lo diferente y lo único? He recordado estos dos textos (Ruas e largos sem nome y El portal del instante) escritos en Sesimbra hace cuatro años. Con ellos enlaza esta otra prosa reclinada al sentir de cualquier fado y la conciencia suave de superar esos límites.)
  

miércoles, 15 de julio de 2015

Esos tus ojos

                             a Santiago Castelo

                             "que tengo en mis entrañas dibujados"
                                                    (Juan de Yepes)

Amanece en Mallorca. 
Mientras viajo,
en el perfil del campo una iglesia a lo lejos 
se abre entre las cosechas. 
Los pueblos son de piedra,
mansos al sol que nace.
Miro entre los almendros y las vides
este espacio flotante que no es lo que parece,
ni una isla, ni un lugar frente al mar,
ni un prodigio de tierra en que perderse 
bajo un sol antes griego y un designio pagano,
secreto y poderoso como el aire invisible. 
Aquí ocurre un dolor entrevisto
que otorga a quien acude el poder de encontrarse. 
Ya no estás, Santiago, aunque hasta aquí llegué
tras leer en tus versos la devoción consciente
al caudal de colores de este pulso marino
en cuyo vuelo cabe
junto al verano pleno
y el golpe de la sangre
lo frágil del silencio de un hombre al deshacerse 
o el temblor de la noche y la mirada débil:
esa forma de ser y aceptar este cuerpo, 
su derrota sensible de vivir a diario
sin renunciar a nada que al corazón asombre. 
Aún queda por el aire el iris de tus ojos
dados a recibir la sed de lo radiante,
tan callados ahora, 
tan sensitivos siempre,
vueltos,
aunque se graben
de un modo transparente
en mí y este paisaje,
a lo que ya se fue
y el tiempo leve,
a la fugacidad de estar y ya no hablarnos.



* (Con esta entrada, el blog cumple -y ha llegado- a sus 200 colaboraciones, al igual que un día Carlos Saura celebró a una vital Rafaela Aparicio con unos envidiables y joviales 100 años. Semanas atrás, al ir añadiendo nuevos poemas empecé a preguntarme cuál sería el que ocuparía esta cifra redonda, eso sí, deseando que fuera un poema especial, aún no imaginado, porque la creación es así de impredecible y frágil. Al final, este es el que ha sido, sin que haga falta explicarlo, dedicado a uno de mis mejores amigos, en su relación con Mallorca, y quien tal vez haya sido el lector más alentador y emotivo que he tenido hasta este mismo invierno. Ya algunos poemas del Cuaderno del Verano y luego de lleno Siurell marcan el territorio de plenitud solar y mallorquín de Santiago Castelo, un poeta asomado -pues tras su tempo lento era un ser desbordante e incontenido- a espacios marítimos y viajeros desde Grecia a Cuba pasando por Lisboa o este archipiélago, cuya lectura y comentario minucioso precedieron a mi no esperada estancia en esta isla, y menos por tanto tiempo. Aunque la intuición lo supiera, como ya estaba escrito desde 1985 en la lectura seguida de los títulos de los tres apartados de Las horas próximas, que formaban este poema encubierto: "Contra toda razón / de lo perdido / se abre el mar entre calles". 


Este blog quiere ser agradecido, y no sería tal sin sus lectores, en especial, además de los que secretamente lo siguen para mi asombro según veo en las estadísticas, a los que me arropan con su atención a mis consultas. Por esa ingobernable ley del tiempo, este año he perdido a dos de ellos: Ricardo Senabre y Santiago Castelo, que se unen a esos otros amigos -o maestros- imprescindibles que siguen siéndolo mientras exista el recuerdo: Juan Manuel Rozas, Ángel Campos Pámpano, Jordi Gual... Quiero mencionar el apoyo y afecto, que es gratitud y sentido, que sigo teniendo de Luis Arroyo Masa, Álvaro Valverde, Miguel Ángel Lama o Francisco Javier Irazoki, tan atentos a responder a mis consultas. Y otros más. Sería minucioso contar algunas historias de sorpresa y corazón, o amistades que han quedado con inteligencia y afecto, ¿verdad, Alfredo J. Ramos? Cuento sólo una. O dos. Un día publico un poema a Sicilia en recreación de un viaje hermosísimo -como no cabe de otro modo-, a aquella isla unos ocho años antes. Y me escribe una amiga desde allí: había ido a esta tierra, como otras veces, a visitar el lugar de sus orígenes, con el cometido esta vez de esparcir las cenizas de su padre. Y estando allí se encontró el poema mío.  O como aquella enfermera que me comentó tras leer un poema en homenaje suyo: "lo primero que leí de Ángel Campos fueron sus radiografías e informes previos a operarse. Aquel doctor que lo atendía me dijo: a ti que te gusta escribir, este señor es un poeta muy importante". Hay quien recibe premios y reconocimientos a sus libros. Íntimamente, estos son los míos. Cada lector es un regalo, es un mundo. Si merece escribir, que sigan siéndolo.)
  

