domingo, 30 de diciembre de 2012

Travesía

Tus palabras son bellas.
Dime si me devuelven lo perdido.
Ahora suenan,
vibran como las hojas
que anticipan lo nuevo.
Repiten en el aire
su mejor plenilunio.
Y dejan en los dedos
un reflejo distinto
al que acudir por siempre.
Las palabras no dichas
ni poseen el silencio,
ni el tiempo que declina
las conoce.
Lejos de lo inmanente,
oscurecen los límites,
sobrecogen los gestos
cuando cruzan la tarde.
   

viernes, 21 de diciembre de 2012

Alto

Volver.
Un movimiento interrumpido.
Así, de paso.
Lo hilvanado, un fragmento
caído de sí mismo
o tan completo
como un árbol creciendo.
Me sumerjo
al momento desnudo,
exento, inicial, lúcido,
en donde lo que nombro
siente el claro propicio
del día sucedido
desde la ligereza de lo intenso
hasta la tentativa
de su pulso.
   

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Alcor

Nunca una palabra más en vano.
De todas las que sobran e interfieren los días,
que herrumbran de espesor la mirada y el tránsito.
Salgo un domingo a caminar y miro
al cielo abierto donde nada incomoda
y es armonía cambiante para aquel que lo espera.
Me adentro en este espacio al que pido de nuevo
que deje en mí su alzado indesmayable,
su vocación fundida por completo en el todo,
esa conciencia sensorial de lo puro
sentida en torno como única memoria
para un legado que no pese luego.
Hay que dejar atrás todo el humo o la sombra
que hicieron de la voz un manantial de lodo.
Aparto sobre esquinas de grandeza
meras cadenas de un hablar profano
en las que, si confío, encuentro muros.
Ya no más pretensión ni cegadas cavernas
donde la confusión fue grisura en los ojos.
Antes la vida intacta cada día anunciada
que el legado mohoso que intentó suplantarla.
La voz ha de callar para oír de otro modo
bajo la transparencia de esta luz en las formas.
  

viernes, 23 de noviembre de 2012

La semilla en la nieve

Quien aguarda un nenúfar
sólo obedece al aire.

Supo volver a casa
y a la vez fue horizonte.

¿Cómo expresar las formas
del frío suavemente?

Vi su clara presencia
a salvo de la noche.

Abrí el balcón, y unía
una voz que era dulce,

una palabra limpia
para el vuelo de un pájaro.

Los sencillos lugares
todavía me sirven.

Soñé también el mar
y una ciudad sin gente.

Volverá tu mirada
al compás de los parques.
  
  

* (El próximo 25 de noviembre se cumplirán cuatro años sin Ángel Campos Pámpano. Sólo por él he sido capaz de romper el silencio creativo y la densidad de mis últimos meses, de algún modo anticipada en un poema de agosto de 2011 titulado Apariencia de límite. No seré el único que lo recordará de nuevo: ahí estarán los blogs; o en su pueblo natal este año hablará de él Luis Arroyo Masa; y releyendo sus poemas habrá un sinnúmero de quienes lo conocieron y trataron, incluidos sus alumnos, que lo tengan presente. Hace poco, en su 'Radio París' de El Cultural, Francisco Javier Irazoki le dedicó una semblanza en la que destacaba “He visto una comunidad unida por el nombre de un creador ausente”. Así lo constató en su trato personal y sus visitas a las Aulas literarias de nuestra tierra. De alguna manera seguimos conmovidos por su falta y la certeza de que fue alguien distinto capaz de concebir además una obra poética donde cada palabra lograba ser “un acto de amor que se hace piedra”, “donde todo es más fácil”. Sin duda, yo entonaría sus palabras para que continuaran y sirvieran a las nuevas generaciones de Extremadura.)
  

sábado, 17 de noviembre de 2012

Emerger

Donde hemos querido nunca nos vamos del todo. Y con sólo pensar, permanecemos. ¿Quién es capaz de vivir sin sentir ni un momento aun en el lugar más contrario a todos sus deseos?


