viernes, 4 de abril de 2014

Música para días crecientes

Hay veces que el amor es un mínimo gesto:
una mano apoyada en otra mano,
una cabeza que se inclina y duerme,
o esa tranquilidad del fuego amable
que destella en los lirios.
Deja que el aire suene
sin que nada te aparte ni te inquiete,
sin que aceche la imagen o el nombre del silencio.
Y en su cristal la tarde como la piel se amolde,
y su verdor te acerque el canto de los pájaros.
   

2 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Una belleza, Carlos. Gustosamente me dejo invadir por la serenidad de este poema, tan sensitivamente cercano, desde el título hasta el canto de los pájaros, a los que esta misma madrugada, ya en Madrid, oía alborotar entre el follaje como si fuera a comenzar el mundo. Y, en el fondo, así era.

Luis Arroyo Masa dijo...

Querido Carlos,tu poema resonó el pasado 5 de abril en el salón de actos del colegio Claret de Don Benito. Lo leyó Marita Nieto, tu compañera de curso; al acabar la lectura, un aplauso corroboró la fuerza de la poesía; a pesar de la distancia, la fuerza de tus palabras había calado en todos los presentes, que éramos muchos, y nos sentimos más unidos.