sábado, 31 de diciembre de 2011

Calle con losas

Lo que el aire no da ni tú me quitas
deja por esta calle curva, antigua,
más que desolación llama
e incógnita. En la pared que nadie advierte,
la cal que se deshace
como lluvia.



* (Para cerrar el año, y estando ahora de nuevo ante el invierno y calles de Valladolid que fueron su fondo, valga este poema que a su vez concluía Las horas próximas. Algo así como volver a aquel momento iniciado en los últimos meses de 1985 y remover el aliento de niebla de aquellos paseos nocturnos, helados, por calles sin grandeza que llevaban al río o a cualquier otro rincón de la ciudad superviviente de otro tiempo. Como si fuera un brindis -hoy que habrá tantos-, alzo el abrigo de lo íntimo por todo lo menor y persistente, como la fragilidad de esta órbita que quiso diluirse con el frío. Un verso final de aquel libro decía "se abre el mar entre calles". Con varios años de antelación, la escritura poética ya sabía de la inesperada geografía insular donde ahora es mi residencia. La palabra no sólo rescataba lo mejor sino que anticipaba la vida.)
     

domingo, 25 de diciembre de 2011

Alacena

Nos aferramos 
a sensaciones básicas:
así ahora,
una naranja dulce
mordida al mediodía.
Intensa miniatura
donde ofrece la vida
esta paciente pulpa.
La intemperie no impedirá otras calmas:
en las cálidas formas
posibles, pasajeras,
asomadas al tiempo
del sabor de las horas protegidas.
   

lunes, 19 de diciembre de 2011

Lo que acepto

En el rostro que miro está la imagen idéntica del mundo y de mí mismo. Me suceden las cosas que contemplo, busco la claridad de lo inmediato. Y hay un hueco en mi mano, y en mis pies, y en mi cuerpo que no temo. No interfiero, no rompo, no poseo. Y al ser, concedo y siento algo que da la mano: suficiente fragmento que por hoy necesito.
   

lunes, 12 de diciembre de 2011

Dos señales

Rumor de carta.
Pero cómo decírtelo,
al vuelco ausente.


Miradores sin nadie.
Y el aire que no espero
me voltea.
  
  
* (Hoy es el cumpleaños de una amiga de siempre, Lucía Mera, que aunque no nos vemos hace años -los muchos que no he vuelto por la tierra- sigue mostrándome en su voz al teléfono su derroche vital que no ha frenado nada o nadie. Si un día se reunieran, guarda una serie de poemas dedicados por varios autores extremeños que celebraron su encanto juvenil y adolescente. Tal vez el más antiguo sea el mío, recogido en Corro, al que ya haré hueco aquí, pero conozco también los de Manuel Pacheco, Santiago Castelo o Antonio Mª Flórez, gozosos y entrañables. Si su belleza y espontaneidad merecieron entonces esos versos, yo hoy brindo, sonriente, que me siga llegando todavía su lección de coraje y afecto a prueba de los años. Al sacar estas otras dos jaiquillas inéditas que quedaron fuera de A lo breve, me permito precisar algo, pues el nombre de esta estrofa fijado finalmente por Rosa Chacel no hubiera sido posible sin que un día Lucía, al leerle aquellas breves piezas de Antonio Piedra en una visita veraniega a su casa de Don Benito hace ya tanto tiempo, me dijera: "¿me lees otra vez esas 'haidillas', Carlos?" Y haidillas encantó a Antonio, hasta que la lucidez rigurosa de Rosa precisó el nombre definitivo. Que conste.)
  

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Correspondencias

Un ciprés en Mallorca
en mitad del paisaje
no alude a camposanto,
es en hilera linde
o afila cortaaires.
En Villalón de Campos
Cortalaire era el chopo
que enebraba los vientos.
  