miércoles, 8 de julio de 2015

Arcano

                           "yo vengo de las piedras
                             y rehúsan mis huesos
                             lo lejano y lo tibio"
                                                    Silvia Tocco


No esperar. No sentir.
Puedo ahora
moldear el silencio.
¿Ver en él?
Leo un poema tuyo.
La rosa de los vientos
cuando gire
no volverá a esa edad
ingenua y ávida,
impulsada a seguir
día a día un trayecto
entrevisto,
y agudo 
como un grito
cuyos fragmentos
frágiles, y a la vez
decisivos,
recrearan un gesto
que respondiera luego.
Dame ahora esas alas
que recojo
sin sed de cielos rotos.
Hoy que puedo aceptarte
ya descalzado el miedo
y hago de cada hueco
un seno o un olvido.
Esa niña escondida
que aún espera
de nadie
el fondo de los nombres
ha de salir 
y puede
tomar de aquí
la brisa de una mano
que acaricie en sus pies
la desazón,
el dulce titubeo,
el pulso de las noches,
su libertad valiente,
y descanse su piel
y su cabello.
       

viernes, 26 de junio de 2015

Tuareg

En el desierto,
cada sílaba hermana
es una casa. 

Huella de arena. 
Cada hueco, el latido
de una persona. 

A donde sople el viento 
iré contigo.

Como el ave que vuela 
a donde el agua.
   

domingo, 21 de junio de 2015

Marcas

En la mano no abierta
la piel, frontera.

El azogue del tiempo
dentro, qué guarda.

Donde el pie vio una orilla
hay un pozo de estrellas.

Cruza una órbita
de canciones heridas.

Calmo esa queja
en la noche indecisa.

Bajo la umbría tibia
el canto se reencuentra.

El pulso accede
a un crisol de colores.

Para el paso descalzo,
la duna frente al agua.

Quien nada espera
accede a la memoria.

Te lo diría por siempre:

Cuando te acercas
comienza la escritura
de cada día.

A la vez, el silencio,
real como la tierra
que nos dibuja.



* (Y en todo caso, hoy, solsticio de verano, en el día más largo del año, este poema en dísticos con esos dos haikus finales leen de la realidad unas marcas capaces de preludiar y sostener la escritura en la vivencia de un fulgor que se intuye, se asoma, o simplemente pasa cerca y vuela.)
   

viernes, 12 de junio de 2015

Amanecer

Si voy a ti no necesito nada. 
La ciudad donde estás no te rodea
y desde tu interior 
me abre sus puertas
a un rostro y boulevard llenos de música. 
A través de tu piel 
llego a sus fuentes, plazas, árboles,
cafés, teatros, noches y arrabales. 
Una moneda al aire que no cae
y gira y brilla libre y nos seduce. 
Hablo de una mujer hecha de calles
que baila y arde bajo el sol y lluvia

una canción de barro y de libélulas.
Leo en tu voz esa ciudad que duerme
a cuyo lado se despierta el aire. 

  

domingo, 31 de mayo de 2015

Hora cumplida

                                        a Santiago Castelo, in memoriam

Un labio que cruzara entre dos nubes.
Así tu corazón se nos despide.
Sobre la tibia tierra de encinares
y los olivos de templanza antigua,
bajo un rincón al sol será la cuna
de quien gustó del mar y el mediodía,
la tierna mansedumbre y la querencia
de dibujarnos cuando hablaba
la luz de las macetas,
los cantares,
la mano femenina en las labores,
la mirada traviesa,
el frescor de la cal y el agua limpia:
el origen, la casa, aquella infancia.
Viviste, luego escribes. Nos quedas en palabras.
Desde el anhelo de la fe y la vida,
en la hora grave y a la vez serena,
ya desnudo de niebla, ante tu casa
natal a la que llamas... oyes, hay un rumor,
te esperan, ¡qué impaciencia!,
flor es mayo, como un reloj
tu adiós se hace perfil de alcobas
-oh inminencia frutal, libre llanura-,
alrededor elevas tu mirada,
y todo lo que ves, así está bien, y aceptas.
  

miércoles, 20 de mayo de 2015

Despedida a mis alumnos

Ahora que el curso 
acaba y el verano
se abrirá desde playas
y entre noches sin sueño
vueltas al mirador 
de un paraíso -el de la edad
temprana de unos ojos
puros ante el sentido
y la belleza del mundo,
inicial como ellos-
me despido consciente
de lo que un día fui
y veo en vosotros:
el origen de todo
sin más mancha ni peso
que el vuelo de cometas
en un cielo sin nubes
hacia ninguna parte, 
por el gusto infinito
de ondear sobre límites. 
"El tiempo y el amor es ahora vuestro",
deletreo en mis libros. 

domingo, 26 de abril de 2015

Llave

Busco tu nombre
que conduce al mío.
Toco en tu imagen
donde dobla el aire.
Abro la mano, soplo.
Así cruzas. Te observo
sin querer retenerte.
Y vas, vienes... No era en vano
el reflejo hacia adentro
de un don desposeído,
el sentido entrevisto
del vacío en silencio.

