Esa herida.
Cómo volverla flor
y mitigarla.
Y en el claro temblor
limpio del agua,
de su seno nacer
igual que el día
emerge de la noche
encalando tinieblas
con la luz que inaugura
el color de las formas.
Lo truncado encerraba
el brote, la palabra,
el vuelo, la caricia,
lo intuido y sereno
donde el mundo comienza.
Más allá de las pérdidas
asoma lo incesante
que a la nada derrota.
Y en la quietud diaria,
de la nada nos vuelve
una honda memoria
asida a lo visible,
indemne y vulnerable,
perdurable y naciente.