domingo, 16 de junio de 2013

Matriz

Tú dices
"yo no sé nada,
y pido, y pido..."
Ese es el balbucir,
el origen del mundo
limpio, inquieto.
El aire
lleno,
calmo,
apetecido.
El no saber, o sí.
El aleteo.
Frágil
volar
seguro.
Ha nevado.
Comienzo.
  

domingo, 9 de junio de 2013

Recorrido

Una gota de sangre
en mi pulgar
no duele.
Ha brotado para salir al Sol
y afuera,
quiso reconciliarse.
Líquida,
en su color,
aún late.
De ti vuelve.
 
 

Tout est consenti
Je m'abandonne
Au silence à la nudité
Minérale du chant
Forêts et champs
Rivières laissez-moi passer…
Le cœur tremblant
Je cherche la beauté
Vêtue de la nuit
Qui vous a renversés
D'un cri
                    (Anne Perrier)

 
 
* (No sé si lo he dicho ya o tan sólo pensado que en unas líneas conseguidas de un autor está todo su adn personal y literario por el que podemos acceder a cualquiera de sus claves, e incluso, en una mirada más comprensiva y sin prejuicios formados, es decir, desde la rendición del que se abre a lo leído, acceder a su posible evolución y reacciones sin que nos extrañe comprobarlo después sobre otros textos suyos. Lo importante del alcohol no es apurar toda la botella sino el contagio y sabor del primer sorbo, o de las copas capaces de abrir el punto exacto de la percepción diferente y entusiasta de la comunicación y el momento. Es así como creo que se ha de abordar el porqué y el modo de acercarse a lo literario. Algo nada cuantitativo -salvo para quien así lo desee o necesite- sino más bien selecto y exquisito como todos los placeres del mundo o nuestra relación con los sentidos: la inmersión poco a poco en lo que más queremos, el disfrute de los pequeños y demorados gestos, la preferencia por la intimidad o el paladeo. También, tras ciertas especiales lecturas, no sabemos si después escribimos desde la dimensión que el contagio de ese otro sentir y pronunciar en nosotros ha hecho, o somos el posible vehículo por el que esa expresión pueda seguir llegando. En ese sentido se diluyen las fronteras de la individualidad y la diferencia. En este poema reconozco la huella de Anne Perrier a la que de nuevo menciono. De quien la volcó al castellano, Rafael-José Díaz, conservo unas palabras que entienden ese encuentro más allá de las mismas y las barreras del espacio y el tiempo: "este tipo de relaciones íntimas entre un corazón y otro es lo que genera la poesía. Los traductores nos sentimos tanto más honrados por haber servido de puente entre un alma y otra.")
 

domingo, 2 de junio de 2013

La mirada del ángel

Para tocar un ángel
traspasa su misterio.
Tiene forma de carne,
no es necesario el cielo,
pero sí cuando llega
su luz se reconoce.
Lo que entonces sucede
ocurre donde vives
sin que nada moleste.
Tiene forma de calles,
camisas, voces, árboles,
o patios en silencio
con geometría de flores.
Tú sabes de ese instante
que no baja de nubes,
ni te aparta del tacto
con que tocas el mundo.
Sólo nace de dentro.
Y al extender la mano
que revela el encuentro
no importa nada entonces:
el pesar se diluye,
y el tiempo y su costumbre.
Sientes la transparencia
desde un nuevo sentido
que te lleva a lo cierto
más allá del ocaso
de todo lo caduco.
Porque tú eres el que abres
la mirada del ángel,
la nostalgia imparable
de un ser inmarcesible.

 

* (Este poema fue escrito el día que cumplí los 50, nada más levantarme, mientras desayunaba, y me siguió viniendo al conducir y al llegar al trabajo. Álvaro Valverde me había contado días antes una historia. Recibió el encargo de alguien desconocido de escribir un poema sobre este tema para un blog llamado Ángeles y Reiki. Ante la insistencia y amabilidad de quien lo llevaba, recreó un recuerdo de esa figura protectora en la infancia y su añoranza de amparo. Aquel 19 de abril me vinieron, de pie, con el café en la mano, rápidamente seis versos. Los anoté a lápiz. El poema quería salir. Lo sentía hermoso, lo presentía fácil. No tenía tiempo y la casa se llenaba de ruidos, con la vitalidad del desayuno y las carteras escolares. Aplacé su escritura tres horas, lo suficiente para que se perdiera. Retomé el borrador, y salió intacto. Estaba ahí. Pese a todos los obstáculos que las tareas interpuestas del día habían puesto a su escritura. Porque esperar tres horas a unas palabras que vienen, en poesía es perderlas. Apareció en aquel blog con una ilustración hermosa de Federico Gallego Ripoll. Lo compartí con amigos. Les dije "una manera de cumplir los 50 años". Uno de ellos, Ricardo Senabre, me contestó "una manera no, la mejor manera". Lo vuelvo a compartir. Puse en él parte del sentimiento sagrado de la vida. Siempre he creído que los ángeles son de carne y hueso para quien sabe abrir esa mirada. Para los cinéfilos, como yo era antes de desaparecer casi del mapa, recuerdo algunas escenas de El cielo sobre Berlín (Bruno Ganz, Win Wenders), ambiciosa y tal vez no lograda película. No hace falta esperarlos, están siempre, aunque como en aquellas imágenes nos retumbe el destierro de los que aman con apariencia estéril. Esa barrera de lo terrenal en lo que pudo ser celeste es la que todavía seguimos resolviendo, hacia adentro, a cambio de nada, con persistencia indesmayable, algunos pocos, hasta que un día suceda sin esfuerzo: a nosotros mismos, a otros.)
  

