viernes, 20 de mayo de 2011

A Miguel Hernández

                                     porque la pena tizna cuando estalla
                                                                                             (M.H.)

En un momento dado,
todas las manos de la tierra
-prolongaciones sin sentido-
recorrieron
distancias verticales hacia
el
suelo.
Después, casi al instante,
la vida prescindió
de sus verdugos
y el aire terminó por desangrarse.
  
  
* (Al cabo del tiempo, la aceptación del primer libro juvenil editado nos produce cierto conflicto literario. Hay autores que supieron resistirse a la tentación de publicar todos esos escritos tempranos y hay quienes cuando recopilan su obra lo hacen al margen de ese inicio, posiblemente marcado con las claves de muchas confirmaciones posteriores -vitales y de escritura-, pero sentido luego con la provisionalidad de aquellos impulsos iniciales y logros de un trabajo más ingenuo o distinto. Sí que hay una regla que garantiza la superación del paso del tiempo de lo escrito: poder leer todavía un texto con pulcritud por encima del diferente interés vital y estético de las edades y el momento.
  
Alguien en su fervor benévolo me ha animado a mostrar en esta isla más poemas de aquel inicial Corro, aparecido a trompicones -recuerdo sus retrasos más bastantes descuidos impresos- que tuve que entender como una aceptación de lo imperfecto, como lo es la vida humana muchas veces. Y sí, puedo enseñar aquí alguno de esos poemas y volver hacia atrás para aceptar el reflejo olvidado de unos años ya vividos y cerrados por completo, si bien valiosos en lo que tuvieron de imaginación y propósito. Alguna vez más aparecerán otros.)
  

5 comentarios:

mcafus dijo...

Grandes recuerdos tengo de usted. Duros momentos me hizo pasar durante mi aprendizaje pero que gratos me son ahora. Aprendí a aprender fuera de las aulas, aprendí a apreciar a un buen libro, aprendí a diferenciar al amigo del profesor.
Se que no me recordará y no me importa, lo que me importa es darme cuenta que en cuanto pongo en marcha mis recuerdos de instituto siempre sale su imagen. Es usted grande. Un saludo desde algún rincón de Mallorca

Carlos Medrano dijo...

Reconozco estar acostumbrado a emplear estas palabras cada vez que admiro con claridad algo o alguien por quien me siento de verdad estimulado. Pero no tanto a recibirlas. Es la segunda vez en una semana que me sorprende ser descubierto y recibir palabras tan generosas de antiguos alumnos. No sé lo que he podido enseñar pero si he tenido algunos momentos exigentes e inspirados se ha debido al interés y diálogo de los alumnos que tenía delante.

Elegí esta profesión porque quería trabajar con personas y me atraía, recién acabada mi carrera, este periodo de edad del bachillerato, como si en él recuperara alguna de mis memorias juveniles. Incluso después añoré no poder dar a los primeros años de primaria, y asistir con el juego al asombro permanente de los ojos y expresión de los niños. Hace años que la Logse y sus derivados letales hacen casi imposible el disfrute y discurso cultural, creativo y humano de una clase, incluso el agrado de la convivencia y de aprender a ser libres, por encima de cualquier dictado o planteamiento mediocre.

Pero haya sido el paso del tiempo afortunado o miserable en las experiencias que cada uno haya tenido, siempre reivindicaré la capacidad de enseñar el valor de la palabra y de crear con ella lo que queramos. Porque en ese reducto de lo en verdad disfrutado cuando leemos o escribimos no puede entrar nadie sin que sepa entenderlo, ni es posible sombra capaz de destruirlo en recinto tan íntimo. En ese caso, algo me vuelve a los orígenes como cuando aprendí con Blas de Otero el valor de decir "me queda la palabra" que ahora mismo he releído. Y con ella creamos todo lo que sí amamos, aunque la vida nos lo otorgara a alto precio, o nunca, o mancillado. Pero nunca así en nuestras manos, y voz, y deseo -sobre todo el deseo- de entregarlo a los otros, ileso e íntegro.

