jueves, 15 de abril de 2021

Expolio

Sólo la soledad y la luz son verdad y consuelan. Por eso espera la llegada del día quien únicamente no traiciona y responde sin fingir ni esquivez a lo que ha rozado al vivir, o como carga o entrega recibe y siente encima: nuestro cuerpo, que es parte de la tierra, cuya naturaleza al crecer nos hablaría con el lenguaje y sentido que hace tanto nos obligaron a olvidar. La soberbia hizo el resto. Así y todo, con sobria solidez nos aguarda a la muerte. Y entonces, el cuerpo que nos sobra y sin cubrir ya molesta, normalmente, con temblor y sosiego, en su oquedad sabe acoger y vela. Aunque en no pocas ocasiones, al cubrirnos, si por azar o extravío fuera tan sólo humana, avergonzada olvidaría. Pues el error también encierra una lección en el ocultamiento y reposo con el que la tiniebla se torne claridad. Porque el alma, depositada sin forma por la respiración en la saliva, hubo un día que al hombre le sobraba en la boca, y escupió de sí mismo antes de andar.
  

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