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domingo, 10 de mayo de 2026

Tres homenajes a Á.C.P.

Álvaro Valverde


        Estuario

El Tajo que en Lisboa se hace mar
sigue siendo ese río que te lleva.


        Lisboa

Observo la ciudad desde lo alto
para saber quién soy y lo que he sido.


        La Codosera
 
                            Sin la menor piedad llega la muerte
 
Siquiera este refugio para cuando
mi vida sea materia del olvido.


        La ciudad blanca

Es imposible recorrer Lisboa
sin que salgan tus versos a mi paso.


Basilio Sánchez


        La semilla en la nieve

Para un árbol la nieve es otra forma,
quizás la más hermosa de estar solo.

                    ***

Un ruido de semillas en la convalecencia de la nieve,
un arranque invisible de las cosas que regresan al sol.

                    ***

Elijo mis semillas para mi invernadero,
las palabras que pueden, por sí solas, germinar en la nieve.

                    ***

El poema es un árbol
que brota, solitario, de la nieve de Dios.


Mario Lourtau



Díptico



con espuma

con luz

con nubes

con silencio

con nieve

con salitre

con escarcha

con niebla

con estrellas

con cal

con ceguera

con sílex

con huesos

con marfil

con espinas

con seda

con cráneos

con sudarios

con espectros

con miedo

con humo

con glaciares

con tristeza

con cisnes

con ubres

con palomas

con gaviotas

con conchas

con lunas

con erizos

con lechuzas

con cuarzo

con sílice

con hebras

con susurros

con perlas

con pétalos

con sal

con astros

con almendros

con tacto

con azahar

con luz

con mansedumbre

con agua

con murmullos

con claridad

con sueños





                                                                Di que tú amas

                                                                la tibia arquitectura

                                                                de estas calles.



                                                                             de La ciudad blanca

                                                                             Ángel Campos Pámpano



en Alcobaça, 1986


* (Cuando hace cuatro años coordiné el libro homenaje Recobrada memoria, que vio la luz en esta fecha del 10 de mayo en la que nació en 1957 en San Vicente de Alcántara Ángel Campos Pámpano, al pedir las colaboraciones a los amigos y escritores que participaron, algunos de ellos me enviaron un trabajo más amplio, pues estuvieron elaborando varios textos en torno a sus recuerdos del mundo personal y literario de Ángel. Es el caso de las tres muestras que en esta entrada he reunido, de una alta calidad igual al interés que sus autores pusieron en el empeño. Tanto Álvaro Valverde como Basilio Sánchez me enviaron cuatro dísticos para que eligiera uno de ellos. Así lo hicimos de mutuo acuerdo. Y Mario Lourtau, por ese parecido entre dístico y díptico, entendió lo segundo y se dispuso a idear una invención espacial para que ocupara dos hojas. En la primera iría esa lista de nombres que pincelan una libre imagen creacionista lisboeta y en la segunda esos versos extraídos de La ciudad blanca que leídos así forman un haiku. Y de este modo seguimos recordando a Ángel.)
 

domingo, 23 de abril de 2023

Cinco haikus en diálogo

 1.

Como una calle
que no tiene salida,
este silencio.                               (Susana Benet)


Nadie lo siente.
Ni un mirador de olvido
al horizonte.                              (Carlos Medrano)



* * * * *

2.

El viento agita
el reflejo de un árbol
dentro del agua.                        (Susana Benet)


Cruzan los peces
como hojas marchitas
el río en otoño.                          (Carlos Medrano)


* * * * *

3.

No está desnuda.
Sobre la piedra crecen
flores silvestres.                       (Susana Benet)


La umbría conduce
dentro de sus raíces
a un río radiante.                       (Carlos Medrano)


* * * * *

4.

Secos ribazos
y el fulgor repentino
de unas adelfas.                        (Susana Benet)


Hay días sin alma
que la vida incesante
sin más protege.                        (Carlos Medrano)


* * * * *

5.
 
Ya te has dormido,
mas tu mano despierta
aún me acaricia.                       (Susana Benet)


Te veo a diario,
no importa con qué forma
en todas partes.                         (Carlos Medrano)


Violeta, acuarela de Susana Benet


* (Debo a Hilario Barrero el conocimiento y aprecio por los poemas y la sensibilidad de Susana Benet. Buen amigo de ella -e Hilario desde Brooklyn ha hecho del corazón un ventanal cosmopolita conectado a un sinfín de siluetas y lugares de la orilla que añora-, tuvo el detalle, desde la ocasión en que me ofreció el espacio de sus Cuadernos de humo para publicar unos haikus, de situarlos al lado de un dibujo de Susana Benet y hablarme de su predilección por la escritura, las acuarelas y la humanidad de esta entrañable autora a la que debemos en nuestra lírica algunos de los trazos más habitables y naturales de esta modalidad oriental en castellano. Así, en las palabras precisas de Álvaro Valverde, Susana Benet es "la más japonesa de nuestras poetas". Desde un enfoque distinto al de la escritura poética, mi amigo Pep Suñer comentaba el último viernes en que hemos coincidido algo que contenía una lección zen: "la conciencia del caminante le ha de hacer sentir que él también es en ese momento el camino, y el camino y él mismo forman parte del todo". Tal vez esa es la única magia y dimensión que se abre y sucede en la manifestación del haiku. El centro tan buscado estaba, a la vez, en quien ve y en la contemplación de las cosas. Y desde ahí habla sólo el sentir en la mención primordial ajena a las interferencias, donde la revelación toma forma de la experiencia cotidiana. Por tanto, el camino del haiku es una actitud anterior a la escritura traducido a una voz a la espera de las palabras que no cesan.

La lectura reciente de algunos de los haikus de Susana Benet recogidos en su blog Noches blancas motivó sin esperarlo la escritura de uno mío. Es el que aquí abre esta serie de cinco. Y poco después, de entre los que iba recogiendo como selección propia, fue cerrándose este diálogo espontáneo con los otros al hilo de su idea y sugerencia. Este impulso imprevisto no deja de ser un acto de sintonía y reconocimiento hacia ese mundo íntimo, delicado, femenino de Susana Benet, que quien la lee o conversa con ella recibe con la suavidad de los días levantinos y el color de unos ojos acostumbrados a captar con la agilidad de los gatos lo inesperado de los días.)