jueves, 21 de octubre de 2010

Antes de anochecer

¡Quién no daría media vida a cambio del reflejo de un azumbre de inteligencia! Y después, tener el arrojo de renunciar a toda su aparente grandeza por unas horas suficientes de paz en medio de la nada y de nada, perdido el vértigo de atesorar los secretos que en vano evitan el declive y fulgor de nuestros días. Pero ¡qué hermoso el canto de las sirenas reflejado en los ojos de quien sostuvo el deseo de mirarlas y sus horas de travesía así por él surcadas!
 

1 comentario:

Alfredo J. Ramos dijo...

Unos 2 litros de inteligencia, incluso medidos con palabras de contar la ebriedad, es mucho: no sé si puede considerarse ruina, ni si es garantía de vita beata. Pero se puede, claro que se puede, vivir de la ilusión de Ulises. En realidad, se puede vivir de cualquier modo: vivir importa. Y lo demás qué.

«Evitar el declive y (el) fulgor» me parece una valiente consigna. Muy apropiada, además, para los tiempos que corren.