  
* (Cuando en Valladolid conocí a Antonio Piedra a mediados de los años 80, por cierto, esperando ambos para saludar a Claudio Rodríguez al final de un acto, recuerdo desde mi primera visita a su entonces casa de Villalón habernos acercado paseando, junto a la juguetona y cariñosa Mosca -una perra que al mencionarla me dulcifica todo este tiempo-, hasta un chopo aislado que llevaba este nombre, a un paso de las cárcavas de aquel páramo. Tiempo después, cuando en la Fundación Jorge Guillén Antonio quiso sacar una colección de poesía todavía sin nombre, la sugerencia de aquel paraje, mencionado además en una de sus jaiquillas de un libro por entonces escrito y llamado inicialmente Sobre el bálago -al que una mano del sur renombró más barroco-, hizo que la colección recibiera el de Cortalaire. A tantos kilómetros y años por medio, el cruce de una noticia y de esta imagen me hizo recoger en verano este apunte.)
    

lunes, 5 de diciembre de 2011

Arroyo claro

Hay días marcados por la desorientación de sentirnos en terreno de nadie. Sin tener claro el sabor de lo nuevo que hacer o el gusto de reencontrar lo ya hecho. Posiblemente son días que desean otros ritmos, o cambiar los espacios y abrirlos, o sencillamente salir y dejar todo un tiempo y no pensar ni exigirnos mucho. Son días en que el cuerpo necesita otro anclaje que todavía desconocemos, para lo que no resulta adecuado someterlo a un afán de logros y compromisos. Tan sencillo como saber salir de la exigencia de cualquier hábito conocido y esfuerzo, porque en lo que intentamos sentimos el sello de un malestar, o de un lejano olvido que, de donde proviene, a la vez nos conduce a nosotros mismos, sin ningún premio o satisfacción de momento. Todo esto para hablar de un descanso más allá de lo físico. El que nos lleva a la claridad de respirar en un paseo al aire libre, o el que otorga el silencio con el que remansamos la aparición -habitable- de estos túneles. Son los días en los que el extraño que somos ha llamado a la puerta para caer en la cuenta de algo y nos vuelven las sombras de las baladas de Lorca en boca de los niños. (1) 
  
  
* (Con la colaboración de hoy se cumplen cien entradas de este blog. Desde hace unos días incubaba la incapacidad de saber seleccionar la de esta fecha. No encontraba ni un texto nuevo ni tampoco uno hecho, ya reciente o antiguo, con el que sentirme a gusto. Como la fiebre, debido a estados subjetivos. Y un blog tiene su parte de diario. Al final dejo esta reflexión de hoy mismo, que pone nombre a un estado real e indefinido, y a la vez persistente y pasajero. Sabiendo que la vida no es una foto fija, y que su recorrido y mudanza nos obliga a sentirla antes de esa costumbre de atraparla en conceptos.)
    

jueves, 1 de diciembre de 2011

Al alcance

Bajo el sol del invierno
que ilumina sin brasas,
en un paseo contemplas
sorprendidos membrillos
cerca de unas granadas.
Retornas y los buscas.
Hacia el frío, otros frutos
todavía maduran,
preludian en el aire
una ingrávida fiesta.
Y al margen del cansancio
de los años y días,
recobras esta imagen
sabia de los sentidos.
Es un cielo que incita
a proseguir la vida.
Todo estaba al alcance
de la raíz que espera.
Hay perdidas semillas
que se helaron tempranas,
y a la vez en el aire
residen estas formas.
Del interior de un árbol
se levantan las aves,
fijan la geografía
frutal de las afueras.
  

viernes, 25 de noviembre de 2011

Ladera

                 a Agnès Marin


El filo del puñal
cuando se oxida
cede su tiranía
mineral a la tierra.
   
A la barbarie
y el silencio del hombre
cubrirá un túmulo
de matas y lentiscos.
   
