miércoles, 27 de julio de 2011

El vértigo a lo simple

Cuando el presente sabe a derrota, reviven solos los recuerdos. La vida se resiste a no seguir un cauce y aviva en la memoria sus indicios. Cualquier asociación hace volver imágenes donde encontramos los remansos que parecen ausentes. Algunos, los de la soledad, siempre suceden para devolvernos el frescor y la paz de los ojos de un pozo. Son más escasos los que reflejan la armonía en el espejo de los otros, o del otro más íntimo cuando el roce con él sólo conoce lo que hiere y reclama una cíclica muerte o un gesto irracional sobre lo que no entiende: el vértigo a lo simple. Sólo si fuera danza lo terrible sería un hechizo fascinante, pero el fuego es estéril sobre la flor que invade. Y es necesario el aire, el silencio y el aire, la soledad y el aire, la distancia y el aire para borrar las piedras de los huesos y remover las zarzas del espacio diario. Un hueco, sea cavidad, cobijo o madre del que brotar distinto, y así cruzar la orilla que es vadeable y fértil, limpia de luz y pájaros felices ante quien quiere un despertar sin peso y llevarse a los labios el sabor de lo libre.
   

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

Precisa y atinada esta variación, tal vez, del horror vacui, donde tan bien queda conjurado el desmedido afán de estar donde no se es y se apuesta por la levedad del despertar de cada instante. Me quedo, en el vuelo del poema, con esas idas y venidas que hacen del aire, de la libertad respirada, el elemento esencial del ser.

Me fascina la estructura del texto, su tesitura a mitad de camino entre la prosa rítmica y el poema en prosa (cuestión de nombres), las perceptibles pero no sonajeras rimas internas, el tono meditativo que consigue hacerse canto.

Si es un fruto luso, un motivo más para saber cuánto le seguimos debiendo al costado occidental de esta pell de brau*.

Un abrazo, Carlos

*brau*: mera curiosidad verbal que me apetece compartir, esta palabra que en catalán designa al castellano "toro", en ciertos enclaves galaicos (Riberira sacra orensana, por ejemplo) se emplea para referirse al verano (que en gallego normativo, pero tal vez más castellanizado, se dice "verán"). Que el toro y el verano tenga algo en común a través de esas "trampas para capturar impresiones fugaces (mariposas audaces)" que son algunas palabras, me parece un síntoma poderoso del poder de la(s) lengua(s).