jueves, 18 de mayo de 2023

Rendición

Una isla te enseña
a volverte una isla
adentro de la isla.
Hay rincones intactos 
que aún guardan su belleza
sosegada de siglos.
Al retornar a ellos
te bastan las señales
del rodar de los días,
la compañía sencilla
de la brisa que cruza,
cómo pasan las nubes,
la luz de la montaña, 
los jardines de patios
que recrean un mundo
clausurado y abierto 
a la vez tras las rejas
de un tiempo detenido
que observa al paseante,
o ese ritmo apartado
del color de la piedra
en calles donde el agua
corre al pie de unas flores
y perviven relieves
labrados para aquellos
que el asombro cultivan.
A solas una isla
emerge piel adentro
hasta alzar en el pecho
su perfil y oleaje,
su reino sumergido
donde el rumbo se borra.
Llegas a abrir los ojos
como el sol cuando asciende,
llegas a ser la noche 
del bosque que la cubre.

   
                        
                        

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