martes, 27 de agosto de 2013

Estaciones

Quien aspira a volar
se disuelve en el aire.
Mas el aire quisiera
ser como tú, corpóreo.
Huimos de la imagen
que a los otros complace.
La materia nos forma
a la vez que es un límite.
Encierra sensaciones
de un devenir extraño.
Describo su memoria
al desprenderse:
un sueño interrumpido,
un fulgor que no duele.
En el cuerpo se esconde
al latir lo difícil,
esparcidos fragmentos
de un saber entrevisto,
un perfil de violines,
el silencio en la nieve.
Si respiro, sucede
sin pausa lo distante.
La raíz que me ofreces
es mi voz ya sin nombres.
    
   
* (Quise que en los últimos días de agosto apareciera en el blog este poema que había escrito durante el mes y retocado en esas fechas previas. Me encontraba pasando de nuevo unos días en Portugal junto al Atlántico, desde hace años a mil kms de mi residencia mallorquina. Y de donde volví con la sensación de ser un lugar magnífico para vivir si así de fáciles fueran los deseos terrenales. Me costó encontrar cerca de donde estaba un cibercafé para preparar la entrada que mostré con el poema exento. Con la urgencia del momento, opté por no incluir unos versos emblemáticos de Juan Manuel Rozas que me resonaron durante su escritura, pero que ahora, tiempo después, aquí recuerdo: "somos ruido de rosas, dioses para la muerte". Porque siempre, después de atravesarla de nuevo, y más con los seres cercanos, queda la sensación, mientras vuelven los días que germinan y a cuyo rostro nos volvemos, de ser parte de ella. Hasta que un día el propio pulso nos sacude y devuelve al sentido de lo que alcanza la existencia.)
   

3 comentarios:

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Me encanta la musicalidad del poema y el ciudado formal que pones en unos versos de excelente cierre. Enhorabuena, Carlos.

E.Cubero dijo...


Muy bello,Carlos, amigo.Luminoso y profundo.Dolor y calma.

Luis Alonso dijo...

La lectura ha sido rápida pero atenta,volveré sobre esos versos, pero tengo la impresión de que has encontrado ('encontrado',sí)un camino certero. Un abrazo. Luis.