sábado, 15 de febrero de 2020

Cielos álgidos

                              A Hilario Barrero y sus escalofríos de febrero

¿Quién puso el velo
hasta volver calima
nuestro verano?

Esa tristeza,
tan adentro, tan tuya,
de despedida.

Queda en los ojos
la templanza de un beso,
mudo chillido.

El trino frío
y el corazón despierto
y abandonado.



* (La escritura suele ser una fuente fundamental de la propia escritura y el don de la palabra genera y nos conduce a una realidad tan profunda o más como la que vivimos. Sin embargo, no toda palabra vibra, o vibra igual, ni nos lleva a esa fuente o lugar que reconcilia, salvo cuando lleva verdad, o está escrita inmersa y por encima de circunstancias y experiencias, favorables o no, que siempre llegan. La transcendencia humana es, ante todo, esa actitud y conciencia para ir más allá. Hilario Barrero guarda una relación diaria con la palabra; nada más rayar el alba, o desde la región del desvelo, su primer acto conduce a la escritura, ya sea fijar la imagen del hallazgo y colores de las calles de Brooklyn tras el último paseo, o el territorio inmaterial e imborrable de los fundacionales recuerdos. Y hay palabras que nos llevan a todos los sitios y en las que visitamos todos los universos diarios. No otra cosa nos va a sostener y explicar mientras vivamos, pues la palabra no está hecha sino de nuestro mismo aliento, y el aliento, de la misma región de lo que somos y queremos. En la afilada e hiriente melancolía de alguna entrada reciente de H. B., el dolor ante la realidad de los últimos años de la vida se hizo más agudo de lo esperado, y como siempre, la lectura fue un riesgo para un lector nunca a salvo en su fidelidad al asomarse. Yo recogí ese filo con la indefensa claridad matinal del rocío, sólo en los ojos alcanzable, y ya disuelto con tocarlo.)

1 comentario:

Por hache o por be dijo...

Si hermosos son los haikus no menos emocionanente es el "asterisco". Dos textos para meditar, preguntas que esperan una respuesta, sentimientos a ras del alba. Muchas gracias.