martes, 28 de octubre de 2014

Del otoño

Así escribo:
tus manos en mis ojos
aceptando el silencio.

Toco el mundo.
Y ante mí está su rostro
cuyo fondo es el mío.

Tiembla el aire
de un pájaro encendido
en blanco vuelo.

Inasible lugar
haber nacido, mancha
que desprender del todo.



* (Después de un silencio sobrevenido que me llevó a no atender el blog, y tal vez a creer cerrado su ciclo, pues todo tiene un tiempo, ocasión y medida, hoy que el cambio horario ha impuesto también el adelanto de la noche, comparto esta reflexión otoñal, preludio del frío a los pies de noviembre, impregnada de esa inquietud por los días en los que el don de la palabra, interrumpido, más que desposesión es simultáneo buceo para dejar atrás la pez que atenazaba la agilidad del espacio, la piel, el movimiento e incluso el cuerpo que ocupamos que, como la textura del mundo, es peso material de lo diáfano, cuya liviandad pretendemos. Como expresé en la segunda entrega del blog, "no sé que día volveremos". Caídas las distancias, ¿importa algo? En la conciencia de no huir estaba el centro.)
  

2 comentarios:

Luis Ángel Lobato Valdés dijo...

Solo el Tiempo decide cuándo concluye un tiempo en la Historia. Nosotros somos úinicamente actores -sin saberlo-.

Magnífico, sensible y delicado poema, Carlos.

Alfredo J Ramos dijo...

¡Qué bueno que volviste, Carlos! Y con tan buen pulso. Me parece que es la primera ventaja que le encuentro al cambio horario.