miércoles, 24 de abril de 2013

Cristal limpio

Una bella mujer.
En su mirada
se intima el universo.
 
 
Contemplo el hilo
de esa violeta
que quedó en tus ojos.
  
     
  
* (Estas fueron unas de las primeras palabras que recibí en la mañana del 19 de abril. Estaban agazapadas en mi correo, con su belleza inesperada, y aparecieron a través del móvil:

     Querido Carlos: Cincuenta y dos veces gracias por haber nacido.

     Abrazos,
     Zoki"

Las he querido compartir porque hoy mismo hablaba de las pocas veces que mostramos sin trabas la verdad que sentimos. Olvidando el cobijo del bien que nos transmiten, que estas palabras hacen. 

Francisco Javier Irazoki, a quien conozco desde mis dieciséis años, le he querido corresponder con estos textos un poco anteriores a su Retrato de un hilo, en cuya lectura he disfrutado de haikus y otros poemas suyos acogidos al hechizo sagrado de lo femenino. Agradecido.)
  

domingo, 7 de abril de 2013

Campo Grande

                                          a Francisco Pino

                                          Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes
                                          (Jorge Guillén)


Otoño. Vegetal humedad,
y el parque es nave
       callada
             en la ciudad
       que desconoce.
La luz, la suavidad, la tarde clara.
Lejos de mí otro parque, y otro parque...
y otro parque  
                        ¡mañana!  
                                          incandescente.
Órbita de la edad en esa piedra
lanzada sobre el agua
de un reflejo interior.
Casi un bosque esa fuente
y la voz, onda, luz, 
                                 espesa rama.

 

* (Elijo este poema vallisoletano escrito a uno de los lugares centrales y más hermosos de esta ciudad y en torno al nombre de sus dos grandes poetas del s. XX, cuya lectura e inspiración permanece y fueron esenciales, ahora que acaba de aparecer una antología en la colección Cortalaire de la Fundación Jorge Guillén con el título de Sentados o de pie, 9 poetas en su sitio, que reúne a nueve autores que en esta ciudad estábamos y escribíamos allí en los años 80. Cuando llega a lograrse, lo escrito adquiere el don fundacional de lo indeleble, acaso el propósito más elevado y noble con las palabras de lograr que esté a salvo lo que va más allá de nuestro esfuerzo frágil. Es decir, el ejercicio de la sensibilidad en los detalles mínimos. No todos los poemas están enmarcados por la misma luz, pero todo lo escrito y la atención callada a los detalles diarios que contemplamos y vivimos, ha orientado el sentido de permitir que sea cerca donde se abre ese reflejo.)