domingo, 30 de diciembre de 2018

Notas para un preludio a fin de año

Cuando nada se pierde,
tampoco nada falta.
Y nada inquieta.
Resuenas con el centro de las cosas.
Percibes donde empieza el ir más lejos.
El tiempo acude intacto
a los pies del presente.
Descubres lo que aflora
en lo inmediato,
asistes al arranque
de los brotes de invierno.

      * * * * * *

Olvidar y sentir.
En la palabra
la música 
esperaba
desde adentro.
Donde el mundo callaba
era posible
el vuelo de los nombres
y lo físico,
el principio
y el canto.

      * * * * * *

Dame la mano. En ella
sobre tu palma soplo.
Como un vilano
el cielo puebla
de colores el sueño.
Debajo de los árboles,
al temblor
 del espacio,
el aire se humedece 
al cruzar una fuente.

      * * * * * *

Elige un rayo 
de sol para la noche.
En él te llegue
el trinar de las aves
y el rostro de la tarde
cuando torna a los ojos
su ópalo menguante.
Allí crece el remanso,
hacia el fondo del iris,
donde la nieve duerme.

      * * * * * *

Sumergida en el sueño,
al rumor de la sangre
y el pulso del aliento,
una efigie respira.
Se mece su silueta
varada en una imagen
de quietud intangible.
¿De qué lugar perdido
nos cautiva el misterio
que en su reposo late?
Antes que llegue el alba,
¿su luz de dónde viene?
Como dioses humildes
que pasan en silencio
son frágiles mis pasos
ante su hechizo hondo.
Si un ruido la desvela,
el mármol sería vida
entreabriendo sus ojos. 
En su cuerpo la bruma
al temblar se disuelve.
Por encima del tiempo,
una mano de aire
dejó el soplo en sus labios
y en mí esa leyenda
de un alto paraíso.

 
* (Al igual que nos extrañan los periodos de silencio, otras veces pensamos por qué nos vienen los poemas cuando nos vienen y qué relación tienen con nosotros y hasta qué punto vamos a sentirnos cómodos al leerlos tiempo después, o van a dejar testimonio de algo, de un ideal, de un propósito. Cambiamos tanto a diario por milímetros que la extrañeza es casi natural en breve espacio. Al menos fueron escritos para cruzar mejor el mundo y, al perfilar una sensibilidad, aprender de uno mismo y entender el reflejo de algunos elementos contemplados. Un ejercicio de aceptar cada día lo nuevo. Es fin de año; desde la benevolencia de valorar nuestro esfuerzo cotidiano -y escribamos o no-, espero que todo lo pendiente que queremos siga encontrando su lugar y nos resulte más cerca el año próximo.)
 
 

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