domingo, 5 de agosto de 2018

Latitud

Ser mero espectador.
Celebro que tú existas.
La humana geometría
que desprende en el aire
la pincelada ágil 
de unos tonos intactos
serenos de belleza.
Como un brote que elige
arriesgado en la nada
ser así y valerse
de la luz en lo árido,
no cuesta contemplarte.
Y cada vez que paso
junto al verdor que lame
la humedad de la tarde,
en su color resiste
la bondad de una fuente.
Su figura es alarde
de vivir en lo mínimo.
En tu mirada extiendes
un frágil universo
labrado en lo minúsculo,
un mundo inmarcesible
que pocos más conocen.
De la delicadeza
una casa construyes.
Sin embargo, tú eres
su último reflejo.
Puedo oler los jardines
que leyeron tus ojos
y vivir de otro modo
un sinfín de detalles.
Recrean las palabras 
otra forma de vida
nítida y exquisita.
En tu reino encendido
sólo cabe el anhelo
de lo más elevado
y raudo en su destello.
Quien rozara tus manos
marchitaría su vuelo
inaccesible al tacto.
A salvo en tus cuadernos
tocaron otro espacio
por encima del tiempo
del caos y del ruido.
Los colores del agua
salpican el camino
como el paso del cielo
en las ondas de un cauce
se mezcla con los rostros
del azar y el deseo:
su dorado reflejo
atraviesa lo escrito.
 
 

1 comentario:

Myriam dijo...

"un mundo inmarcesible
que pocos más conocen",
y produce mucha luz...

Un abrazo