¿Habrá algo más hermoso que quedarse sin huellas?
Francisco Pino
Una nueva manera de nombrar sin palabras,
una libre mirada como el agua más honda,
el latir de una cara sin las marcas del tiempo.
Miro hacia atrás, con el pesar por tantas cosas
desde el origen no disueltas. Tal vez ahora
ya más liviana la carga de nacer
sin más guía o sentido
que haber seguido desanclando
la intemperie embebida
en la piel, en los huesos, en la misma mirada.
Sin más armas desnudas que la espera
o la voz aquietada de las cosas que vibran.
Me acojo a la dulzura de unas ramas
cuya sombra descanso me procuran.
Quisiera la destreza de reflejar sin pausa
el brillo de un entorno natural y encendido.
El tiempo pasa y quien camina ahora
y atesora el abismo de sus manos ligeras
capaces de acoger la confianza,
por un instante tiembla en mitad de estos días
mirando las señales de los cielos más próximos,
inquieto frente a aquello que inauguran.
Limpias tus ojos con la hierba o la brisa,
esperas de la tarde su celaje que arda.
Y en la imagen de un joven asomado a un remanso
te basta lo que calla el rumor de este lienzo,
mezclado en el continuo balbuceo de una noria.

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