miércoles, 19 de diciembre de 2018

Vigilante

Estas mismas estrellas
que en silencio coronan
la noche despejada de este invierno,
hace miles de años
también nos contemplaban.
Con idéntico asombro
nuestra fugacidad repite
la escena tantas veces
que alguien -pase el tiempo que pase-
hace de su reflejo
un oasis extraño,
y estremece lo frágil
de esa fugaz consciencia:
el sentirse tan lejos
siendo una parte suya,
el latido que orbita
ajeno a su memoria.
Similar a un destello,
lo oscuro nos desvela
la inclemencia del mundo,
el olvido que guarda
el nombre de las cosas.
 

2 comentarios:

Myriam dijo...

Somos, en verdad, fugaces.
Y muchas veces, ignorantes de nuestra pequeñez.

Felices Fiestas, Carlos.
Feliz Navidad y Próspero año nuevo.

Un abrazo

Carlos Medrano dijo...

Muchas felicidades a ti, Myriam, siempre tan generosa.
Y muchas gracias.

Yo te diría más bien que ignoramos nuestra magia y grandeza, que no pequeñez. Y por ahí se llega desde la integridad y el corazón siempre. Y el conocernos. El camino personal ya nos dijeron como encontrarlo otros maestros: ir hacia adentro, reconocer al otro, andar.

Abrazos.

Que sea muy bello y positivo el nuevo año. Seguimos.