sábado, 1 de septiembre de 2012

Luminarias

Hay veces que uno está tan cerca de algunos seres que llega a percibirles el ritmo de su respiración o el sudor de sus gestos. La atención a esas señas vitales es tanta y tan gratificante que toda cercanía es un conocimiento, y este, algo en sí amoroso y diferente. Nos conduce a otros signos, a otro ser, a otro cuerpo.

Hay veces que ese lugar está vacío. Y tan real lo uno como lo otro. El tiempo ha diluido lo que, ausente de ambición, era un gozo inquietísimo en su efímero rastro.

Mas no cabe el adiós, ni se carece. Alguien parte en sigilo con todo poseído: el abismo de sí y una rama en su incendio.


* (Es claro que no hace falta publicar algo para que sea del todo consistente, es decir, que exista aunque los ojos que lo conozcan sean sólo estos, y su origen y referencia se mantengan mientras dure un hilo de memoria en quien lo escribe. Asombra ahora tanto esa emoción incapaz de retener lo que se creyó mejor y confiable como el tiempo empleado en cuidar el atrayente alarde de lo que, inconcluso en sí mismo, en su misma fascinación se disuelve o huye. El derroche de cualidades no mitiga la desazón de lo que, permanente en nosotros, desconoce el valor de su impensada fractura.)
  

domingo, 19 de agosto de 2012

Órbitas

Las aves trazan
geometrías a un aire
inalcanzable.

Siente el hechizo
adentro de los ojos
su luz tangible.

Cuánta belleza
distante, que retienes,
devuelve muerte.

Lleva el aliento
el sueño de cristales
del laberinto.
 
 
* (Al releer a principio de agosto algunos de los poemas cortos que no incluí en A lo breve, salvé las tres o cuatro composiciones que lo merecen; imaginé los cambios que tendría el cuaderno con la incorporación de esos materiales de entonces, además luminosos, lo que es una cualidad que hubiera querido -hoy- para todo el conjunto. Pero es imposible la inmersión en una poética agradable sin que haya contagio. Es lo que ha sucedido en este nuevo poema en cuatro haikus escrito entre el mar de la bahía de Alcudia y un viaje a Extremadura y Valladolid. Una mera señal recuerda la fascinación de la vida que cruza delante de nosotros, y su forma guardada adentro del sentir y la mirada que la recogen.)
 

domingo, 12 de agosto de 2012

Castilla

Verano. Cielos quietos,
tan altos. Y al mirarlos,
qué distante de ellos,
y sin embargo a un paso
de su calma.
Traspasa el sol las nubes
en tal intensidad
-ni un ave cruza, incluso el aire cede-
que ese blancor quisiera
aquí en la tierra.
 
 
* (Este poema fue escrito hace ahora un año en Valladolid, en un paseo de vuelta a casa. Guardado hasta hoy, al releerlo, lo aprendido en este tiempo es que esa mencionada distancia más que el requerimiento de un deseo es una sintonía percibida al instante ante los elementos naturales capaces de aflorar lo mejor en nosotros. No otra cosa que la contemplación que nos abre la armonía y a la vez la conciencia de las cosas. Permítanme no entender el afán destructivo de los incendios de todos los veranos. Cómo es posible el ensañamiento de acabar con miles de hectáreas de bosques centenarios que perdemos para siempre. Hasta cuándo.)
  

viernes, 3 de agosto de 2012

Junto al agua

Las señales sagradas de cada día,
por ejemplo, unas piedras rodadas bajo el agua,
la luz que en apariencia no declina,
el tiempo vuelto aroma de las rosas,
lugares que se abren
y figuras.
Falta sólo la voz que, si la dibujara,
me daría por siempre
la belleza y sus formas.
 

jueves, 26 de julio de 2012

Vegetal

Han podado el jardín.
Cojo del suelo
tres hibiscus,
cada uno de su color:
rojo, anaranjado y nácar.
Es ese mundo
entre el agua y el viento,
con raíces y lentitud de lo arbóreo
al que aspiro
y no recuerdo si he llegado a entender.
Bajo su reino acogedor e indefenso
busco en la umbría
la semilla
por la que un día sienta
que mis hojas -fuera ya del olvido-
son ese surtidor
del que nacen los pájaros
o tal vez -y a la vez-
el regalo de ellos a la tierra.
 
 

miércoles, 18 de julio de 2012

Arena

Archipiélagos, islas,
palabras, sílabas.
Abre los ojos.
Nubes
            de salitre
                             y memoria.
Deja que el mar invada
la brisa de los cuerpos.

                * * *

Bajo el sol la insistencia
de la luz nos conforma.
 
Unas rocas reflejan
en su humedad las dunas.

Lo que ves permanece,
ni es ajeno ni excluye.

Ingrávido el espacio,
al sentirlo sucede.

Llega a ti y eres parte
que irradia lo que sientes.
 


miércoles, 11 de julio de 2012

Inmensidad


Nadie imagina el mar desde la orilla,
ni lo alcanzan los pies dentro del agua.
El mar lo mismo incita que golpea
y es una inmensidad que espera y llama.
De noche es boca a donde nunca iría.
Su abismo, una canción que no procuro
oír o navegar. Bajo las olas
la muerte es bella, sumergida y muda,
la vida es mansa dimensión soñada.
El mar en su vaivén asalta y deja
una verdad solar en quien lo mira
y entra su cuerpo en él y se abandona.
Un niño juega y al tocar la espuma
apresa ausente el tiempo que le queda.