viernes, 29 de abril de 2011

Atlántida

La misma mano que acaricia
también golpea o aparta.
Como previa al granizo
antes corrió la brisa,
o se cierne la noche
igual sobre el que ama
que en torno del caído
al que la soledad aterra.
La boca besa, insulta,
bendice o asesina.
Junto al don del poema,
la ira o la calumnia.
Se cultiva la flor que sin embargo arrojas.
Soñaste un mar donde a un delfín seguías
lejos de la ciudad inversa y turbia,
fuera del cuerpo donde deshabitas.
  

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