Y entremezclado
con sílabas de agua
hallaré tu reflejo
y risa limpia.
  

domingo, 20 de noviembre de 2011

Agnès, cordero

Acontece una extraña visita de lo verdadero y terrible:
lo mismo en mi ventana revolotean pichones
atrevidos hoy,
que en una carta hielan los ojos calcinados 
de alguien que así conoces, joven:
los dos hechos conviven y nada es -difícil y extrañamente- 
en vano, pues sucede:
en el dolor que hiere,
el desconcierto
del corazón que mira amable cómo el viento mece los abedules
y de siempre sostiene la mirada en los ojos de la gente
es tanto que hoy se rompe.
Hubiera dado todo por mantener
tu nombre y dimensión sonriente a diario, Agnès.
Mas otra vez asiste despedir
lo frágil y naciente.
Un final delicado se repite
con forma de mujer, sin lugar a expresarse.
El aliento que iba 
a continuar lo mejor de nosotros
o permitir lo inexplorado y admirable
ha sido mancillado. Su truncamiento
obliga a derramar sobre ese tálamo sin flores de tu frente
un elevado amanecer que nos sostenga.
Vuelve a decirnos, en un signo fugaz igual que un aleteo
o un tornasol entre las nubes,
que en ese breve manantío que fuiste
del que nos despedimos sin quererlo
no hubo, hermosa niña, error,
ni en el miedo que nos vacía insufrible
se pierde nuestra luz y tu coraje.
  
  
* (Ayer sábado recibí por la mañana una carta de F.J.Irazoki compartida a varios de sus amigos exponiéndonos la tragedia de una joven y hermosa adolescente francesa llamada Agnès Marin cercana a los 14 años, desaparecida el miércoles a la salida de su Liceo y cuyo cuerpo sin vida se encontró el viernes noche carbonizado en un bosque. Era hija de unos amigos a la que había tratado desde niña. La brutalidad irreparable del suceso difícilmente puede ser consolado con palabras, pero de algún modo el dolor ha de ser recogido y salvado de la fría saliva de la indiferencia.)
           

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Orbe

                                      antes de respirar no cabe el sueño,   
                            después, si late el mar, comienza el pulso


La belleza se arriesga en lo difícil.
La orquídea, el colibrí
cruzan también la muerte.
Lo que nace y se rompe
quiere saber. No huye.
Elige ser sin ser:
final o fuente, mientras
aquí, delante,
el espejo se abre
sobre el mínimo origen:
una gota de agua
en donde el sol recorre
la semilla del aire,
el reflejo del mundo
intacto e inabarcable
de lo que ves y eres.
   

viernes, 11 de noviembre de 2011

Noviembre, junto al fuego

Dentro de los bolsillos,
al remover minucias y el vacío,
los ojos necesarios
que recogen el mundo
y la voz de tabaco
modulada en recuerdos.
Quien retuvo migajas
como manjares hondos
incluso en su silencio
hace cálido el aire.
Todo final abrupto
a la vez permanece.
En el hogar acoge
el humo que arde lento.
  
  
* (En correspondencia a unas cartas y conversaciones recientes, este poema fue escrito pensando en Elías Moro y el sabor cuesta arriba que me contaba de meses como noviembre que han acumulado el aniversario de amigos fundamentales que se fueron -José Viñals, Ángel Campos. Desde esa cordialidad tan espontánea tuya, me era difícil oírlo sin que me afectara lo más mínimo. Por ti, por ellos.)
  

domingo, 6 de noviembre de 2011

Cotidiana

Los ojos pueden un día ya no ver y saben, y la vibración de la voz al nombrar contiene el valor y la audacia de todo lo que existe. Nada es en vano ni pasa inútilmente, y menos nadie si tiene la conciencia del que, al abrirse el día, vive lo que ante él cada mañana ofrece.
   

martes, 1 de noviembre de 2011

Friso

Esta noche,
el cuerpo no acompaña
a la avidez que siente.
Y cree que es de tristeza
la materia del sueño.
Por eso en el abrazo
late callado el aire
o el calor de la carne
conoce que es profundo
dibujo de la muerte
su rebelión y pulso,
el rastro del deseo
que interroga sediento
la forma inaprensible
de un paréntesis.
  

miércoles, 26 de octubre de 2011

Ante el invierno

                                                   Sé y a la vez no sé de muchas cosas,
                                                   y no he venido a ser ejemplo ni camino de nadie,
                                                   ni una forma obligada o trayectoria útil.
 
