martes, 7 de febrero de 2012

Contraluz

                                                           a Álvaro Valverde


Cualquier lugar conduce al universo,
resuena en uno mismo, acerca lo minúsculo,
deja todo al alcance,
mas sólo la mirada consciente
o el amoroso tacto de alguien sobre el mundo
permite descubrirlo,
deja un rastro de signos
a otros seres que intenten la armonía de unos pasos.
El roble que plantamos,
el molino de agua,
la sábana tendida tras la lluvia,
entonces, son una identidad
en donde vernos,
o un pozo, o un secreto, o un desconsuelo,
o todo junto porque todo está pasando.
  
  
* (En septiembre de 2010, cuando inicié la aventura de este blog, leí en Las razones del aviador con evidente gusto tres poemas de Álvaro Valverde que me condujeron a escribir este Contraluz que es un diálogo con ellos, lo cual no deja de hacer la literatura muchas veces. Pese a mi satisfacción, el poema quedó a la espera de una ocasión propicia para publicarse. Tal vez esta. En tan corto espacio de tiempo -año y medio- de escritura continua, al volver a él sentí las diferencias de dicción y de ritmo con los poemas últimos. La resonancia del espacio cercano a Plasencia -donde viví y en las palabras de Álvaro- me procuró esta visión de lo sabido sin nostalgia, pues el destino y el tiempo en su deslizamiento y horizonte nos responden que ese pasado son puentes que no existen salvo en la voluntad de mencionarlos. Y sin embargo, ciertos.)
   

3 comentarios:

Á.V. dijo...

Gracias, Carlos. Un fuerte abrazo, Álvaro

Miguel A. Lama dijo...

Celebro mucho, Carlos, estas iluminaciones, y te felicito por las palabras que dejas a amigos y lectores para que leamos. Pero lo celebro también porque es éste un medio nobilísimo de difusión de buena literatura que, hace años, sería invisible. Lo celebro como estudioso de la literatura que debe considerarlo tan fuente primaria como un manuscrito o un impreso. Sea. Y felicidades.

E.Cubero dijo...

Muy hermoso, Carlos. Muy claro y transparente.