domingo, 16 de enero de 2011

Nana para partir

Te compro un pirulí
y tú me dices feo.

No me hables del cielo,
que vine de París.

En el amor de un niño
dormido en el jardín

a donde voy te espero
porque ayer te perdí.

El cuento aquí se acaba
y hoy me acuerdo de ti.

Si tú me dices feo
te compro un pirulí.
 
 
* (Hoy hace 8 años, el 16 de enero de 2003, en un rincón de Siberia llamado Barabinsk por el que atraviesa el transiberiano, nació una radiante e inolvidable niña mitad eslava y tártara que a sus tres años y tres meses pudimos conocer y convivir con ella una semana en la casa cuna de Novosibirsk donde llevaba recogida exactamente un año. Un par de meses después nos comunicaron que era imposible adoptarla, una vez hechos a la idea de esa paternidad y creado el lazo afectivo y espiritual del profundo regalo de sentirla como hija, lo que a estos niños también pasa. Unos meses después, antes de acabar aquel año, otra niña rusa hermosísima (por su belleza, por su afectividad, por la pureza abierta de su vida) de la misma edad y procedencia -Marina- nos fue presentada y pudo venir hasta Mallorca, donde hizo su casa, a la vez entusiasmada e inquieta con todo lo que estrenaba. Sin entrar en peripecias del tiempo en que alentamos expectativas de poder volver a verla por algunas señales luego desvanecidas, hoy quiero tan sólo brindar por ese cumpleaños que íntimamente celebro con tanta serenidad como deseos de que en esa vida difícil, apartada, sin nada brillante cerca salvo lo gigantesco de un invierno que se extiende con meses de 20, 30 y hasta 40 bajo cero en ocasiones, haya la felicidad y el sentido de salir adelante con toda esa fuerza y delicadeza suya que recuerdo y en mi interior aliento. Con este poema antiguo, hago para Zarina -o para mí- un regalo de estrellas. Como un astrónomo que sin edad las contemplara, sabemos que hay órbitas que en su rauda confluencia guardaban la semilla del más feliz de los encuentros. Pero el firmamento obedece a un movimiento de astros cuyo próximo cruce sabe ajeno a las leyes y magia que se dieron entonces. Al menos, ante la distinta medida de lo infinito y lo minúsculo. Así el brote de hierba frente a la resonancia de lo inmenso.)
 
 
Déjenme recordar el corto La pequeña cerillera de Walt Disney, según un cuento de Andersen. La vida, en ciertas latitudes (es decir, fuera del primer mundo) vale eso.

9 comentarios:

Paco dijo...

Nos unimos de corazón al brindis por el cumpleaños de Zarina.
Anabel, Juan, Marga y Paco

Mercedes dijo...

Es muy emotiva la dedicatoria que le has escrito a Zarina en su cumpleaños que, aunque no pueda leerla como los demás hemos hecho, el amor con el que la has creado seguro que le llegará.

Piti dijo...

Brindo también por Zarina, y por la preciosa hija que tenéis.

Narci dijo...

Muy tierno el poema o la nana, y triste la historia que nos cuentas, pero quien sabe, quizá algún día, Zarina pueda leerte y sabrá cuanto la quisiste.

Saludos

Carlos Medrano dijo...

Bueno, lo que hay es un respeto absoluto al destino de la vida. Es la mejor manera de entenderla. Como también escribí ayer, pese a aquella intensidad había diferentes caminos para cada uno de nosotros. En ocasiones, lo que compartimos con alguien y nos marca esencialmente es breve, o lo tenemos en la vida a distancia: me refiero a muchos de los seres y los lugares queridos. En la adopción no se te presenta a un niño al que luego llamas hijo, sino tu hijo. Eso lo sabe quien la ha experimentado. Y lo que yo no sabía es que los hijos (la hija que de verdad tengo, como también la que recuerdo) para mí suponían la experiencia más noble y elevada que me tenía reservada la vida.

Quise hacer un homenaje a alguien cuyo nombre ya indica la capacidad de su fuerza. Sin embargo creo que hay muchas conexiones invisibles a través del afecto. En esa dimensión también nuestra seguramente todos estamos enormemente cerca. Sólo hay que comprenderlo y aquietar los sentidos. Quienes practiquen un poco la meditación a diario, al ir hacia su centro (que es la única llave para sentir todas las cosas) lo saben y perciben. La vida no está escrita, hay que descubrirla. La poesía a la que yo me acerco busca del mismo modo sus respuestas. La Poesía (de casi todo autor) se acerca y nos menciona esas claves internas de las cosas.

Á. V. dijo...

Muy hermoso, querido amigo. Me alegro contigo. Un abrazo grande, Álvaro

Alfredo J. Ramos dijo...

Nana, historia (vida), confidencia, reflexión... componen un vértice emotivo, bien ejemplificado, además, por el corto de Pixar sobre el cuento en que Andersen inmortalizó la ternura que a veces brilla en el corazón de la tristeza. Con tus palabras en torno a esos hechos tan importantes de vuestra vida transmites gran serenidad, una comprensión de las, como dices, "claves internas de las cosas" muy reconfortante. Gracias por compartir esta intimidad que, efectivamente, tanto nos acerca con tan solo pararse a sentir (también yo soy padre de una hija, si bien ya de 20 años, pero naturalmente tuvo 8 y 9...)

Un abrazo, Carlos, y los mejores augurios para Zarina y Marina, unidas por vuestra voluntad y por los secretos hilos del destino.

Santiago Castelo dijo...

¡Qué bellísimo homenaje a Zarina! Cuando lo leí ayer se me saltaron las lágrimas. Pero ella será feliz allí donde esté porque recibe nuestras vibraciones y cariño.
Un gran abrazo

Joan Rama dijo...

Yo estuve con ellos. Vi como jugaban y como establecían un vínculo. Recuerdo las palabras de María al partir: "Tengo la sensación de no volver a verla". Esta premonición se cumplió el 30 de Junio. Un rayo de esperanza apareció por medio de una foto en internet. Luego el vínculo se esfumó. Siempre te recordaré Zarina, aunque seguro que no sabes nada de mí.