miércoles, 7 de agosto de 2019

Gavillas

Hunde la mano
con plena confianza
en la corriente.

El sol conoce
un reflejo cambiante
dentro del agua.

Pídele luego
sobre la piel mojada
que te descifre

el pez que baila,
el viento de salitre,
la lluvia a veces.
 

 

lunes, 29 de julio de 2019

Aparición

Sobre tus manos
de nuevo el petirrojo
acude y danza.

Busca y celebra
la invisible corriente
hasta tu casa.

Del cielo temes
los colores que anuncian
su despedida.

En ese vuelo
la mirada acompaña
lo que se adentra.

 
* (Este poema recoge una historia relatada en la prensa de Mallorca en marzo de 2017 a la que ya me referí en una entrada anterior.)

Rupit, el otro habitante de Orient

Rupit de Orient se despide con la llegada de la primavera 
 
  fotografía de Pascal Vaugon
 

domingo, 21 de julio de 2019

Una imagen

Para beber, tu imagen se hizo fuente,
honda sensualidad desplegada en el aire,
igual que el mar olea por la noche
y balancea las barcas, y la luna, y los sueños.

Para saber, tu voz fue al corazón del bosque,
sonó como un violín reparando los árboles, 
sonrió con el filo nevado de tus dientes,
llena de la alegría mineral e intangible.

Antes que el tiempo pase y arañe lo que eres,
mientras leas un libro o el horizonte mires,
piensa que te alimentan otras constelaciones
ajenas a lo triste e incapaces de ocaso.

Deja que brille intacto lo que incluso no sabes
y ha bajado a la tierra para quedarse siempre.

   

jueves, 18 de julio de 2019

Ventanal

Carece de importancia
la muerte cuando llega.
Sentimos desde niños
una noción lejana.
Ella misma no existe
para quien cree en la vida.
Y sin embargo el miedo
agita su figura.
Bien pronto nos la inculcan
como diosa imperfecta,
fría, devoradora.
Pero ella no respira
ni viaja ni ama
ni seduce una mano
ni saborea la fruta;
no penetra en el fondo
del tacto que deleita.
Tan sólo un día asoma
porque el tiempo es frontera
e igual que el día pasa
o la flor se marchita
y la noche no implica
que la luz no resurja
nuestro cuerpo requiere
de su presencia un día.
Y ella cierra los ojos
que dan a otra manera
de vadear las cosas
y a la vez traspasarlas.
Mas el tiempo permite
entrar en la materia:
saborear un rostro,
sentir una navaja,
bajar hasta la sima
clave de una memoria.
Porque la muerte nunca
viene si no la llamas.
Ella tan solo espera
como en un ciclo el vuelo
de la hoja que salta
del árbol a la tierra
y esa frágil distancia
el aire la amortigua.
Mientras las nubes pasan
y la tarde se aquieta
o se alza la mañana,
vendrá como la música
que ilumina las horas.
Duele como una ausencia
porque es cierto, separa.
Sin embargo no hiere
a quien lleva consigo,
ni el fin es una sombra
ni el silencio vacía.
Su quietud nos devuelve
a una unidad primera.
Nuestra mente es posible
que acuda a la nostalgia.
Si de nuevo contemplas,
perdura la armonía.
 
 
* (En los primeros días de julio, la noticia de la muerte del compositor brasileño João Gilberto me llevó a oír de nuevo algunas de sus melodiosas canciones. Su familia habló de que había tenido un tranquilo morir, como muchas veces sucede y es posible. Con el sabor agradable de su música, quise escribir otro modo de concebir este final, pues en el fondo cada detalle de la vida sucede según nuestros deseos e ideas más profundas, y lo único inevitable para los que seguimos aquí es el dolor de la pérdida.)



  
      

domingo, 7 de julio de 2019

Lección del bosque

Con piel cobriza
atraviesa el invierno
la hoja del roble.

Llevan mis ojos
el origen del tiempo
de los helechos.

No pesa el agua
que resbala en los labios
bajo la lluvia.

La rama brota:
similar al comienzo
de las palabras.
 
    

sábado, 29 de junio de 2019

Es Carregador

Es brumosa la tarde junto a un mar agitado que resuena, y al fondo, el destello reiterado de un faro salpica la cinta desvaída de niebla levantada en la calma de esta tarde estival que de lenta, no corre. 

En medio de las rocas y la humedad transparente hay una soledad vegetal, presidida sin aves, que es la naturaleza. Ves raíces sinuosas y abiertas que bajan a la orilla desde un acantilado hasta una cala, y te rodea un pinar de quietud escultórica circundando la costa. El borde de salitre de las flores y las aristas del descenso hasta el agua entre unas matas, pitas y tamarindos florecidos en malva son la exclusiva presencia de la vida que no vierte negrura en estas aguas templadas todavía esmeraldas.

Y una roca basáltica, en medio de las olas y a un paso de la costa, exhibe desde siglos en su piel las señales de una rara belleza ajena a cualquier canon superior de un artista. Guarda en su forma todo, el azar y el sentido. Estaba ahí desde antes y seguirá sobre el agua más allá de nosotros. Su emergente silueta no se inmuta, custodia un vibrar diferente, un saber sólo abierto a quien pueda moverla y conozca en lo frágil el don de lo infinito, una roca que tal vez se rindiera si pudiera trocarse en puro aliento.

Aquí ahora, este sitio es un espacio abstraído en la bruma y el silencio sonoro del mar, a salvo de los ritmos que no van a nosotros. Y al borde de la costa, y anterior a la noche, es el reino de las plantas silvestres mecidas por el aire que las moja sin lluvia. 
 

domingo, 23 de junio de 2019

Sauma

Hay lecciones valiosas aprendidas
de lo concreto y lo sencillo
capaces de conducir de su mano hasta otras
que estaban esperándonos.
Como la tarde en que mi suegro comentó emocionado
con su mirada limpia y melancólica
ante el predio que cuidó desde niño
y que visitaba con gusto:
"La tierra es generosa, todo lo que le das
lo devuelve con creces".
Así de fácil fue sentir la inasible abundancia
sostenida en la luz de la que fui testigo
al recoger la certeza de esta semilla dorada.
Es lo que queda, al igual que el recuerdo apacible
propio de su mirar y su figura
envuelto entre la brisa
extendida de pájaros 
a modo de una fuente donde el alma al final 
se sabe inalterable
después de la zozobra y la inclemencia del tiempo
en lo que haya vivido.
No declina la tarde
y lo que es
permanece.
Sentado,
encendiendo el pitillo,
ese aliento de humo
mirando el horizonte
hacía eterno el momento
en que acogía a todos.