domingo, 30 de abril de 2017

Un reflejo

Besarte, como a un templo.
Entrar en ti, descalzo.
Sentir sin sed el rastro
del ave que desciende,
el aire en el abismo,
el alma al deslizarse.
El cuerpo como un fruto
bajo la luz despierto.
El tacto cae a un río.
El día es su corriente.
    

martes, 25 de abril de 2017

El anhelo del alma

De una esquina secreta
puede brotar callada
lo que eclipsa a la luna.
La rosa que sostienes
ha bebido en tu orilla.
Cada noche despliega
la sed de las miradas,
el aroma que late
al vaivén de figuras.
No se sabe si, al verla,
una gota de savia
comete la nostalgia 
de querer ser tan tibia
como una joven pálida,
pues su anhelo de alma
rebosa en las espinas.
Del licor derramado
de ese tallo que truncas
como un llanto de viola
o un cristal que gritara,
el sueño de Venecia
viene a ahogarse a tu casa,
agita las cortinas,
se ha inclinado en la hiedra.
    

miércoles, 19 de abril de 2017

Tras la noche

La ceniza del aire
si llega al mar
lo agita.

Su daño hondo,
sin paz,
de nuevo
ahora
espuma rota,
azul, serena
y verde.

Así tiembla
en la piel
el día blanco,
limpio,
extenso,
hacia lo abierto,
en lo real,
en lo difícil.

Ese jirón que eres,
espejo y filo frágil
de amor libre.

Miro el sol
en las manos.
Nada urge.
 

domingo, 16 de abril de 2017

Como el rayar del alba


Escribe. Que no te manche el mundo.

Con palabras que alumbren.

Y su mancha ilumine.


* (Vuelvo a cumplir años en estas fechas. Este poema -si lo es-, y mucho más su propósito, llegue y me lleve hasta donde tenga que llevar. El día a día, el futuro, como la inminencia de un salto, es un abismo donde el deseo sería de realización, de más paz. Desde ese clarear el día cervantino, alzo lo dicho como un brindis en el nombre y recuerdo de Luis Arroyo Masa -Mozart- y de todos los que conmigo han llegado hasta aquí. Porque es así y no cuesta. Hoy es domingo de Resurrección y pasan estas cosas: "Mozart, el petirrojo se ha parado, y en su silencio te contempla".)




sábado, 8 de abril de 2017

Desde el fuego

Si arde el cielo,
retén del horizonte
el cristal de la noche
que abre la voz del aire,
la llama infranqueable
en torno a lo inocente.
Donde el musgo persiste,
en los ojos del bosque,
la danza de los peces
y el pulso de las fuentes
responden al destello
de la vida al dormirse.


















imagen de un atardecer sobre Artà, tomada el 25 de diciembre de 2016

sábado, 1 de abril de 2017

Carta abierta

Todo por aprender.
Frente a tus ojos,
la moneda de oro
que se disuelve en nada,
el valor de una imagen
avivada en su calma.
En lo que tú me des
sin despedida
trazaré la hora y senda
por donde se recoja
la tarde sumergida
en la piel somnolienta,
la voz de esa demora
en las formas que alumbra.
Sin falta de más cosas.
Una silla, la calle,
el frescor de ese caño
cercano a tu silueta.
Como una ofrenda pobre
o una verdad sin lucha,
la dicha era posible
ante ti, sin palabras,
como el que corta el pan
con la mano y te mira
y su parte te entrega.
   

sábado, 25 de marzo de 2017

Visita a Yuste

Bajo la nieve,
el trino estremecido
de la flor del cerezo.

Al pie de Yuste,
en la línea del agua
la mirada se ahonda.

De aquel estanque,
los nombres más queridos
al aire emergen.

Y no te olvidan.
Para el pie de esa niña
audaz, hermosa,

un pájaro aterido
da en su nota sensible 
blanca enseñanza.

Guarda el reflejo
de la huella que gira
intacta, y sueña.

Dentro, en la piedra, 
el humo de las horas
y la penumbra.
  
