sábado, 25 de marzo de 2017

Visita a Yuste

Bajo la nieve,
el trino estremecido
de la flor del cerezo.

Al pie de Yuste,
en la línea del agua
la mirada se ahonda.

De aquel estanque,
los nombres más queridos
al aire emergen.

Y no te olvidan.
Para el pie de esa niña
audaz, hermosa,

un pájaro aterido
da en su nota sensible 
blanca enseñanza.

Guarda el reflejo
de la huella que gira
intacta, y sueña.

Dentro, en la piedra, 
el humo de las horas
y la penumbra.
  
  
* (El jueves, mi amiga Carmen Fernández-Daza colgó en su perfil de FB un vídeo de la Academia Europea de Yuste en el que nevaba sobre el Monasterio Jerónimo, a la vez que se oía, brillante, el canto de los pájaros. Esta semana, la nieve de marzo envolvió los cerezos de la Vera y el Jerte, que fueron mi escenario por tres cursos en los que enseñé, si sé algo, a los alumnos de Jaraíz, o pude estar con ellos, que no es poco. La imagen invitaba a esbozar un haiku de inmediato. He aprendido que visitamos los lugares del mundo, especialmente si hemos vivido en ellos física o espiritualmente, a través de los ojos y palabras de los amigos que de nuevo lo cuentan. En este poema, Carmen, que en Granada es huerta, viña, jardín, espacio cultivado para el gozo del hombre y de la naturaleza, pisa la entrada a Yuste en un día como este y ante el agua del estanque revive la memoria  -casi presencia a veces- de los seres queridos que nos vuelven y sin nombrar evoco. Me refiero a su padre y a Santiago Castelo. Sé del valor de ambos para ella. Y de su permanencia. No sabía que la vida iba a hacer coincidir la escritura de este poema con el aniversario del primero. Siga nevando el canto de los sabios en los ojos que suelen retirarse a esta flor del silencio.)
   

1 comentario:

Myriam dijo...

¡Y tantísima historia que guarda ese lugar!