* (Este poema fue escrito poco antes de terminar mi primera estancia en Mallorca, a donde regresé al cabo de tres años. Y es el que casi cierra ese cuadernillo titulado Imágenes, encuentros si no es por otro texto final que explica la intención del conjunto. Puede perfectamente dirigirse a cualquiera de los otros espacios en los que he vivido, como a aquellos en los que hubiera gustado vivir placenteramente.)
 

sábado, 1 de septiembre de 2012

Luminarias

Hay veces que uno está tan cerca de algunos seres que llega a percibirles el ritmo de su respiración o el sudor de sus gestos. La atención a esas señas vitales es tanta y tan gratificante que toda cercanía es un conocimiento, y este, algo en sí amoroso y diferente. Nos conduce a otros signos, a otro ser, a otro cuerpo.

Hay veces que ese lugar está vacío. Y tan real lo uno como lo otro. El tiempo ha diluido lo que, ausente de ambición, era un gozo inquietísimo en su efímero rastro.

Mas no cabe el adiós, ni se carece. Alguien parte en sigilo con todo poseído: el abismo de sí y una rama en su incendio.



* (Es claro que no hace falta publicar algo para que sea del todo consistente, es decir, que exista aunque los ojos que lo conozcan sean sólo estos, y su origen y referencia se mantengan mientras dure no la vida sino un hilo de memoria en quien lo escribe. Abrir un texto a más lectores supone iniciar su vuelo propio y su repercusión ya unida a otras vivencias parecidas o también sorprendentes de los lectores. Así me consta. Asombra ahora no tanto esa emoción incapaz de retener lo que se creyó mejor y confiable como el tiempo empleado en entender el atrayente alarde de lo que, inconcluso en sí mismo, en su fascinación se agota y huye. El derroche de cualidades no anula la desazón que impide a algunos, en nosotros, permanecer; en ellos, conocerse.)
    

domingo, 19 de agosto de 2012

Encuentro

Las aves trazan
geometrías de aire
a un balcón intangible.

Siente el hechizo
adentro de los ojos
su lugar no apresable.

Lo que retienes
si antes era belleza
devuelve muerte.

Un vado libre
disuelve el laberinto
de cristal y sabores.



* (Al releer a principio de agosto algunos de los poemas cortos que no incluí en A lo breve, salvé de nuevo las tres o cuatro composiciones que lo merecen; imaginé los cambios que tendría el cuaderno con la incorporación de esos materiales de entonces, además luminosos, lo que es una cualidad que hubiera querido -hoy- para todo el conjunto. Pero es imposible la inmersión en una poética agradable sin que haya contagio. Es lo que ha sucedido en este nuevo poema en cuatro haikus libres escrito entre el mar de la bahía de Acudía y un viaje a Extremadura y Valladolid, y que es un canto, sin nostalgia ninguna, a la fascinación de la vida que sucede delante de nosotros, sin duda por la participación del sentir y la mirada que la recoge.)
      

domingo, 12 de agosto de 2012

Castilla

Verano. Cielos quietos,
tan altos. Y al mirarlos,
qué distante de ellos,
y sin embargo a un paso
de su calma.
Traspasa el sol las nubes
en tal intensidad
-ni un ave cruza, incluso el aire cede-
que ese blancor quisiera
aquí en la tierra.
  
  
* (Este poema fue escrito hace ahora un año en Valladolid, en un paseo de vuelta a casa. Guardado hasta hoy, al releerlo, lo aprendido en este tiempo es que esa mencionada distancia más que el requerimiento de un deseo es una sintonía percibida al instante ante los elementos naturales capaces de aflorar lo mejor en nosotros. No otra cosa que la contemplación que nos abre la armonía y a la vez la conciencia de las cosas. Permítanme no entender el afán destructivo de los incendios de todos los veranos. Cómo es posible el ensañamiento de acabar con miles de hectáreas de bosques centenarios que perdemos para siempre. Hasta cuándo.)
    

viernes, 3 de agosto de 2012

Junto al agua

Las señales sagradas de cada día,
por ejemplo, unas piedras rodadas bajo el agua,
la luz que en apariencia no declina,
el tiempo vuelto aroma de las rosas,
lugares que se abren
y figuras.
Falta sólo la voz que, si la dibujara,
me daría por siempre
la belleza y sus formas.
  

