miércoles, 9 de mayo de 2012

Espejo

Lo infinito olvidado,
anhelo interrumpido,
trunco paso
que hiere como péndulo
lentísimo. Roza
por mi dolor
tu gesto
tácito y alborea
el amor
más exigido, voraz
irisación
que copia
el agua.


* (Si de algo nos hace plenos dueños un blog es de la clara fidelidad de los textos mostrados. Somos -antes y en todo momento- el editor, el corrector de imprenta, el de estilo y, si se precisa, el autor que no da por bajada su guardia ante cualquier minucia absorvente en pos de su precisión y cuidado. Por contraste, traigo aquí uno de esos poemas que en el momento de su edición en papel cargó con el grave daño de las erratas, lo cual fue algo frecuente en mis dos primeros libros. Una sola r de más convertía una sencilla irisación en esa burlesca irrisación final casi ofensiva en su absurdo. Por aquel entonces, faltaba poco para llevar a la imprenta los libros en archivos de ordenador -y evitar el tecleado incorrecto-, y también para un mayor rigor en las ediciones provinciales de estos libros. Frente a esas incómodas erratas, esta entrada intenta resarcirse de la tristeza y derrota de aquella tiranía y mohosa deformación de lo descuidado. Algo impensable cuando las ediciones de los libros están en manos de verdaderos poetas.)
   

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

La venganza diferida (o intento de resarcimiento) se cumple con creces: el poema sigue vivo y, acaso tomando impulso en la felix culpa de su irredenta errata, sale de nuevo a la superficie de la posible lectura, como es mi caso. Hay, además, entre lo que dice el poema y los que su recuperación y tu nota sugiere, un espacio abierto que se presta al recorrido demorado, a la fructífera lentitud de lo que es capaz de permanecer aun en silencio (o quizás gracias a él).