sábado, 10 de abril de 2021

Litoral

Sin más trofeos que la luz
la habitación respira con la música
de una canción por clara compañía.
Y el blanco día tiembla en lo que vuela
y en la ventana el aire sabe al mar
que hasta tu casa da por voluntad de serlo
y estar de ti más cerca.
Sientes al respirar salitre y olas.
La voz de lo que en tierra brota
crece con fuerza y suavidad
-corteza, surco templado y blando 
similar a ladera, raíz, pistilo y pluma-
con la hondura cercana a lo que brilla.
No preguntas por nada. De sobra te rodea
lo que llega hasta ti y a descubrir te invita
el bienestar de cada cosa, esté escondida o no,
y al recibirlo tome forma
de ensenada o de cumbre.
Como si el tacto fuera un abierto oleaje,
un limpio sucederse al comienzo de todo,
ajeno a declinar, más bien remanso,
material sueño, asombro y recorrido, 
aliento necesario ante un rostro tan nuevo
como el mundo en los ojos que valen su reflejo,
y los ojos del mundo
-pues nos miran los árboles y en esa luz crecemos-
protegen nuestro paso inclinado a su hallazgo.
 



1 comentario:

francisca diaz fernandez dijo...

Qué agradable sensación de plenitud de espíritu
y de paz, cuando te llega y te llena un poema
tan bello como éste. Para leerlo en calma como yo
he hecho varias veces.
Que llegue hasta tu isla mi felicitación
y mi abrazo.