 
Soy el superviviente de mí mismo.
Con los años cada pasión alcanza su vacío,
pureza o levedad
con la que ven mis ojos
tibios y preparados para mirar más lejos.
Sólo la voz contiene -y ejerce- ahora todo.
Y el cuerpo deja el rastro lineal del silencio,
del hermoso sentido lúcido de un destello
al mediodía limpio sin declive vivido.
Como escalar el tiempo bajo esa necesaria
comprensión del que sabe que el triunfo era otro.
   

viernes, 21 de octubre de 2011

Centinela

Al olvidarse de sí mismo, el escritor aparta de la vida una sombra y entonces puede verla. Así, sabe quien habla. Y la palabra y él llegan al mundo.

Si se ha sentido el ámbito preciso de lo mínimo, cómo volver para contarlo.
   
 

* (Hoy es el cumpleaños de F.J. Irazoki. He imaginado el sonido de su nacimiento en aquel caserío de Lesaka que visité hace años. En su voz persiste el mismo pulso de quien desgrana el tiempo asomado al reflejo del pozo que dio de beber a la casa y los pájaros. Por eso viajó lejos, con las vocales sin daño de sus ojos. En ti cupieron lenguas que no entienden de guerra ni se manchan. Y una red con el nombre de todos los amigos. Un abrazo.)
   

martes, 18 de octubre de 2011

Dos reflejos

Tu risa escala
futuro, día.
  
Mezco en el agua
aventura y semilla.
  
Cómo no ser
blancor, mañana.


          * * *


Entorno claro,
y oigo, brisa serena,
sed sin centros.
  

miércoles, 12 de octubre de 2011

Vivaldi nos asalta por sorpresa

                                               Descalzo las esquinas de un triángulo
                                               inerme, inacabado y lluvia,
                                               descoso en alacranes
                                               y voy como bajando
                                               recodos vulnerables de placentas,
                                               una estación donde Vivaldi
                                               está muy triste,
                                               donde tu cuarto crece
                                               y nos inunda,
                                               y hasta tu voz se viste paranoica
                                               intermitente de polillas.


Los curas pelirrojos se suicidan.
Noticias como estas no están en los
periódicos, y no hace falta descubrirlas
a los pies de la gente. Lo efímero
lo advierte. Y usted, usted
que no comprende sino labios de
amor y en este río me dice que es
tristeza mirar la cumbre de los árboles,
esconde lagrimones que le ruedan
como niños perdidos por sus ojos.
No hay estación donde subir
su sueño de violines
y esta noche lejana de palomas internas.
    
 

* (Un salto atrás para volver a este poema juvenil de cuando la escritura se poblaba de imágenes y una musicalidad que inundaba todos los sentidos. El modelo que había supuesto Canto de la distancia de María Rosa Vicente y el interés por cierta poesía de irracionalidad metafórica de aquellos años explican este enfoque. El lenguaje descubre el hechizo del mundo recreado con la intención original de lo intacto. Como decían entonces los jovencitos donostiarras de Cloc que se habían dejado caer por el Don Benito del 77, había que ser con la capacidad de pureza de los ojos de un niño. Incluido el autor, es evidente. Aquella tarde de Valladolid, ante el asombro de una inesperada pieza de Vivaldi en la radio, aquel joven escribe, como un Magritte o un Chagall, unos sueños que en su fragilidad quedan a salvo. Se me ha preguntado alguna vez, pero la disposición de los versos respeta la espontaneidad de aquel instante.)
   

jueves, 6 de octubre de 2011

Saber

Si la muerte desnuda
todo el saber no vale,
que morir no es mudanza,
es el tiempo que borra.
Lo advertía el olvido
desde su transparencia.
Deja correr la vida.
Detrás de la materia
cae el velo que falta.
    