No sé quien eres, ni importa que te ocultes, pero así te percibo, persistente en lo que sabes que no es fácil pero es un compromiso: la integridad -sin espejos- de aspirar a lo bello, sencillo y exigente. Al final el objeto de nuestra contemplación y deseo no es algo ajeno a nosotros y sólo lo obtenemos cuando también resonaba dentro. ¿Desde cuándo? Adelante

Alfredo J. Ramos dijo...

La memoria recorre lo que guarda el corazón. Sólo así es posible rememorar la lección haciéndola nueva.

Cristian Fuster (mcafus) dijo...

El tiempo pasa pero la palabra sigue. Pasan los años y sigue dando gusto escucharlo, bueno más bien leerlo.
Pues lo cierto es que no me escondo, lo que pasa es que siempre uso el nick, es una mala costumbre y no me doy cuanta que en muchas ocasiones no es necesario utilizarlo.
Se que el tiempo pasa para todos y que deben haber pasado muchos alumnos ante usted por lo que no espero que se acuerde de mi, de todas formas mi nombre es Cristian fuí alumno suyo cuando estudié bachillerato y desde hace tiempo me preguntaba donde debía estar, siendo una sorpresa muy agradable leer que vive en Mallorca ya que siempre he pensado que habría vuelto a la Península.
Pues debo decirle que de usted recuerdo descubrir a Valle-Inclán o leer por primera vez La Colmena, a Juan Ramón Jimenez o La generación del 27. Puede que para la gente más entendida sean los libros y autores típicos de secundaria, pero para mi fueron importantes, no por lo que han significado en la literatura española sino más bien por quien me permitió descubrirlos y como apreciarlos.
Como profesor enseñó y eso supongo yo que todos los antiguos alumnos que se hayan puesto en contacto con usted se lo habrán dicho, pero lo que a mi me influyó fueron los pequeños gestos y detalles que vienen mas por la persona que no por el formador. Detalles insignificantes que por una u otra razón me influyeron a mi. Cuando uno se forma como persona tiende a escuchar poco y mal y que haya un adulto capaz de conseguir centrar a esas hormonas con patas que son los chicos de 16 años, pues hay que reconocerle el merito que tiene. Y eso consiguió conmigo. A mis hijos les digo que podemos ser amigos pero que llega un momento que debo cumplir como padre y que ese es el limite que deben marcarse y nunca traspasar...y esa idea la aprendí de usted, entre otras mas,...aprendí que podía tener buena relación o amistad con profesores, jefes, compañeros, etc pero que debía aprender a respetarlo cuando ejercían como tal. Y le aseguro que para un adolescente eso es difícil de comprender.
Siento si mis comentarios no se centran en la literatura, ya le digo que me gusta leer y mucho, pero a pesar de remarcarle que fue un gran profesor y que aprendi muchas cosas que aun hoy recuerdo, debía decirle que gracias a usted adquirí un trocito de la persona que soy ahora y que ese trocito está pasando a otras generaciones.

De verdad, muchas gracias.

Carlos Medrano dijo...

Gracias, Cristian por ese afecto mostrado hacia mí y que me compartes de tus hijos. Sí que es posible que del fondo no tocado de hace 15 años las caras se dibujen de nuevo.

Te reconozco el enorme pudor de leer esos elogios, pero venzo la tentación de borrarlos y acepto ese favorable comentario. Es verdad que yo también aprendí de los pequeños gestos de quienes tenían que decirme algo.

Quede en adelante la privacidad reservada al correo electrónico. Viviendo seguramente cerca, cualquier día nos cruzamos en Artà o alrededores. Avisa, que soy despistado.

Y como ves, la vida es un recorrido donde tiene su importancia pasar bien el relevo y el cuidado del mundo, que es cuidar de nosotros.