domingo, 10 de octubre de 2010

Lo invisible

Cada muerte que sucede encierra mucha sabiduría de un ser que terrenalmente ya no puede expresarla. De ahí la conmoción en nuestras palabras de reconocimiento. Lo mejor de ellos debería de continuar, al menos para nosotros, en la vida. Sentimos esa necesidad de su riqueza en lo que falta. Y nos vienen palabras, formas, gestos.

En algunos momentos de sincronía extraña o ausencia irrebasable pareciera que quieren contarnos ciertas cosas que solamente caben en ojos insondables. La duda es si desean un roce de verdad con que tocar la tierra -y hacérnosla tocar como no hicimos nunca-, o desean traspasar la ligereza del aire y llevarnos más lejos. ¿Y si fuéramos sólo la memoria de ellos?
 

2 comentarios:

Unknown dijo...

No conocí a Miguel Angel Velasco pero sí probé la extraña imantación que dejaban sus versos. La capacidad de sentir la verdad está al alcance d epocos. Él la tenía. Eso nos queda aún. Nuestra responsabilidad de lectores es seguir agarrados a él, a sus palabras, lo que nos queda...

Carlos Medrano dijo...

Por otro lado, Tomás, este posible poema alude y existe en nombre y devoción a ese grupo de amigos que en breve tiempo se nos han separado, anticipadamente, por la frontera de la muerte. Veo y cuento cómo Tánatos desde un tiempo vence a Eros en mi vida y por ello el asombro del verso de Juan Manuel Rozas “somos ruido de rosas, dioses para la muerte” cobra una perspectiva no sólo estética sino evidente.

No intenta el texto anterior abarcar la comprensión de este momento, pero sí recoger mínimamente algunas sensaciones de los seres más íntimos tras la ausencia irreparable dejada en nosotros. Siendo escolares estudiamos una ley de la naturaleza que enunciaba que nada se pierde sino que se transforma. Y quisiera entendernos como componentes de un todo natural del que formamos parte sometido a ese equilibrio. Por ello diría que he sentido -perdóneseme- la proximidad de algunos de estos seres que se han ido de dejarnos sus dones al alcance, en nosotros, para que en esa intimidad y patrimonio sigan siendo presentes, transmitidos. Y creo que sí, que en una profunda escucha y comunicación afectiva con ellos, nos sucede.

Pero no intentaba abrir la reflexión sobre la muerte que corona la reflexión sobre la esencia y sentido de nosotros mismos. Dejo clara más bien mi admiración por ellos, y la memoria frecuente de sus voces y relieve.

Un abrazo desde tan lejos, con el placer de leerte.