domingo, 20 de noviembre de 2011

Agnès, cordero

Acontece una extraña visita de lo verdadero y terrible:
lo mismo en mi ventana revolotean pichones
atrevidos hoy,
que en una carta hielan los ojos calcinados 
de alguien que así conoces, joven:
los dos hechos conviven y nada es -difícil y extrañamente- 
en vano, pues sucede:
en el dolor que hiere,
el desconcierto
del corazón que mira amable cómo el viento mece los abedules
y de siempre sostiene la mirada en los ojos de la gente
es tanto que hoy se rompe.
Hubiera dado todo por mantener
tu nombre y dimensión sonriente a diario, Agnès.
Mas otra vez asiste despedir
lo frágil y naciente.
Un final delicado se repite
con forma de mujer, sin lugar a expresarse.
El aliento que iba 
a continuar lo mejor de nosotros
o permitir lo inexplorado y admirable
ha sido mancillado. Su truncamiento
obliga a derramar sobre ese tálamo sin flores de tu frente
un elevado amanecer que nos sostenga.
Vuelve a decirnos, en un signo fugaz igual que un aleteo
o un tornasol entre las nubes,
que en ese breve manantío que fuiste
del que nos despedimos sin quererlo
no hubo, hermosa niña, error,
ni en el miedo que nos vacía insufrible
se pierde nuestra luz y tu coraje.
  
  
* (Ayer sábado recibí por la mañana una carta de F.J.Irazoki compartida a varios de sus amigos exponiéndonos la tragedia de una joven y hermosa adolescente francesa llamada Agnès Marin cercana a los 14 años, desaparecida el miércoles a la salida de su Liceo y cuyo cuerpo sin vida se encontró el viernes noche carbonizado en un bosque. Era hija de unos amigos a la que había tratado desde niña. La brutalidad irreparable del suceso difícilmente puede ser consolado con palabras, pero de algún modo el dolor ha de ser recogido y salvado de la fría saliva de la indiferencia.)
           

4 comentarios:

Antonio María Flórez dijo...

Estupendo texto, amigo, sobre un hecho aborrecible y muy doloroso.
¿Qué nos pasa, humanidad?

Mª José Bohigas Medrano dijo...

Tu sensibilidad me desborda como siempre. Difífil, muy difífil expresarlo como tu. Te quiero, gracias por mandarmelo.

Alfredo J. Ramos dijo...

Sensible y valiente, Carlos. No sé por qué su ritmo me lleva a leerlo sin partir versos, al modo de un poema en prosa (aunque quizá se pierda así cierto "entrecortamiento" del decir sin duda buscado).

Carlos Medrano dijo...

Puedes perfectamente hacerlo, Alfredo. Tras su escritura que se me impuso a partir de un primer verso no regalado por los dioses sino rescatado de una carta donde releí una frase tocada con el germen de lo poético, tuve que decidir también en su forma definitiva la disposición final de sus versos dentro de un tempo que tendía a lo extenso.

Escrito en prosa su lectura en voz alta no desmerecería tampoco, pero al suprimir los versos -acabo de hacer la prueba ahora- sí que yo he echado en falta algo. Con ellos y los espacios blancos se aporta una claridad visual que afecta a la lectura, al tratamiento de lo expuesto, y que prefiero.