sábado, 19 de noviembre de 2016

Lo que no me darías

En ti vi.
Sin embargo
de nuevo
estaba sola.

Vislumbré
la derrota
para huir
de mí misma.

Mi carencia,
la sed;
un esplendor,
la nada.

Ya no soy.
Cuanto escribas
tendrá siempre
del aire
la belleza.


* (Supongo que el regalo más especial del narrador es llegar a sentir, al desvelársele sobre el papel, el interior de los personajes de su historia. Al revisar a mediados de septiembre una serie de poemas de los últimos años, al llegar a No lo leas ahora volvió a impactarme la figura e historia de la joven pintora y escultora Marga Gil Roësset, amiga de Juan Ramón y Zenobia. Guardaba una copia del poema con una serie de palabras marcadas en cursiva que leídas independientemente permitían otra voz más delgada en paralelo, por debajo. Al juntarlas, las dejo así -escribir es un juego- para honrar lo que todavía apela a la emoción y nos incita al entendimento y la escucha.)
  

2 comentarios:

Pedro Ojeda Escudero dijo...

La historia de Marga es trágica. La relación que tuvo con JRJ y con Zenobia -no debería nunca olvidársenos Zenobia- contiene una novela, una película. Si esto fuera otro país, claro.

Carlos Medrano dijo...

O si aparece quien se sienta tentado y absorbido por la historia de esta joven y frágil artista. La extrema sensibilidad es un don que se vuelve en ciertos casos contra quien la posee como un cuchillo. Y el desabrigo del afecto marca desde los orígenes a estos seres vulnerables a los que el vértigo de la autodestrucción les atrapa en silencio ante la imposibilidad cubrir una honda carencia y de lo sentido como absoluto. Gracias, Pedro.