martes, 3 de abril de 2012

Escrito en Cáceres

Dátiles y membrillos.
La más cálida tarde
no vencida
en su luz
que persiste
como límite abierto
me procura
leve región de halago más sabroso.
Es la brisa palmera y osadía
que vela como sur y red de cumbre.

Ven, gaviota de amor,
sobre estos cielos
libres de las caídas estaciones del norte.

La tarde inmemorial grana los frutos
lejos de aquella voz que los destruye.
  
   
* (Como señala el título de esta entrada -que no del poema, que no lo tiene- este poema de Las horas próximas fue escrito en Cáceres, en concreto, en la plaza de la Concepción. Recién llegado de Valladolid donde todavía el frío del invierno dominaba, aquel día de 1986, más al sur, ya el aroma de la naturaleza asaltaba en los jardines y las calles, donde me paré a escribirlo.)
   

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

"La tarde inmemorial". Ha pasado más de un cuarto de siglo, más de la mitad de una vida, qué poco cosa es el tiempo, qué inabarcable.
Cáceres -perdón por el tópico- es una de las ciudades más hermosas de España. El poema destaca una sugerencia agarena en su brillo renacentista.
Y el último verso parece recién escrito.
Un buen rescate, Carlos, idóneo para los días de abril.



(«sereser ratizen», me pide que escriba el Vigilante de Google para demostrar que no soy un robot,,,)