jueves, 26 de julio de 2012

Vegetal

Han podado el jardín.
Cojo del suelo
tres hibiscus,
cada uno de su color:
rojo, anaranjado y nácar.
Es ese mundo
entre el agua y el viento,
con raíces y lentitud de lo arbóreo
al que aspiro
y no recuerdo si he llegado a entender.
Bajo su reino acogedor e indefenso
busco en la umbría
la semilla
por la que un día sienta
que mis hojas -fuera ya del olvido-
son ese surtidor
del que nacen los pájaros
o tal vez -y a la vez-
el regalo de ellos a la tierra.
   

miércoles, 18 de julio de 2012

Arena

Archipiélagos, islas,
palabras, sílabas.
Abre los ojos.
Nubes
            de salitre
                             y memoria.
Deja que el mar invada
la brisa de los cuerpos.

                * * *

Bajo el sol la insistencia
de la luz nos conforma.
   
Unas rocas reflejan
en su humedad las dunas.
   
Lo que ves permanece,
no es ajeno ni excluye.
   
Ingrávido el espacio,
al sentirlo sucede.
   
Llega a ti y eres parte,
guardado en estos nombres.
    

miércoles, 11 de julio de 2012

Inmensidad


Nadie imagina el mar desde la orilla,
ni lo alcanzan los pies dentro del agua.
El mar lo mismo incita que golpea
y es una inmensidad que sabe y llama.
De noche es boca a donde no volviera.
Su abismo, una canción que no procuro
oír o navegar. Bajo las olas
la muerte es bella pero no hablaría,
la vida es mansa dimensión soñada.
El mar asalta y vuelca en cada hora
una verdad solar a quien lo mira
y entra su cuerpo en él y se abandona.
Un niño juega y al tocar la espuma
apresa ausente el tiempo que le queda.
  

viernes, 29 de junio de 2012

Jaraíz, dos imágenes

                I

Miro el cerezo en flor.
Tanta blancura
precede a unos colores
inextinguibles, jóvenes.
Tanta blancura
fugaz, evanescente:
inmaculada sólo
en la rama o la nieve.

               II

Cerezos en tormenta.
El aire se disuelve
en inasible niebla.
Luz envuelta en un alba
fragilísima, breve.
Al hilo de la arena
una nube remansa
constelaciones, iris.
  

                                     a Tomás Sánchez Santiago
                                    Jaraíz de la Vera




* (Son sólo dos pinceladas acerca del espectáculo natural de la floración de los cerezos que durante tres años me regaló la estancia en Jaraíz de la Vera. Nada más. Hubo quien, al mostrárselos en mi ingenuo entusiasmo, los desestimó literariamente. Reconozco que guardé los poemas sin evitar la tristeza. Formaban parte de un cuadernillo que se me pidió en el que auné lugares y nombres, en este caso el de Tomás, que durante unos hondos y queridos años estuvo enormemente cerca. Todo como la fragilidad de esas flores y pétalos que no superan apenas los quince días o unas horas de blancura velada al desprenderse entre el aire y la tierra. De manera sutil, la naturaleza había ido entrando en mis versos. Ahora es habitual que aparezca. Al rescatarlos, celebro su escritura y revivo estas imágenes que en la ladera donde estaba mi casa podía contemplar.)
 

miércoles, 20 de junio de 2012

El volumen del bosque

He rozado algún logro,
sostenido la fórmula,
percibido el sentido
sin cadencia del tiempo.
Busqué limpio el origen,
lo concebí en mí mismo
cercano a lo que escribo.
Sé que a veces se esconde
y ahora sin él recorro
los parajes de siempre
a espera de que vuelvan
de nuevo las palabras
por encima del fondo
de las interrupciones
y sirvan de esperanza
como lugar posible
al costado del día
más agitado o denso,
como espacio no ajeno
al remanso que lleva
fácilmente a uno mismo,
al momento en que somos
tal como pronunciamos,
mientras sucede el vuelo
sin cesar que se abre,
o la lluvia nos cae
buscando las raíces
del bosque, y el temblor,
su volumen.
    

jueves, 17 de mayo de 2012

Destello

La lectura merodea lo admirable. Una vez conseguido, no merece volver a lo rutinario. Los ojos de lo inmenso ya han cambiado. Te he leído. Soy otro.
   