 

* (Hace unas horas se supo del fallecimiento de Steve Job, con 56 años. Anoche mismo lo había recordado, mientras deseaba que estuviera bien. ¿O fue así el modo de haberme despedido? Nos vamos en silencio, pero reconozco en su paso algo admirable y limpio. Quien lo haya conocido, sabe que era profundo: Concebía lo hermoso e hizo fácil ir lejos.
   

sábado, 1 de octubre de 2011

De regreso

Miro otra vez las plantas del jardín tras mi viaje.
Toco el verdor que me ha aguardado.
Es lo que espero.
Poder mostrarlas cada nuevo día
como una ofrenda limitada, clara,
de un breve espacio recibido.
No sé si el mundo entero está en mi mano,
pero en el cuenco de esas flores
entrego una razón y un equilibrio.
Al aire apuntan, y una raíz del cielo
devuelve al rostro del relieve mío
el sueño abierto de un remanso.
La umbría que buscamos
conduce al corazón y a la memoria,
como el musgo paciente está en la piedra.
Una mañana verde, no la historia me calma.
Nada más dulce que una mano,
y sin embargo temo su dureza y hurto.
Será la tierra la que cambie todo,
no su habitante ajeno al suelo limpio.
   

lunes, 26 de septiembre de 2011

Aguardando la luna

                             a Fernando Aramburu, perseguidor de lunas

Al cabo de los años
en los días sin fuerzas
y ante un fondo de abrojos
no esperado, plomizo,
que se abre de repente,
me contempla la luna.
Desdibujada incluso
se introduce en el día
más allá de la noche
sobre cualquier espacio.
Como si no importase
bajo su luz idéntica
a los ojos por siglos
lo que sucede al cuerpo
pero que no lo vence.
Porque el peso deriva
de esta enorme distancia,
de una memoria rota
en la mortal materia.
Trece veces al año
ella también conoce
el impulso que mueve
su paso y plenilunio,
la marea permanente
con la que agita algo,
la aspiración que tiene
su sombra y su linterna.
  

martes, 20 de septiembre de 2011

Nueve notas

1. Cuando los lugares nos reconcilian con lo mejor de nosotros, sólo entonces alcanzamos en ellos lo que no estaba antes, sea un reflejo del mundo o nuestro.

2. Lo importante no es lo que escribimos sino a donde tras una vida de escritura llegamos. Lo primero pudiera ser un logro compartido; lo segundo es lo que, si al escritor le han revelado algo sus palabras, o queda en ellas un poco de verdad, le sucede hacia adentro. Para nada es la fama ni el protagonismo.

3. Si la poesía no es más que un arte ornamental o un entretenimiento, algo muy importante de su sentido original se ha olvidado, aquel que conducía a descubrir y a hablar desde la esencia de las cosas, un modo, además, alejado o incompatible con la retórica.

4. En el terreno literario, la consistencia de un autor no reside tanto en el acarreo de erudición y técnica -ineludibles y aconsejables, pero en el fondo, común también al bagaje de muchos que no escriben- como en saber orientar la capacidad de escribir al sentido más creativo e incesante de las intuiciones.

5. La palabra poética es una moneda desigual. A veces predomina en ella el juego de las voces sobre el papel, otras enlaza con las claves de una experiencia y reflexión de una manera singular de vivir en el mundo y recibirlo, o responder, o verlo. Pero esa ligereza y densidad es necesario que se den y que se alternen.

6. El valor de la palabra en la literatura, como también en la vida, depende del fondo o el lugar al que las conectemos. Por eso una misma palabra en distintos autores produce sensaciones diferentes.

7. Y, a la vez, en la palabra de cada autor reside un adn que recoge quién es y que se sostiene sobre todo lo que escribió y a él responde. Hasta su forma de andar y de dirigirse al mundo pudiera reconstruirse a partir del tacto y vibración que dejó y que emite lo que escribe. Pero ese adn a quien revela más que al autor es a los genuinos lectores sin los que el libro no mostraría esa parte sutil que también dice. Como el zahorí, ellos sienten, ellos conocen.

8. Así como en una página o expresión queda reflejado su autor, y plenamente ellas nos devuelven su imagen, en las sucesivas palabras por él escritas está el pasaje, a la manera de un álbum de fotografías, de alguien tan parecido como paulatinamente distinto. Pues a través de sus páginas, siendo el mismo, es otro. Nadie existe ni escribe ajeno a la experiencia cambiante y decisiva del tiempo.

