domingo, 5 de enero de 2020

Jornada

                                  a Carlos García Mera
 
He alcanzado la paz
ya avanzado el camino.
Sin que importara ahora para nada
permanecer o irme.
Más bien, es otra la señal:
sentir por fin la llave que nos abre
el sólido sentido de la tierra,
la falta de importancia de la anterior 
dureza frecuente de los días,
caída, pues, como la hoja reseca
para latir de nuevo de otra forma,
cotidiana, distinta, aún más frágil,
que basta con tocarla con los dedos
tan sólo alguna vez
por el miedo a romperla todavía
en la frescura matinal que vibra.
 
 
* (Salí de viaje el primer día del año dejándome en casa los pocos libros de poesía que seleccioné para acabar con gusto su lectura, pero al poco tiempo por email me llegaron las pruebas de imprenta del nuevo libro de Carlos García Mera, a quien en estas fechas había quedado en visitar en la Residencia de Estudiantes, donde este curso dispone de una de sus becas de creación e investigación. E imbuido en la lectura de sus poemas, me vinieron los primeros dos versos que dieron pie al resto del poema. Nunca tiro un borrador por desalentador que parezca salvo que no quede más remedio, ni tampoco interrumpo un poema por voz, tono o temática inesperada que presente. Lo escucho hasta el final para dejar que exprese su mensaje y su forma y, si se sostiene, me entrego al paciente trabajo de revisión y correcciones hasta lograrlo lo mejor que sé.
 
Sigo la trayectoria creativa de mi amigo Carlos García Mera desde que en agosto de 2012 nos cruzamos por primera vez en Don Benito en una lectura de sus versos de entonces, compartida con amigos como Santiago Castelo y Juan Ricardo Montaña, en una noche calurosa de agosto en el patio del Museo Etnográfico. Esta dedicatoria se adelanta a la noche de Reyes y a su cercano cumpleaños, y le agradezco toda su confianza -y exquisita nobleza- en lo que siempre me ha anticipado de su obra, felizmente creciente, y paso a paso depurada y maestra.)
  


 
  

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