domingo, 31 de mayo de 2015

Hora cumplida

                                        a Santiago Castelo, in memoriam

Un labio que cruzara entre dos nubes.
Así tu corazón se nos despide.
Sobre la tibia tierra de encinares
y los olivos de templanza antigua,
bajo un rincón al sol será la cuna
de quien gustó del mar y el mediodía,
la tierna mansedumbre y la querencia
de dibujarnos cuando hablaba
la luz de las macetas,
los cantares,
la mano femenina en las labores,
la mirada traviesa,
el frescor de la cal y el agua limpia:
el origen, la casa, aquella infancia.
Viviste, luego escribes. Nos quedas en palabras.
Desde el anhelo de la fe y la vida,
en la hora grave y a la vez serena,
ya desnudo de niebla, ante tu casa
natal a la que llamas... oyes, hay un rumor,
te esperan, ¡qué impaciencia!,
flor es mayo, como un reloj
tu adiós se hace perfil de alcobas
-oh inminencia frutal, libre llanura-,
alrededor elevas tu mirada,
y todo lo que ves, así está bien, y aceptas.
  

3 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

Excelente homenaje a una persona, y un poeta, excelente. Descanse en paz.

E.R.A dijo...

Maravilloso poema!

Luis Arroyo dijo...

Es tremendo que la muerte se lleve a los amigos. El recuerdo de Castelo está lleno de alegrías, abrazos, risas... Imposible olvidar su vitalidad, su charla entrañable. Le conocí en 1977, en Don Benito, una de las veces que ganaste los Juegos Florales del Claret; después he coincidido con él en muchas ocasiones, siempre en el mundo de la poesía y siempre cercano. A partir de ahora, sólo le tendremos cerca cuando abramos un libro suyo.

A Castelo, le habría gustado tu poema.

Carlos, un abrazo.