Intermedio

Lo que se escribe, cuando tiene sentido, ha encontrado su sitio. El lector entonces, sea quien sea, y también quien escribe, halla en esas palabras un espejo o un reflejo necesario del mundo. Con el mismo placer que en un paseo ante un descubrimiento.
   

miércoles, 9 de mayo de 2012

Espejo

Lo infinito olvidado,
anhelo interrumpido,
trunco paso
que hiere como péndulo
lentísimo. Roza
por mi dolor
tu gesto
tácito y alborea
el amor
más exigido, voraz
irisación
que copia
el agua.


* (Si de algo nos hace plenos dueños un blog es de la clara fidelidad de los textos mostrados. Somos -antes y en todo momento- el editor, el corrector de imprenta, el de estilo y, si se precisa, el autor que no da por bajada su guardia ante cualquier minucia absorvente en pos de su precisión y cuidado. Por contraste, traigo aquí uno de esos poemas que en el momento de su edición en papel cargó con el grave daño de las erratas, lo cual fue algo frecuente en mis dos primeros libros. Una sola r de más convertía una sencilla irisación en esa burlesca irrisación final casi ofensiva en su absurdo. Por aquel entonces, faltaba poco para llevar a la imprenta los libros en archivos de ordenador -y evitar el tecleado incorrecto-, y también para un mayor rigor en las ediciones provinciales de estos libros. Frente a esas incómodas erratas, esta entrada intenta resarcirse de la tristeza y derrota de aquella tiranía y mohosa deformación de lo descuidado. Algo impensable cuando las ediciones de los libros están en manos de verdaderos poetas.)
   

miércoles, 2 de mayo de 2012

Conformidad

Mira el otoño
crujir en sus cristales
las hojas secas.
  
Tras un verano
de cosecha borrada,
qué más esperas.
  
Casi descalzo,
el hilo de la niebla
te arroparía.
  
Por eso ahora
la bonanza del aire
te mece y sobra.



* (Mayo es, en la tradición, el primer mes para palpar lo granado. El último Abril, intenso, ha cumplido también con su papel imprevisible y arriesgado moviendo todo por el placer de dejar cada elemento limpio o nuestro proceder sin argumentos. Abril hermoso, como sus inesperadas nieves o la imposibilidad de usar bajo sus cielos inestables un pensamiento válido para dos días seguidos. Este poema en haikus -costumbre surgida desde el escrito a Fukushima- esboza uno de esos momentos cercanos a saberse casi a cero, y cero es más que nada o, por decirlo de otro modo, sin él no existe la posibilidad de comienzo, o este no es tal si no concibe dejar atrás y por completo cualquier peso. Incluyendo los que se arrastran veladamente desde siglos. Lo cual había que atravesar y esperarlo. Se nos olvida que tras la intempestiva tormenta -cuya belleza nos obliga al cobijo- los días siguen cálidos y capaces para acoger los mejores propósitos. A un abismo y a un paso, en lo inmediato.)

  

miércoles, 25 de abril de 2012

Somno 34

Eran primeramente dos siluetas
como las de las tardes de retorno:
dos instantes y un ambiente.
En un gran prisma de silencio
buscaron sus espejos
y sobre un mismo lienzo se trocaron:
quedó rota la indiferencia.
Eran la transparencia de su imagen
y sus etéreas sombras se cruzaron flameantes.
Tan sólo en un instante de ansia inmensa
un sentimiento como el hierro incandescente
dejó el labio sangriento por el beso
y un amplio latigazo marcó el seno.
Y sobre el eco, el cuello sintió miedo
y restalló ante el abrazo de su cuerpo.
Un amor denso
sonó en la rabia de su escalofrío,
                                                           ciegamente.
   
  
* (Este es el poema de Corro más antiguo del libro y uno de los más apreciados por Luis Arroyo, que lo conoció en el primero de aquellos tres años en que fue profesor mío del bachillerato. Si algo tenía aquella escritura era la inmediatez de su impulso no sometido al control de unos conocimientos y técnica que algo después sí que condicionaron el posterior ejercicio, hasta que de nuevo concibes desprenderlos del momento creativo. El oído, la intuición, la importancia de las imágenes modulaban esta sensibilidad a través de lo amoroso y lo erótico presente en buena parte de la escritura de aquella inicial edad en la que irrumpía así la afortunada identidad de este territorio. Por la temprana edad a la que fue escrito y el mundo que salva, se demuestra que la escritura, cuando es clara y espontánea como sucede con la naturaleza, permite una intemporalidad a la que acudir siempre, a mano de cualquiera otra edad y circunstancia.)

miércoles, 18 de abril de 2012

Remolino

Se alza la niebla
y un remanso de sol
alboroza abubillas.
  