9. Al escribir, también se indaga o se reconstruye la belleza -se retorna a una fuente-, y se activa un disfrute -donde poder volver- menos perecedero, más constante.

pd: en ocasiones, el sueño del lector es un consuelo similar a la recreación del poema en la voz del amigo que de este modo permanece: "esa sabia costumbre de los ríos / de morir en el agua o en el aire". La literatura era sólo una parte de la valía de estos hombres. El escritor era más grande que su obra. Y en ambos, autor y obra, uno hallaba bondad. Lo más hermoso fue conocerlos, pero en su ausencia sus palabras escritas nos recobran, al volver a leerlas, su vivencia, el recuerdo.
   

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Estanque

Un barco de papel donde navegue
por siempre Laura.
A la altura del mar ese volante
rueda, humedécese.
Obleas y carruseles era el parque
a donde regresaba como el agua.
Yo te llamaba en sombra
desde el puente de hiedra de los árboles.
Buscaba algo en el aire. ¡Oh, si me miras
un regaliz resbala hasta los peces,
una paloma descendía a mi alma!
Eterna niña y fuente,
pon el pie en esa orilla.
¿Ves? Zapatito de algas.
¡Mira! El dolor no existe.
  
  
                                         Valladolid, Campo Grande
  

viernes, 9 de septiembre de 2011

Rompimiento

En tu boca la vida da la mano a la muerte.
Porque hay días con palabras
que apenas nos sostienen. Si hablas,
una llaga que teme dejar
su aliento sobre lo que contempla,
te invita a retenerla. Si toca el mundo
mancha, aunque lo ame. No es advertir lo roto
y declararlo. Ahora todo lo es un dolor yermo,
incluso tú, o el tú, y no hay voz,
aunque el eco resuene, capaz de huir
u ofrecer otro fruto, un juego de la luz
en el que refugiarse.
  

lunes, 5 de septiembre de 2011

Al comienzo

Cuando un texto pide paso, hay que dejarlo salir con su forma y sus palabras. Yo soy el primer asombrado a la hora de reconocer su identidad y ritmo. El poeta, que conduce, ha de respetar ese intento de manifestación de algo nuevo. Interferir es lo contrario a la creación que nace, si es que queremos que a través de nosotros se expresen nuestras claves y tome nombre lo que hasta ese momento era desconocido o nebuloso.
  

jueves, 1 de septiembre de 2011

El fin de la avaricia

Asombrado desgranas
la belleza minúscula.
   
Bajo tantas semillas
la luz se descompone.
   
Donde se abren las puertas,
el silencio precede.
   
Así la piel vacía
disuelve, olvida, entra.
   
Una clave no escrita
que estaba en ti respiras.
   
La densidad del cuerpo
atraviesa la nada.
    
  
* (Hoy hace un año que nació este blog, isla de lápices. Su nombre ya lo tenía desde el mes de enero anterior, pero el momento de la aventura iba siendo aplazado hasta que esa noche del 31 de agosto previa al comienzo de mis tareas de clase me propuse iniciarlo con las tres primeras entradas que ya tenía en mente para su arranque. Fue un salto por completo al vacío, de la mano del atrevimiento y del vértigo a algo desconocido. He de reconocer que la travesía fue sin embargo favorable y sin miedos. Cada ocasión fue reclamando su presente. Escribí lo que sin la atención exigida del blog nunca hubiera surgido. Y rescaté una muy pequeña parte de lo alguna vez publicado, y algo más de lo escrito y guardado en veinte años de predominante silencio. Ahí quedan 80 entradas, y el pulso de un año con reflexiones e imágenes de lo que ante mí tuve. Hubiera deseado que el mundo fuera más amplio. Sobre todo cuando se vive en una isla hace años con la ambición positiva de querer ir más lejos. Que en el fondo es adentro. Pero cualquiera puede procurar captar, como los escritores viajeros de los haikus japoneses clásicos, el instante, las sensaciones y a ser posible la sabiduría de la vida que discurre cerca. O ir a por ella. Nada de lo que he mostrado aquí lo hubiera podido hacer sin esa imagen del mundo y la compañía de sus elementos. Aún desde el riesgo de lo que desconozco y no ha sucedido, sólo por el esfuerzo de este año tengo la sensación de que algo es más fácil, para así sostenerlo. Ha sido un inesperado paso del viaje. Y como siempre, vuelvo a no saber si tendré de nuevo palabras a mano con las que referir algo. Sí que expreso una gratitud sincera a los lectores y amigos que han mantenido este tiempo su interés y diálogo, desde los más invisibles a los cálidamente cercanos.)
  