lunes, 27 de mayo de 2013

Ánfora

Soy el hombre que se confunde con su isla.
Me faltan las palabras que hice mías.
Ahora me lame el mar.
Soy sal y roca.
Hacia adentro descubro ser una estalactita
sedimentada a oscuras con geológica fuerza
sobre una voluntad que da la forma
a ese grito de espera mineral que nos lanza.
Aquí en el mar, ante el sol y las olas,
yo elevo hasta unos ojos claros como las velas
y la fugacidad rota en la espuma
esta declaración que es una antorcha,
si descubro el temblor de una silueta erguida
capaz de extraviar a las sirenas.
 

domingo, 19 de mayo de 2013

Acuarela de estío

                 I

Un junco.
Así tu ingle al sol
rozada por el viento.

Arenales,
y la ola es alarde
que mezcla las cinturas.

Respiras,
y en el temblor del pecho
la humedad fulge y rueda.

Alzo mis ojos
sobre una piel tan ágil
que el verano cautiva.


                 II

En el mar son tus labios
la ensenada que asombra.

Sólo si duermes
te diré lo que he visto.

Y lo he escrito en tu espalda
bajo el vuelo de un ave.

Un destello en la orilla
se sumerge tras irte.
  
  
 * (En este mes de mayo en que lo mismo se presiente el verano que el viento repentino trae el frío y la lluvia de las estaciones pasadas mientras la luz escala hasta las últimas horas lindantes con la noche, avanzo este poema que quiere anticipar un tiempo inmaculado ajeno al daño o la carencia, y en donde no se perdiera nada más que ese inevitable cerrarse de los días con su penumbra melancólica para los que retenemos una querencia portuguesa sobre la vibración mediterránea, más dorada. Aquí dejo varadas estas palabras, al rumor de otras olas y canciones como las de Pablo Guerrero o Luis Eduardo Aute que resuenan en mí desde la adolescencia. Porque también el día se espera a cántaros mientras se acerca y teme el alba. Qué hermoso si se pudiera compartir convertido en canciones, en esa vibración y conexión que la poesía también conoce.)
   

domingo, 12 de mayo de 2013

Identidad

Concebir la poesía como un fin en sí mismo es no ver que es un medio para expresar o llegar a una forma de vida más alta. Ese debería ser el valor de la palabra, enunciar, inducirlo.
  

domingo, 5 de mayo de 2013

Paráfrasis de Anne Perrier

Para la eternidad,
una silla pequeña
y el calor de una calle
en la que mi alma ha aprendido
a decir tú.
 
 
Este es mi lugar
Para la eternidad
Una pequeña silla de paja
El silencio y el verano
Un muro que el cielo ha agrietado
Como una calle
Y mi alma que se acostumbra
A decir tú


* (Leí y supe por primera vez de Anne Perrier por una muestra de cuatro breves poemas suyos traducidos por el excelente poeta canario Rafael-José Díaz a través de su blog Travesías. Sé que tiene traducida casi la totalidad de su obra, de una autora “delicada, sensible y siempre imprevisible” a la que yo también considero extraordinaria. Gustador como soy de la expresión inefable, me conmovió -como los otros suyos- este poema del que con el tiempo hice una recreación más breve en la que también reconocerme y desnudarme. ¿Qué frontera hay entre lo que admiramos y lo que somos, entre lo que al leer recibimos y lo que en nosotros se enciende? Anne Perrier nació en Suiza en 1922 y para mí ha parado el tiempo con unas pocas palabras esenciales en la boca siempre añorada de una mujer. Es verdad, estamos ante una de esas personas esenciales e invisibles, capaz de ver lo transcendente de los detalles mínimos sin que su presencia y gesto pese, reclame alguna atención, y simplemente escribe unas señales sin impaciencia para quien llegue un día a verlas, en un diálogo satisfecho con esa resonancia que cada cual consigo mismo ha de tener. Ante esos versos hago por recrear la voz, el iris, los gestos y la cadencia de la respiración y los giros del rostro y cuerpo de esta mujer a la que me hubiera gustado ver, y oír que a mí y a algunos otros nos había estado ella, en esa silla, toda la vida esperando. Mis palabras de hoy no la suplantan, son una invitación a que las suyas en nuestra lengua pronto se publiquen.)