jueves, 17 de mayo de 2012

Destello

La lectura merodea lo admirable. Una vez conseguido, no merece volver a lo rutinario. Los ojos de lo inmenso ya han cambiado. Te he leído. Soy otro.
   

2 comentarios:

Á.V. dijo...

Sí, ese es el misterio de la lectura. Y su humilde grandeza. Un abrazo, Á.

Alfredo J. Ramos dijo...

La lectura nos hace otros: ese es su inmenso poder. Bálsamo, puerta, sueño y verdad, vida. Es, además, el más seguro punto de partida de la escritura: diálogo.

Alertado por la pura fisicidad de las palabras, leo también así tu primera frase: «La lectura: me rodea lo admirable». No perder nunca la capacidad de sorprenderse. Ese podría ser el mantra del buen lector.