martes, 13 de octubre de 2020

Despertar

Hay islas sobre el agua
y en el cielo hay islas
inmensas que son agua. 
Son nubes que sostienen
la mañana en azules,
la quietud más desnuda
de la primera hora.
Una leve palmera
se interpone y las toca.
Aún no vuelan las aves.
La luz crece en las ramas
y el día en su tibieza.
Sin que el sol predomine 
ahondan la nostalgia.
Hoy ni el viento las roza.
Vinieron desde dónde,
siendo inermes perduran.
De querer olvidarme,
me fundiría en ellas.
En su altura preludian
el trasluz de una vida.
 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Septiembre

Día de lluvia:
picotean los sembrados
las garzas blancas.
 
Salpica el aire
buganvillas que trepan,
lirios que nombran.
 
La tarde cede
su azafrán y lavanda
ante tu imagen.
 
¡Quién resbalase
cerca de tu mejilla
como una lágrima!
 
 

* (Ayer tarde, mientras conducía en un día de lluvia intensa, por un momento vi en un terreno arado una partitura de garzas blancas picoteando entre los surcos la tierra. Sin quererlo, tuve que anotarlo. Poco después en Palma recibí un regalo de enorme belleza -poesía y dibujos suyos- de un hombre retirado, exquisito, sensible a lo que importa, Federico Gallego Ripoll, y a la vez generoso. "Por las sábanas frías se escapan los caballos..." es un verso hermosísimo que incita a leer su reciente libro Las travesías (ed. Renaciminto). Belleza por belleza, quisiera corresponder con este poema cuyo borrador anoté afortunadamente a tiempo.)
  

martes, 1 de septiembre de 2020

A un ser enamorado

Cada cosa en su sitio
encuentra su emoción,
halla su forma.
Dirige hacia tu centro
ese sentir perdido e infinito
por lo que no se borra y ya se ha ido:
imagen de un edén
aún vislumbrado
que en ti has reconocido a pesar de la tierra.
¿Cómo es la noche
que hace ininteligibles los lamentos?
¿Y a la orilla de qué el ansia olvida?
La soledad,
como un violín que hiriera la carne en su pureza.
Te acompaña por fin la luz más honda:
el roce de la imagen que perdura,
el hielo donde el tiempo ya no avanza.
Sucede en ti el aroma. El cielo calla.
La noche late sola, impar y fría.
Nadie puede entender lo que ve desde fuera.
 
 

* (Este poema, escrito en mi último año de estancia en Jaraíz, y hoy rescatado de su cuaderno por primera vez tras una relectura, sirve para recordar que tal día como hoy hace 10 años empezó la aventura de este blog, sin la certeza de la continuidad, pero con el afán de su cuidado. Y sin embargo ha sido una de las tareas más fieles y, para quien esto escribe, no pocas veces gratificante y sorprendente.) 
 

sábado, 8 de agosto de 2020

Mallorca, al norte

El mar vigilan
centenarios olivos
sobre la sierra.
 
El tiempo ahonda
sus rocosas cortezas
aún verdeantes.
 
En los bancales
ennoblecen el valle, 
los cielos calman.
 
Viejos guardianes
del azahar que florece
en torno a Sóller.
 
El sol conoce
quién labró este paisaje
como un orfebre.
 



 

martes, 4 de agosto de 2020

Reflejo

Esa avecilla
en su vuelo que inicia
lleva tu iris.
 
La tarde llena
de arrayanes y nubes
cada mirada.
 
Siempre florece
la plaza de tu infancia
cuando la nombras.
 
Vendría la nieve
despacito a decirte:
si quieres, cuídame.
 
 
* (Hace unos días, de las bondades que más aprecio de FB, supe del cumpleaños de una amiga toledana que conocí en 2017 al asistir a la presentación del libro Educación nocturna de Hilario Barrero, tras un encuentro gratísimo en grupo después de una jornada matinal en la Feria del libro de Madrid de aquel año. Quise regalarle un haiku, pero acostumbrado a enlazarlos, no supe hacerlo suelto... Como viví y trabajé en Toledo en 1991, todo ese mundo y el de Hilario, cada vez que lo citan me resuena como algo propio. Podría visitar esta ciudad de nuevo sin perderme. Y he de hacerlo. Molt d'anys, Sagrario.)
  

miércoles, 29 de julio de 2020

Encuentro

                                          a Luis Sáez Delgado

Dime a qué hora
brotará la mañana
que ya no vea.

Sin más reflejos
asomado al alféizar
vibrante al aire.

Nada se acaba.
Más allá de la tarde
y de este cuerpo

vendrá la nieve,
la corteza del bosque
y el sol naciente.
 


fotografías de Yuliia Patrikhalkina 


martes, 7 de julio de 2020

Hiedra

Cuando me llames,
acude a mi ventana
como la lluvia.
 
Con sus latidos,
una raya de sol
rasga el invierno.
 
Y añiles cielos
llegan con pies descalzos
desde el otoño.
 
Ante mi puerta,
la certeza del agua 
y de la sombra:
  
el verde aroma, 
la música elevada 
y una silueta.
 
 
* (Revisando materiales antiguos y no muy conseguidos rehice este poema que ahora saco acompañado de esta imagen de una casa de Fornalutx en un viaje reciente.)