lunes, 8 de agosto de 2011

A Jordi Gual

Todo el azul del mar al mediodía
y en él la estela blanca de quien ya en otra vida
me señalase ahora como entonces las rocas
desde su suavidad y mirada tan quieta.
Es aquí tu distancia lo que en verdad nos cuesta.
Que no puedas tocar con nosotros la brisa
y en ella nos llegaran otra vez tus palabras.
Así ahora es tu ausencia,
tu constante no estar por más que la memoria
nos sostenga las formas y tu voz requerida.
Sólo fue un paso previo el que diste y, al cabo,
qué orfandad nos dejaste para cruzar la tarde.
Sé que estás y te hablo, y nadie me responde.
Y lo que estuvo dentro persiste aunque no vuelva.
Tal vez en esta quiebra tú nos miras ileso,
como si de este suelo pudieras levantarnos.
Pero vuelven las fechas de aquella despedida
y ante el mar hoy leía una invisible marca
como un ave de espumas por la que no te borras
a la que le he pedido que dibuje tu nombre.
 
 
* (Ayer, 7 de agosto se cumplían dos años de la pérdida de quien era, sin duda, el mejor amigo que disfrutaba en Mallorca. A la vez que ya suman catorce años de esta segunda residencia mía en la isla. A los pocos días de llegar en aquel verano del año 97, tuve que asistir en Vilafranca al funeral de otra excelente persona, Francisco Amengual, amigo íntimo de Santiago Castelo que me lo había presentado desde algunos años atrás y al que esperaba tratar ilusionadamente al llegar de nuevo a Mallorca. Sin embargo, la urgencia temprana de la muerte hizo que no. Como con Jordi Gual y en el mismo lugar, Vilafranca, volvió a suceder. Hay un reloj interno con estas marcas de lo inevitable que extiende compasión en estas fechas sobre ellos y sobre nosotros, al igual que cuando nos asaltan a veces conversaciones figuradas, o al principio era imposible visitar los lugares compartidos sin que estremeciera no verlos. Pero la muerte, en lo que tiene de separación irreparable, en ocasiones resuena si cabe más en quienes nos conducían a lo mejor de nuestra alma, como si fueran parte de ella. Me doy cuenta que esta era una especial cualidad de Jordi con sus personas más cercanas -y queridas. Ellos entenderán que hable hoy con nostalgia.)
  

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