domingo, 23 de junio de 2013

Geoda

                      a Barbara Loyer


Respirar,
y en el pecho
una mano
certera como nube
accede a la burbuja
donde el blanco de un ala
desencalla las sombras.
En tu voz una escala
será la cicatriz
de lo que vuela.
De tu entraña indefensa
el aire recupera
la humedad vegetal
y el iris de los días.

 * (La minuciosidad del colibrí sabe libar el pulso más allá de la extrema profundidad de los quirófanos.) 
    

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

Potencia del poema. Si uno se entretiene en averiguar el "referente", todo cobra un sentido preciso, y solo uno, y hasta cabe pensar que el poeta es un minucioso relojero. Pero la palabra desnuda no conoce esos límites: cuando percute, como piedra en el agua, crea un círculo muy amplio de significados y nadie sabe en qué arco de la circunferencia y hasta qué hondura seremos transportados. Un hermoso poema, Carlos. Desde el principio se intuye que este viaje a las cavernas de la respiración circulan por el lado claro del afecto, en la región de las ínsulas cercanas. Solo cabe asentir y darle fuerza de amistad y conciencia al viejo grito libertario: ¡Salud! (Acá, allá y por encima de los Pirineos).