miércoles, 29 de agosto de 2018

Altivez de La Palma

Frente a la magnitud
de lo no conocido,
la cristalización
mineral 
de las horas,
la soledad
que oxida
su cuchillo
incisivo,
la corteza amarilla
de las mudas palabras,
y
porque sólo la muerte
perdura 
en su desgarro,
ha de soplar el viento
muchos siglos y noches,
muchos cielos y tierras,
mucho abismo y silencio,
antes que nada pueda
arañar esta tarde
y borrar sus reflejos
de arbolada corriente,
el rescoldo profundo
de cada filamento,
o cegar el destello
vertical de los bosques
aquí donde,
detenido ante el margen
vegetal de este cráter,
el océano sucumbe
al latido terrestre
de un sol denso y volcánico.
 


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