Viene de lejos
la algarabía imprevista
que aquí salpica.
  
El camino celebra
su danza luminosa
a donde vayas.
  
Será a la tarde
un chillido de gala
en la memoria.
  
Aunque no vieras,
la vida recomienza
tras cada curva.
   

miércoles, 11 de abril de 2012

Estela

Ya que no me conoces,
déjame que lo exprese:
revivo en mí la fuerza
que hacia nada conduce.
En el lugar del sol
un ídolo de olvido
vuelto bruma se rinde.
O yo solo he esperado
ver como nace el aire.
Del espejismo queda
silencio en cada nombre.
Y un pájaro de barro
por debajo del agua
sin fatiga se pierde.
Si relatas la vida,
haz de cualquier momento
una hoguera en la noche.
Así la luna saque
del fondo de los lagos
el dolor de las fuentes.
   

martes, 3 de abril de 2012

Escrito en Cáceres

Dátiles y membrillos.
La más cálida tarde
no vencida
en su luz
que persiste
como límite abierto
me procura
leve región de halago más sabroso.
Es la brisa palmera y osadía
que vela como sur y red de cumbre.

Ven, gaviota de amor,
sobre estos cielos
libres de las caídas estaciones del norte.

La tarde inmemorial grana los frutos
lejos de aquella voz que los destruye.
  
   
* (Como señala el título de esta entrada -que no del poema, que no lo tiene- este poema de Las horas próximas fue escrito en Cáceres, en concreto, en la plaza de la Concepción. Recién llegado de Valladolid donde todavía el frío del invierno dominaba, aquel día de 1986, más al sur, ya el aroma de la naturaleza asaltaba en los jardines y las calles, donde me paré a escribirlo.)
   

miércoles, 28 de marzo de 2012

Advertencia

De pronto unas palabras
dignas de rescatarse.
Y dichas para nadie
sólo las leen tus ojos.
Deja que sea el olvido
quien así las disperse.
Porque quien las conozca
percibirá por siempre
el daño que perdura
sobre la piel del aire.
Hay veces que lo escrito
no busca permanencia
como ocurre en las voces.
Si lees estos confines,
en su silencio huye.
No menciones la herida
por más que la belleza
de su nombre te hechice.
   

miércoles, 21 de marzo de 2012

Meditación del asolado

                                                               a Aníbal Núñez


Interrupción del gozo, mapa
extraño, y qué lo sobrevuela.
Cartón mojado el cielo,
fría casa,
tizna el quemado cardo
y, sin embargo, sentencia esta quietud:
el tiempo ya se ha ido
de ti
y, entre tus ojos, líneas en distorsión
cercan el humo.
  


* (Supe de Aníbal Núñez años antes de conocerlo por María Rosa Vicente, en un encuentro ya mencionado que con el tiempo se vuelve más valioso. Su huella y admiración literaria siguiente la recibí, en su poesía y trato, de un autor arriesgado, cordial en sus perfiles geométricos, y no ortodoxo o asimilable también como Felipe Núñez. No fue el único que hacia él me condujo; podría hacerse el relato de su relación literaria con Extremadura, por ejemplo. En su escritura hubo, por autoridad y el rigor de su voz, secreta escuela. O temida certeza: qué decir después de quien dueño de ese saber y demolición fue capaz de una palabra exigente y tan lúcida: aceptarla o volver al reino de la conformidad y las simulaciones. No era un poeta más: inauguraba un trazado que, para fortuna nuestra, culminaba en sí mismo, fue su apuesta. Una obra pulida como joya geológica. Un sentido, a la vez, escéptico de historias. En Salamanca me crucé en ocasiones con él en mis visitas de fin de semana desde Valladolid, donde lo encontrabas como las corrientes de aire o los rituales sabidos en ciertas calles y bares. Nunca hablamos de poesía ni nos presentamos como pretenciosos aspirantes a algo. Él se acercaba a las conversaciones con su inquietud y acidez burlesca para desaparecer y seguir sumergiéndose y reapareciendo a lo largo de la noche. Se sabía quién era, bajaba de su taller del hechicero a las calles de una ciudad especial y atrapada en su saber y su arte, sus señales diluidas de alquimia y su cercanía a una naturaleza mirada con extraño orden a pie del Tormes. Aparente abandono para quien supiera leerlo. En sólo cuatro décadas (1944-1987), trazó un edificio con destellos de un canto sobrado del esplendor de las tormentas y el alarde y descrédito de cualquier habilidad y técnica no ajena a él con la que inquirir lo heredado, y consciente en el fondo de la fuerza no derrotable del tiempo. Poseía un conocimiento y fascinación de lo físico, ante cuya mineralidad sucumbía y se des[integraba] -como en él- lo humano. Al menos, en esa materialidad lo perduramos.)

