sábado, 3 de junio de 2017

Selva

Tú sabes hablar lenguas que yo no.
Sabes amar, huir y ser sincera.
Porque te escondes no, porque cobijas
una fogata con tu risa y forma
y la perseverancia de los días de lluvia
cuando resbala por tu cuerpo a tierra.
Ante tus pies coloco piedras lisas
que sé que son monedas y señales que escuchas
para contar leyendas y el origen del día.
Si tu mano atraviesa lo que tocas,
una canción de ausencia se convierte
en suave primavera y voz de niña,
mientras cierro los ojos y en el sueño
una mujer dormida me despeina.
 

 
* (Cuando llegué a Mallorca en septiembre de 1992 entré por Selva, uno de los lugares más singulares de esta isla, donde viví quince días en el Carrer de la Llum, número 1, en casa de una antigua y exquisita amiga de los años de estudio en la carrera hasta que encontré en Artá la mía, y aquel fue el mejor modo de llegar a esta tierra. A Selva, en la antepuerta de la Tramuntana, vuelvo con alguna frecuencia por el camino de subida a Lluc desde Inca. Este poema es un recuerdo y homenaje. Todo encuentro en la vida es un reencuentro, pues todo es movimiento y confluencia, o todo lo que se aleja un día vuelve y, como ya he contado, hay órbitas que a cada aproximación se reconocen y transforman. Para cualquier otro paseo, a la noche, entre las buganvillas -tan mencionadas en sus poemas por Castelo-, limoneros, jazmines, casas de piedra en calles que se giran mientras bajan y suben y abrazan miradores, en donde a veces adquieren forma humana las estrellas, quede este canto recuperado de un cuaderno y presente en mis ojos que bendicen lo libre.)
 

sábado, 20 de mayo de 2017

Hégira

Plaza abierta, intimidad, llanura.

Tan pocas realidades verdaderas:

Elige una palabra.

                                El alma en ellas.
 

martes, 16 de mayo de 2017

Seda

Sobre la flor ajada
la mariposa blanca
no marchita

el corazón del agua
quieta.

La flor no sigue a la razón que vuela
la dimensión que el aire no pregunta.

(poder mirarte como a un sabio pozo, 
poder entrar en ti como a un espejo)
 

domingo, 30 de abril de 2017

Un reflejo

Besarte, como a un templo.
Entrar en ti, descalzo.
Sentir sin sed el rastro
del ave que desciende,
el aire en el abismo,
el alma al deslizarse.
El cuerpo como un fruto
bajo la luz despierto.
El tacto cae a un río.
El día es su corriente.
  

martes, 25 de abril de 2017

El anhelo del alma

De una esquina secreta
puede brotar callada
lo que eclipsa a la luna.
La rosa que sostienes
ha bebido en tu orilla.
Cada noche despliega
la sed de las miradas,
el aroma que late
al vaivén de figuras.
No se sabe si, al verla,
una gota de savia
comete la nostalgia 
de querer ser tan tibia
como una joven pálida,
pues su anhelo de alma
rebosa en las espinas.
Del licor derramado
de ese tallo que truncas
como un llanto de viola
o un cristal que gritara,
el sueño de Venecia
viene a ahogarse a tu casa,
agita las cortinas,
se ha inclinado en la hiedra.
  
   * (Hay poemas nacidos del regalo de una fotografía, por lo demás, espléndida.)
 

miércoles, 19 de abril de 2017

Tras la noche

La ceniza del aire,
si llega al mar,
lo agita.
 
Su daño hondo,
sin paz,
de nuevo
ahora
espuma rota,
azul, serena
y verde.
 
Así tiembla
en la piel
el día blanco,
limpio,
extenso,
hacia lo abierto,
en lo real,
en lo difícil.
 
Ese jirón que eres,
espejo y filo frágil
de amor libre.
 
Miro el sol
en las manos.
Nada urge.
 

domingo, 16 de abril de 2017

Como el rayar del alba

Que no te manche el mundo.
 
Escribe.
 
Con palabras que alumbren.
 
Y su mancha ilumine.
 
 
* (Vuelvo a cumplir años en estas fechas. Este poema -si lo es-, y mucho más su propósito, llegue y me lleve hasta donde tenga que llevar. El día a día, el futuro, como la inminencia de un salto, es un abismo donde el deseo sería de realización, de más paz. Desde ese clarear el día cervantino, alzo lo dicho como un brindis en el nombre y recuerdo de Luis Arroyo Masa -Mozart- y de todos los que conmigo han llegado hasta aquí. Porque es así y no cuesta. Hoy es domingo de Resurrección y pasan estas cosas: "Mozart, el petirrojo se ha parado, y en su silencio te contempla".)
 










fotografías de Pascal Vaugon