domingo, 19 de febrero de 2012

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                         a Víctor Botas, in memoriam

Esa mano
del fondo de la noche.
Sensación de que estás.
Al fin y al cabo
convida tu memoria
a lo que tengo:
un poco de entusiasmo,
sólo eso.
También, algunas veces,
percibo que tú estás
y que esa mano
me cuida, me conoce, me comprende.
Termino de leer
y cierro un libro
que de pronto
-páginas como tardes-
me sucede.
  
  
* (Quien haya tratado desde antiguo a José Luis García Martín sabe que en su contacto epistolar siempre había un generoso envío de cuadernos, separatas y otras publicaciones suyas y de amigos. Supe de su revista Jugar con Fuego por las reseñas de Poesía Hispánica que solían incluir algunos versos de los números que citaba y el interés de esos fragmentos me hizo enviarle algún poema mío por si lo publicaba. A vuelta de correo recibí el tercer número de Jugar con Fuego y empecé a saber más de él y de esa revista donde comenzó el germen de su inquieta escritura, bajo un juego de nombres procedente de una incesante creación y lectura que así cobraban vida. Por García Martín -y alguna vez por el propio autor- me fueron llegando también los libros de Víctor Botas desde Las cosas que me acechan, a Prosopon o Historia Antigua. También otros, o el relato divertido, entrañable de cómo Víctor y su poesía llegaron por su mujer hasta García Martín contado por este último en una recreación con tanto humor como afecto, con la disputa -no sé si real o fingida- sobre la entidad verdadera o de mero heterónimo de Víctor Botas. Alguna anécdota que de él me compartieron sus amigos de tertulia, o las que de él mismo sabía, aún las recuerdo con el sabor penetrante de lo que aunque pase el tiempo no se olvida. Hoy mismo, al rastrearlo en Google, me ha ocurrido su última broma y el buscador me ha lanzado bajo su nombre la página de Victoria's Secret. No está mal, así ha sido. Tal vez para asociarlo en un poema. Algo especial debía tener ese aparente tono conversacional suyo para sabernos a categoría, además de contener toda su vocación clásica y lectora. Lo vi la última vez en julio del 91 en un viaje rápido a Asturias -como a García Martín-, y pocos años después me llegó la noticia de su fallecimiento. Escribo esto y revivo su falta. Este poema que rescato fue escrito en el 95 a partir de un borrador de un poema amoroso desechado del 87. Cuando lo pienso, me gusta la procedencia de este origen y collage para homenajear a un escritor que sentí, por su palabra, amigo, y que reconozco que me acompañó su lectura para que muchas tardes fueran más reales y cálidas por encima de ese momento donde al cerrarse el día todo queda un momento inexplicablemente más quieto.)
  

3 comentarios:

Paulina Cervero Mazón dijo...

Estimado Carlos, yo soy la viuda de Víctor Botas y compruebo que un poeta no muere nunca. Muchísimas gracias en nombre de mis hijos Paula, Patricia, Víctor y Diego y en el mío propio.
Un saludo
Paulina Cervero Mazón

Carlos Medrano dijo...

Recibo tus palabras, Paulina, con recogimiento, emoción y haciéndome cargo de lo que en ellas me has dicho.

Víctor pasó por mi vida a través de sus libros, y ahí se estableció su atracción y compañía. Me doy cuenta que el peso de una persona en nuestra vida con frecuencia no tiene que ver con la duración del tiempo compartido. Lo que cara a cara estuve con él es casi irrelevante. Hay quienes nos conmueven con su roce. Y ese, ya quedó para siempre con el singular uso de su palabra. En esa palabra y poemas ya me habías llegado antes. Y lo dicho allí es verdad y permanece.

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

He pasado buena parte del verano con la poesía completa de Víctor Botas entre las manos. Y es un verdadero placer, sugerente, irónico y con este toque de distancia de cualquier transcendencia.
Me ha gustado mucho tu poema. Un placer conocer un poco más tu poesía.
Abrazos.