lunes, 12 de marzo de 2012

Certidumbre

                                            ¡Cuánto silencio mío!
                                            (Tomás Sánchez Santiago)

Mira el mar azulándose...
¿Quién puso en nuestros ojos
cielos petrificados, esas oscuras aves
del rigor de la muerte?
He ahí los colores que no ha arruinado nadie.
¿Quién nos dijo "no eres"
o cegaba los nombres?
Luces que de repente sin cesar amanecen,
lluvias y sensaciones de raíces que nacen...
Sin embargo, la noche de ti no se descose.
Bájala de tu espalda sobre el tiempo lacustre,
que la vida ya sabe y la luz nos merece.
  
  
* (De este poema de mayo de 2002, nacido a partir de esta poderosa expresión que estaba en una carta de Tomás S. Santiago, lo que no suponía es que iba a dar nombre a un periodo de seis años de ausencia de cualquier otra escritura poética. Hasta que la noticia del fallecimiento de Ángel Campos, desconcertante, inesperada, por encima del mucho tiempo en que no nos habíamos visto ni sabido uno del otro, me hizo escribir de nuevo. Un movimiento interrumpido. ¡Cuántas veces, pese a ser este un territorio deseado o propio! Me acaba de llegar por Tomás la antología salmantina de Ángel. Y con ella, esta selección de su cercana voz alzada como el trazo limpio de un círculo y con la forma apacible de la caída de la lluvia. Algo en común podría acogernos bajo aquel prodigioso primer verso de la obra de Claudio, Siempre la claridad viene del cielo, a los lectores y poesía de Ángel. Una poesía que nace, en su parte de naturaleza pictórica, de la profundidad de la mirada. Tal vez, también, de la memoria pero, sobre todo, me llama su voluntad de ampliar hacia lo intemporal el presente, o de dejar un mundo a salvo en la manera de disponer las palabras. El pasado se asoma, o se reclama, arropado de la orfandad por la raíz de su sentido fundacional y afectivo; pero Ángel, ante la sensación inmediata del presente, hace que ese espacio y vivencia se abran en la sencilla magnitud de una materia liberada -por la palabra elegida- del posible pesar o su deriva en el tiempo: esa clara costumbre de los ríos / de morir en el agua o en el aire. Bien pronto concibió el cuidado de ese lugar accesible en la cualidad del poema.)
  

miércoles, 7 de marzo de 2012

Vasijas

                             (con el recuerdo y lectura de José Jiménez Lozano)


En la memoria
reposan
huellas como vasijas
del resto de la vida.
¡Si la vida cupiera
en ánforas más limpias y sin forma!
Haz de una red
mirada con hilos de inocencia.
Que en ti quede la dicha
o una brisa ligera.
Que no atrapes ya nada.
Mira la tarde todavía
de una luz que en ti llevas.
  
  
* (En abril del 98, cuando aún faltaban unos años para que fuera construido el Ave a Valladolid que ha convertido en una hora la distancia con Madrid, de viaje hacia allí en un más reposado tren de entonces y recién leído el libro Tantas devastaciones de Jiménez Lozano, por el que conocimos su escritura poética y del que recuerdo su sensación de la dureza de la vida por la mano del hombre, escribí este poema durante el viaje con la aspiración, por contraste, a esa armonía apacible no reducida a derrota, y que por las ventanas de aquel vagón devolvía con tanta rotundidad la claridad de la naturaleza.)
   

lunes, 27 de febrero de 2012

Preludio

Si ves mimosas,
se despide el invierno
con su belleza.
   