  
* (El jueves, mi amiga Carmen Fernández-Daza colgó en su perfil de FB un vídeo de la Academia Europea de Yuste en el que nevaba sobre el Monasterio Jerónimo, a la vez que se oía, brillante, el canto de los pájaros. Esta semana, la nieve de marzo envolvió los cerezos de la Vera y el Jerte, que fueron mi escenario por tres cursos en los que enseñé, si sé algo, a los alumnos de Jaraíz, o pude estar con ellos, que no es poco. La imagen invitaba a esbozar un haiku de inmediato. He aprendido que visitamos los lugares del mundo, especialmente si hemos vivido en ellos física o espiritualmente, a través de los ojos y palabras de los amigos que de nuevo lo cuentan. En este poema, Carmen, que en Granada es huerta, viña, jardín, espacio cultivado para el gozo del hombre y de la naturaleza, pisa la entrada a Yuste en un día como este y ante el agua del estanque revive la memoria  -casi presencia a veces- de los seres queridos que nos vuelven y sin nombrar evoco. Me refiero a su padre y a Santiago Castelo. Sé del valor de ambos para ella. Y de su permanencia. No sabía que la vida iba a hacer coincidir la escritura de este poema con el aniversario del primero. Siga nevando el canto de los sabios en los ojos que suelen retirarse a esta flor del silencio.)
   

domingo, 19 de febrero de 2017

Atardecer

Cuerpo de la delicia, flor del olvido.
La memoria del aire
sostenida en los nombres.
Cada reflejo mueve
como el humo unas claves.
Un surtidor de alas
donde el verde reside.
Figura del aliento
de una danza volátil.
No hay rastro del hechizo
tras cruzar los cometas.
Ni curso transparente 
camino de la nieve.
Pero sí de una tarde
similar a frutales.
En mis ojos la noche
da cabida a esas luces.
   

sábado, 11 de febrero de 2017

Ruibayat

¿Quién dijo que la pasión había de durar? La pasión nos llama a arder, no a durar en el tiempo. Coge esa vela que te tienden y consúmela. Después, muere.
Cristina Requejo



Arde en esa llama que se extiende, y luego muere.

Que la pasión describa en su ceniza
el tacto irreversible al descalzarse.
Que en sus repliegues testimonie el cuerpo
la memoria del rayo sobre las ramas de la noche,
la claridad en los confines de la hierba sin marcas
que te gime, la luna que desciende por oírte,
el frío del aire que no retiene formas ni señales
y perdido no conduce a los cauces.
Pues gira y busca y en el polvo vierte
lo que ululante araña y derrotado huye.
Arde, como el que olvida en los espejos
el sueño calcinado de quien deslumbra, sin saberlo.
  

jueves, 2 de febrero de 2017

Canción de tarde

                                    (homenaje a Manuel y Antonio Machado)

Crucé la orilla
de un murmullo de flores
tras una verja.

Allí el silencio
del violín de las nubes
sobre la seda.

Mi sed sentía
a la sombra del agua
la transparencia

de los colores
ágiles en la brisa
junto a la hiedra.

La celosía
que entremezcla y desvela
una silueta.

Cielo y libélula
para mi calle blanca,
que voy de vuelta.

El tiempo espera
de la imagen dormida
su aroma y huella.



* (Estaba en los propósitos del blog: jugar con las palabras. Y es así como surgió este poema, tras un paseo nocturno de los que limpian -no me rodea más que naturaleza-, al hilo de unas resonancias sevillanas. Hoy dos de febrero cumple años un exquisito y querido amigo para no pocos paisanos. Vaya el brindis para Juan Ricardo Montaña y, de paso, para Carmen Fernández-Daza, tan valiosa y presente, que disfrutaron del borrador de este poema pese a mi pretensión de condenarlo a las tinieblas. Ellos saben, que el sur lo tienen más a mano. Y yo me he de fiar, diablo.)
  

viernes, 6 de enero de 2017

Cruzo un parque

Ahora tienes un sol en cada mano:
el hijo que te lleva,
el tiempo compartido.
Un paseo tras la niebla:
entre hojas caídas del otoño
la mañana de invierno te concede
la brisa blanca, el frío que origina.
Ligero se respira lo vivido,
el trasluz de una pluma.
El aire a salvo.
Hacia adelante
el día y tú,
sin más,
profundidad concreta.