  
* (No es la primera vez que, tras la escritura de un poema, la reacción de un lector, inadvertida para quien la hizo, genera la escritura de otro texto que engarza con la creatividad todavía abierta del poema anterior. Este es el caso de estas otras palabras surgidas poco después de ese esbozo de remanso interior que hace unos días titulé "Patio". Y cada poema es un impulso distinto.)
  

domingo, 19 de abril de 2015

Cuanto sé de mí



 
todo 
lo 
                                                se desprende
que 
es 
vuelo 

   
     
* (Este verso, que pudiera ser también un título o un aforismo, y tal vez sólo sea un pasajero autorretrato o selfie -aunque lo pasajero permanezca y dure-, que eso es la reflexión, contiene las lecturas que el lector crea o busque. Qué mejor que su disposición gráfica también fuera libre: esta misma. Jueguen a componer otras varias. A cambio, permítame José Hierro usar el bello nombre de su obra completa. Y Quevedo, esta vez, la admiración de traicionarle.)
   

viernes, 17 de abril de 2015

Patio

En el jazmín conoces
la magnitud más simple.

Bajo su aroma blanco, 
un lugar impalpable

en el aire suspende
el aliento si es frágil.

Quien pierde el alma
sólo a veces la intuye.

Deja que evoque 
su figura la fuente.

Un ave o una hiedra
bastan y la sostienen.

De repente, en un patio, 
la quietud gira libre.
  
  
* (Abril no es el mes más cruel pese al verso de Eliot, por seductor, tan bello. Ya ha cesado el frío, la luz y los días son más largos, quien esto escribe cumple años. Se abre el deseo o el presentimiento de lo mejor que también somos y nos merecemos. Pese al peso invisible que deshacemos hace años al lado de estas ráfagas de lo intenso y translúcido. Su inminencia devolvería el gusto y sentido -el centro- que buscamos en lo cercano, en lo pequeño, en nosotros. Ahí, a un paso.)
  

viernes, 27 de marzo de 2015

Otra jornada

Frente al extenso mundo
saber estar en pie era el secreto. 
Ninguna otra manera
desvelaba su esencia,
daba fe de su paso.  
Con proseguir bastaba. 
Tarde o temprano el tiempo 
asaltaría certezas
o minaría lo cálido
hasta dejar la marca
del frío alejamiento,
o incluso más, la desaparición
de lo más íntimo. 
Persistentes cenizas
quieren amenazar 
el comienzo del día. 
Un momento en que todo
parece ya vivido
o llega a nuestras manos
como un eco o recuerdo 
más que un impulso limpio. 
Son días fatigosos de un invierno
pertinaz y abusivo,
lejano a lo correcto, 
y a la vez inclemente. 
Saco de mí este rostro
impuesto y pegajoso. 
No pienso en más futuro
que lo más inmediato. 
Quiero creer que existe
todavía un sentido:
algo más que seguir. 
Estar de pie no es todo.
Son días en que la vida
nos ignora o impide. 
Cabe huir de estos cielos 
quemados que son suelos escasos. 
Sentir más limpio el aire. 
Esperar el transcurso. 
No es posible perder
lo que hemos sido y somos. 
La piedra sigue ahí. 
También el árbol. 
A su sombra, nosotros,
seres más pasajeros,
sostenemos la luz
que hace posible vernos.  
Ni podemos caer. 
Hay veces que la vida sucede
por encima de todo. 
Casi nunca pregunta. 
Respiramos. 
Y queda una ambición. 
Un deseo de avanzar.
Algunas persistencias.
Claridad en la voz. 
El color de unos ojos. 
Y aprendo a darme cuenta:
Nada es fijo
y el aire son mis huesos.
  
  
* (Dudé de dar a luz este poema, días atrás todavía inseguro e incompleto, surgido en algún momento de febrero que no feché, y reflejo de ciertos periodos densos como ha sido este invierno en general para muchos -y no sólo por la dureza del frío-, que de cara a escribir, por ejemplo, lo impedía todo, no sólo la pericia, como también una visión o mejor tono. Pero al final veo que expresa un testimonio real de esos días que cuesta cruzar más y no cabe evitarlos. Tras cuya prueba quedan o no en pie nuestras convicciones y fuerzas que no deberían caer. Hoy, 27 de marzo, solía ser el cumpleaños de mi madre. Sin que esté ya ella aquí, quiero sacar la reflexión  de esta  'otra jornada' con gratitud, en su memoria.)