De los días helados
sólo el almendro
perdura blanco y rosa.
   
Y ante ti surca,
ligero en su bullicio,
el primer vuelo.
   
Deja que caiga
el aroma entrevisto
y su nostalgia.
   

domingo, 19 de febrero de 2012

Interiores

                         a Víctor Botas, in memoriam

Esa mano
del fondo de la noche.
Sensación de que estás.
Al fin y al cabo
convida tu memoria
a lo que tengo:
un poco de entusiasmo,
sólo eso.
También, algunas veces,
percibo que tú estás
y que esa mano
me cuida, me conoce, me comprende.
Termino de leer
y cierro un libro
que de pronto
-páginas como tardes-
me sucede.
  
  
* (Quien haya tratado de antiguo a J.L. García Martín sabe que en su contacto epistolar siempre había un generoso envío de cuadernos, separatas y otras publicaciones suyas y de amigos. Supe de su revista Jugar con Fuego por las reseñas de Poesía Hispánica que solían incluir algunos versos de los números que citaba y el interés de esos fragmentos me hizo enviarle algún poema mío por si lo publicaba. A vuelta de correo recibí el tercer número de Jugar con Fuego y empecé a saber más de él y de esa revista donde comenzó el germen de su inquieta escritura, bajo un juego de nombres procedente de una incesante creación y lectura que así cobraban vida. Por García Martín -y alguna vez por el propio autor- me fueron llegando también los libros de Víctor Botas desde Las cosas que me acechan, a Prosopon o Historia Antigua. También otros, o el relato divertido, entrañable de cómo Víctor y su poesía llegaron por su mujer hasta García Martín contado por este último en una recreación con tanto humor como afecto, con la disputa -no sé si real o fingida- sobre la entidad verdadera o de mero heterónimo de Víctor Botas. Alguna anécdota que de él me compartieron sus amigos de tertulia, o las que de él mismo sabía, aún las recuerdo con el sabor penetrante de lo que aunque pase el tiempo no se olvida. Hoy mismo, al rastrearlo en Google, me ha ocurrido su última broma y el buscador me ha lanzado bajo su nombre la página de Victoria's Secret. No está mal, así ha sido. Tal vez para asociarlo en un poema. Algo especial debía tener ese aparente tono conversacional suyo para sabernos a categoría, además de contener toda su vocación clásica y lectora. Lo vi la última vez en julio del 91 en un viaje rápido a Asturias -como a García Martín-, y pocos años después me llegó la noticia de su fallecimiento. Escribo esto y revivo su falta. Este poema que rescato fue escrito en el 95 a partir de un borrador de un poema amoroso desechado del 87. Cuando lo pienso, me gusta la procedencia de este origen y collage para homenajear a un escritor que sentí, por su palabra, amigo, y que reconozco que me acompañó su lectura para que muchas tardes fueran más reales y cálidas por encima de ese momento donde al cerrarse el día todo queda un momento inexplicablemente más quieto.)
  

lunes, 13 de febrero de 2012

Artà, la nieve

Sobre la destrucción
la nieve
su mano blanca deja.

Vemos pureza
en donde el mar sostiene
el valor de una lágrima.

Si se disuelve,
entrega el agua
su memoria a la tierra.

En el frío que conduce
hacia sí
a la semilla.
 
 

* (Ayer nevó dos veces sobre Artà, a la mañana y a la noche. En ambos momentos salí a dar un paseo, más personal el último. Estas son notas recogidas en ese recorrido gracias a ese silencio y las impresiones de la naturaleza. Al levantarse el día las sierras de alrededor estaban blancas. Luis Arroyo me pidió que no abandonase el blog. Cualquier paseo permite unos apuntes, un borrador. Enseño estos. Tomo notas de lo que me alimenta y rodea. Pero el silencio no es vacío, también son los estados necesarios para poder decir algo sin la repetición del oficio.)