miércoles, 26 de octubre de 2011

Ante el invierno

                                                   Sé y a la vez no sé de muchas cosas,
                                                   y no he venido a ser ejemplo ni camino de nadie,
                                                   ni una forma obligada o trayectoria útil.
 
 
Soy el superviviente de mí mismo.
Con los años cada pasión alcanza su vacío,
pureza o levedad
con la que ven mis ojos
tibios y preparados para mirar más lejos.
Sólo la voz contiene -y ejerce- ahora todo.
Y el cuerpo deja el rastro lineal del silencio,
del hermoso sentido lúcido de un destello
al mediodía limpio sin declive vivido.
Como escalar el tiempo bajo esa necesaria
comprensión del que sabe que el triunfo era otro.
   

7 comentarios:

J. G. dijo...

ya es algo grande sobrevivir a uno mismo, es una lucha diaria con el resto como secundarios

Carlos Medrano dijo...

Muchas veces he dicho que vivir supone atravesar un numero no predecible de sucesivas muertes de uno mismo y a la vez ir más allá de todas las limitaciones ocultas o aparentes. Más allá de todas ellas y al cabo de los años, lo que queda de nosotros es la capacidad física e inmaterial del vacío y el silencio a la que ya nada agrede y sobre los que se levanta indemne la firme capacidad de ser lo que somos y se quiere. Los ojos pueden un día ya no ver y saben, y la vibración de la voz al nombrar contiene la fortaleza de todo lo que existe.

En la reflexión sobre la plenitud de la vida o sobre la consecución de los deseos o su carencia y sinsabores me preceden singulares autores. Si mi poema invita a recordar y releerlos ya es bastante.

Pero también se levanta sobre la desolación y lo estéril y en el movimiento hacia adentro hay un segundo de aceptación y reconocimiento donde la respuesta del mundo también se abre y acude. Nada es en vano ni pasa inútilmente, y menos nadie si tiene conciencia de que existe.

Emilia dijo...

La sensibilidad, la belleza y la certeza del poema, lo convierten en sublime y muy cercano. No dejes de expresar tu interior, nos ayudas a contactar con el nuestro. Enhorabuena por este don.

Carlos Medrano dijo...

La vida nos puede dar o no lo que buscamos, pero hay un momento que nos damos cuenta que la clave estaba en nosotros mismos. Cuanto antes suceda, el cambio de respuesta de la vida nos llega o no nos llega a tiempo. Y merece la pena ser completos lo antes posible.

efi cubero dijo...

Poema con carga de profundidad, querido Carlos...Cómo te abismas en la certeza de lo que siempre valdrá la vida.(Este poema tuyo, por ejemplo)

Carlos Medrano dijo...

Gracias por tus cariñosas y valientes palabras, querida Efi. Me doy cuenta que con el paso de los años se impone una revisión y concepción de la vida a la luz de la certeza cada vez más presente de la muerte, de nuestra propia muerte. Lo que cambia y se cae, en especial de un modo físico, sucede a la vez que comprendemos todas las claves de por qué vivimos, y nos entregamos, en ese tiempo que nos queda, a una voluntad de captar la armonía y mantener su permanencia. Me obsesiona dejar un legado limpio a lo que tras de mí venga, a quien de verdad sé que un día podrá recogerlo. Es lo que transmiten las manos y los ojos de un padre con sus hijos y que ellos han venido a exigirnos afortunadamente para su vida ¿A que merece la pena?

efi cubero dijo...

...Vale la pena,Carlos, sí, como la armónica verdad que tu poesía contiene. Un gran abrazo, amigo.