sábado, 27 de agosto de 2011

Saber de niños

A la vuelta de una tarde de baño en una playa sucedió la conversación siguiente. Yo andaba con los pies por dentro de la arena y le dije a mi hija: - Marina, mira, mis pies no se ven, son un metro. 
A lo que respondió mi mujer: -No le enseñes esas cosas, yo una vez así me rompí una uña.
Un poco decepcionado contesté: -Por favor, no es para tanto.
En ese momento, como un árbitro repentino e ingenuo, la pequeña intervino.
-Oye, no discutáis. Sois diferentes. Papá con los pies hace un metro. Y tú, mamá, ten cuidado y no te hagas daño con las piedras.
Hubo que sonreír y mirarnos antes de, al salir, sacudirnos la arena todavía pegada con la toalla.
  

martes, 23 de agosto de 2011

La cala

Cuando la tarde es nombre,
y el pino una palabra,
y el mar en oros muestra
una eterna memoria
indescriptible, ingrávida,
cuya luz nos pronuncia
entrando en cada célula,
y su fanal no quema,
sencillamente limpia,
qué voz no arriesgaría
más clemencia de soles
antes de que decaiga
este espejo en su fuga.
Dorado se mantiene
el sol, cuerpos, espigas,
el perfil de las sierras,
el vaivén de las olas,
la paz de los insectos,
la intemporal nostalgia
de volver a este instante
y a la vez haber sido
su fulgor y su huella.
Un oro permanece
sobre el espacio a pulso
y sostiene el deseo
de no ser transitorio.
¿Y si es verdad? Atiende.
No sea que en los ojos
tanta luz no se pierda
y ofrece tus palabras
a este ocaso que vibra.
  

viernes, 19 de agosto de 2011

Lección de Rozas

Ni siquiera se escribe para uno mismo. Se escribe porque se tiene que escribir. Leer luego es un recorrido de espejos por nosotros y el mundo a través de una selva incesante donde todo se forma, para ver en lo dicho, accediendo a los nombres, entrando en lo nombrado.
  
Y hay un bosque de signos donde entendemos de otro modo. Decir el aire, la luz, los elementos. Un lenguaje sin peso, donde la voz se abre y el instante se inicia. Pero también la palabra que cae, la del tacto que rompe y exige para sí lo que nunca fue fácil, en lo desposeído y lo negado. La armonía y el daño convergen en lo mismo, un idéntico espacio, un territorio limpio.
   

martes, 16 de agosto de 2011

Indolencia

En la laguna,
la arcilla recrea
siluetas de sombra.
  
Debajo del agua,
el maíz y la arena
de una mejilla.
  
Cuando caiga la noche
tendrás sin falta
la palabra que buscas.
  
Pregunta siempre
a la lechuza
el camino de vuelta.
  
(Sesimbra/Lisboa)


* (Este poema, terminado de hacer el pasado 26 de julio en el aeropuerto de Lisboa, evoca, en la vitalidad de unas sensaciones simbolizadas en el agua, ocho días de un especial remanso en tierras portuguesas a orillas del Atlántico. Como si uno hubiera venido aquí a reposar en sus fuentes. Debe ser esa la relación con lo magnífico: disfrutarlo de corazón unos días cada cierto tiempo. Al leerlo, por la ventanilla del avión estaba el mar de paja del estuario del Tajo. Y el sabor del retorno. Hasta siempre.)