viernes, 3 de junio de 2011

A. Mª. Flórez

Consciente del viaje,
miraste un momento los hechizos.
  
Sobre ningún cadáver
pervive la belleza de aquel tiempo.
  
Juntas flores de piedra
que perduren al irte.
  
Sin embargo la muerte
ya no vino a tu encuentro.
  
  
* (Al frente de mi primera publicación poética situé, no casualmente, unos versos de complicada disposición espacial de Antonio Mª Flórez que decían "Hay que ser como un crepúsculo para estar aquí, sentados en un instante de nuestras vidas, esperándonos a nosotros mismos". Poderoso sin duda, este poema leído tiempo antes de mis veinte años -y que guardo mecanografiado sobre el fondo amarillo de una hoja de periódico- sigue teniendo su vigencia e iluminación sobre algunos propósitos de lo que he escrito y vivido. Cómo no mostrar aquí el reconocimiento por alguien en cuyo impulso vital y origen de sus versos atraía el esplendor de lo genésico o el hechizo del mundo, del eros y de un lenguaje con el valor del sueño, anterior al desatino de la imparable edad y sus deshielos o los hongos del miedo que llegan al acecho. Y cómo no celebrar con un abrazo esos años intactos -por ti tan recordados- previos a la dispersión que llevó a cada uno tan lejos de ese enclave y momento intenso y creativo de los 17 años, Antonio. Como si no estuviera a mano todo entonces. Algo hubo desde siempre para esa indagación del paraíso permanente en tus libros. Desplazados o no, fue tu reto buscarlo.)
  

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