miércoles, 21 de marzo de 2012

Meditación del asolado

                                                               a Aníbal Núñez


Interrupción del gozo, mapa
extraño, y qué lo sobrevuela.
Cartón mojado el cielo,
fría casa,
tizna el quemado cardo
y, sin embargo, sentencia esta quietud:
el tiempo ya se ha ido
de ti
y, entre tus ojos, líneas en distorsión
cercan el humo.
  


* (Supe de Aníbal Núñez años antes de conocerlo por María Rosa Vicente, en un encuentro ya mencionado que con el tiempo se vuelve más valioso. Su huella y admiración literaria siguiente la recibí, en su poesía y trato, de un autor arriesgado, cordial en sus perfiles geométricos, y no ortodoxo o asimilable también como Felipe Núñez. No fue el único que hacia él me condujo; podría hacerse el relato de su relación literaria con Extremadura, por ejemplo. En su escritura hubo, por autoridad y el rigor de su voz, secreta escuela. O temida certeza: qué decir después de quien dueño de ese saber y demolición fue capaz de una palabra exigente y tan lúcida: aceptarla o volver al reino de la conformidad y las simulaciones. No era un poeta más: inauguraba un trazado que, para fortuna nuestra, culminaba en sí mismo, fue su apuesta. Una obra pulida como joya geológica. Un sentido, a la vez, escéptico de historias. En Salamanca me crucé en ocasiones con él en mis visitas de fin de semana desde Valladolid, donde lo encontrabas como las corrientes de aire o los rituales sabidos en ciertas calles y bares. Nunca hablamos de poesía ni nos presentamos como pretenciosos aspirantes a algo. Él se acercaba a las conversaciones con su inquietud y acidez burlesca para desaparecer y seguir sumergiéndose y reapareciendo a lo largo de la noche. Se sabía quién era, bajaba de su taller del hechicero a las calles de una ciudad especial y atrapada en su saber y su arte, sus señales diluidas de alquimia y su cercanía a una naturaleza mirada con extraño orden a pie del Tormes. Aparente abandono para quien supiera leerlo. En sólo cuatro décadas (1944-1987), trazó un edificio con destellos de un canto sobrado del esplendor de las tormentas y el alarde y descrédito de cualquier habilidad y técnica no ajena a él con la que inquirir lo heredado, y consciente en el fondo de la fuerza no derrotable del tiempo. Poseía un conocimiento y fascinación de lo físico, ante cuya mineralidad sucumbía y se des[integraba] -como en él- lo humano. Al menos, en esa materialidad lo perduramos.)

3 comentarios:

Luis Arroyo Masa dijo...

Magnífico poema, Carlos; y certera evocación de Aníbal. No olvidaré su paso por Badajoz, en el año 1983, adonde vino a impartir una conferencia sobre "El cristo de Velázquez" de Unamuno.Lo acogimos en la casa que compartíamos Ángel (Campos Pámpano, claro) y yo; y disfrutamos de su palabra viva y punzante, de su sabiduría, de su compañía y amistad en un recorrido nocurno por los bares pacenses. Afortunadamente, la huella de Aníbal está siendo cada vez más reconocida.

Á.V. dijo...

Me sumo a la felicitación de Luis. Tambiñen estuvo en Plasencia para dar esa misma conferencia y su anfitrión fue, claro, Felipe Núñez. Luego nos encontramos en otros sitios. En Montánchez, por ejemplo. Daría mucho de sí contar lo que allí pasó. Lo que importa: su poesía. Que, como dice el jubilado profesor Arroyo, está siendo por fin reconocida. Es que la inmensa minoría... Un abrazo, Álvaro

Carlos Medrano dijo...

Qué importante, sin embargo, Álvaro, reconstruir esos contactos tenidos para quienes no pudieron ser testigos de su persona y trayectoria. Un poeta también se agranda o se humaniza con los fragmentos de su biografía. Así, entendemos mejor sus palabras, que vemos que no parten de un misterio o una cualidad mágica sino de lo inmediato de su vida concreta.

Vosotros -más que yo- vivisteis más de cerca y desde antes a Aníbal y yo pasaría con gusto el tiempo escuchándoos o leyéndoos esas reconstrucciones y memorias.

Tú que tienes esa afición por lo diarístico seguro que serías capaz de trazar impagables semblanzas de gente como Aníbal u otras relaciones literarias tuyas: todas nacidas de una lectura, pero mantenidas tanto en lo epistolar como en los afortunados encuentros. Ahí lo dejo.

Por otra parte, no creo que la valoración de Aníbal sea tan minoritaria. Otra cosa es el 'todo a 100' tan presente en este género literario que pocos sistemáticamente leen -hasta El Corte Inglés hace tiempo ha suprimido el apartado de poesía de su librería- pero que tantos quieren, como exudación personal, demostrarnos.